ORÍGENES DE LA CUESTIÓN DE PALESTINA

Fuentes Bibliográficos.

1 Gran Enciclopedia Larousse, t. v, Barcelona, Edit. Planeta, 1973, pág. 77.

2 Guy ROCHER, Introducción a la sociología general, Barcelona, Edit. Herder, 1980, págs. 603-4. Las dos primeras características constituyen los cimientos que determinan la colonización y sus consecuencias inmediatas de colocar los obstáculos sociales y raciales entre la sociedad colonizada, así como se favorece la aparición de una comunidad atomizada por desintegrar los elementos que conformaban la sociedad antes de estar sometida a la colonización. El sistema de justificaciones - el propio colonialismo - es la ideología colonizadora, que intenta demostrar falsamente una superioridad sobre la población indígena. Para ello, una serie de estereotipos y prejuicios se construyen (incapacidad de los nativos para explotar sus recursos naturales, imposibilidad de gobernarse sin intervención de un tercero), con el fin de inspirar seguridad en el ánimo colonizador. "El colonizador es siempre presa de un temor más o menos explícito a las masas por él dominadas. La ideología colonialista le explica entonces por qué puede seguir dominando, y dominando en paz" G. ROCHER, Op. Cit., Pág. 609. Las actitudes síquicas crean un modelo de conducta entre colonizador y colonizado. El primero se forja la imagen falaz de que el colonizado "es un menor, como..., un ser responsable a medias y siempre un tanto turbulento e inquieto. Su actitud frente al colonizado es una mezcla de paternalismo, de menosprecio y de temor. Estima que *el colonizado ha de estar sujeto a una vigilancia, a un control, a unas sanciones". G. ROCHER, op. cit., pág. 609. A su vez, el colonizado recoge la impresión que el mismo colonizador alimenta; es víctima de un sentimiento de inferioridad, por lo que envidia y admira al colonizador. Ello desemboca un odio profundo, que precipitará la etapa de lucha de liberación contra el yugo foráneo. Generalmente, el colonialismo engendra el racismo y el fanatismo que toda situación colonial favorece con la aplicación de sus políticas discriminatorias hacia los indígenas.

3- E. RABBATH, M. K. YASSEN y A. RATEB, Op. cit., pág. 27.

4- La UNESCO ha patrocinado estudios sobre él tema de la raza y de este modo se ha llegado a demostrar lo siguiente: la conferencia de científicos reunida en Moscú en agosto de 1964, con relación a los elementos biológicos de la raza, concluyó -en una serie de proposiciones - que existe un mismo tronco común para la familia humana (art. l); asimismo, que no hay, dentro de la especie humana, una raza pura genéticamente homogénea (art.III); y que "ningún grupo nacional, religioso, geográfico, lingüístico o cultura¡ constituye una raza ipso facto" (art. XII). Otra conferencia de especialistas, cuyo tema fue la raza y los prejuicios raciales, con sede en París en el otoño de 1967, ratificó en una declaración las con

clusiones realizadas en Moscú tres años atrás y recalcó el hecho de que las pretendidas clasificaciones de la familia humana en razas son meramente arbitrarias y convencionales. La declaración contiene el siguiente análisis que conviene tener presente: "Los problemas humanos

llamados 'raciales' son de origen social y no biológico. En particular constituye un problema fundamental el racismo, es decir, creencias y actos antisociales basados en la falacia de que

las relaciones discriminatorias entre grupos pueden justificarse por motivos biológicos" (párrafo 4). V. HERNÁN SANTA CRUZ, La discriminación racial, Naciones Unidas, 197 1, NuevaYork (E/CNA/Sub.2/307/Rev. I). NI de venta: S.71 xiv. 2, págs. 13-4.

El velado propósito que persiguen las ideologías que se fundan en la noción de 'raza' ya fue descrito por un profundo historiador contemporáneo: "Si a estas alturas de la evolución se echa mano de la idea de la raza, no ocurre con el designio de reconocer una verdad científica, sino como una aplicación romántica a los instintos primitivos de la sangre con contundentes fines políticos y económicos, con un criterio de todo punto semejante al que aconsejó la institución de las genealogía dinásticas, de la nobleza, de los patricios y últimamente incluso la composición de árboles genealógicos de burgueses y labriegos". VEIT VALENTIN, Historia Universal, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1942, t. i, pág. 29. El mismo historiador añade: "La asimilación y el mestizaje son algo que se incluye entre los hechos fundamentales de la evolución histórica y solo en su virtud se llega a las supremas realizaciones culturales.... la humanidad es una por su origen y (que) allende toda necesaria y saludable diferenciación, por encima de todos los contrastes y contradicciones, de todas las incomprensibles y sentimientos de odio, tiende también a una unidad psíquico-hurnanitaria" (ibíd.).

5 J. P. ALEM, Op. Cit., pág. 24.

6 Ibíd.,- pág. 31.

7 Ibíd.

8 R. REICHERT, Op. Cit., pág. 62.

9 Cfr. J. P. ALEM, Op. Cit., pág. 32.

10 Ibíd., págs. 32-3.

11 Ibíd., pág. 33.

12 Ibíd.

13 Ibíd. Es conveniente precisar que "los auténticos jazares, fundadores de¡ reino, íntimamente emparentados con los turcos y los magiares, eran de raza turania. Pero su inmenso Estado comprendía un gran número de eslavos, de raza este-europea. Los prosélitos judíos que fueron reclutados en los dos estratos de la población, procedían de una y otra raza, a las cuales -y esto es importante de destacar- no pertenecía ninguno de los pueblos de Palestina. Por tanto era una sangre nueva la que insuflaba al judaísmo la conversión jazar". J. P. ALEM, Op. cit., págs. 33-4. Para entender cabalmente el hecho natural de las conversiones de los pueblos a alguna de las tres religiones monoteístas Judaísmo, cristianismo e islamismo) es preciso tener en cuenta que, así como los pueblos de África y Asia eligieron una práctica religiosa que podía ser la de] monoteísmo, el continente de Europa era esencialmente pagano antes de entrar en contacto con los credos monoteístas. El ánimo proselitista anidó dentro del judaísmo, hasta el punto de castigarse, durante los días de Teodoro 11 (siglo v), a todo judío acusado de buscar adeptos entre los gentiles (V. J. P. ALEM, Op. Cit., pág. 30). hubo discusión en torno a la actividad misionera, y Judas Halevi (siglo xi) interpreta que solo los hijos de Abraham debían acogerse a la ley mosaica. Una centuria más tarde, Maimónides comenta: "Todos aquellos que adoptan el judaísmo y profesan la unidad del nombre de dios son los discípulos de Abraham. Abraham es su padre" (V. J. P. ALEM, Op. Cit., pág. 30). Los judíos ortodoxos tienen una bendición destinada a los "justos prosélitos".

14 Cfr. J. P. ALEM, Op. cit., pág. 368.

15 Cfr. RAFAEL GUEVARA BAZÁN, "Breviario para conocer el Sionismo", en Tigris, N' 16, marzo 1981 (Revista de la embajada de Irak en España), pág. 13.

16 Cfr. J. P. ALEM, Op. cit., pág. 34. '

17 Cfr. E. RABBATH, M. K. YASSEN y A. RATEB, Op. cit., pág. 30.

18 Cfr. J. P. ALEM, Op. cit., pág. 35.

19 Ibíd. El haber reseñado el movimiento de conversión de los pueblos al judaísmo se presenta como un hecho natural en el estudio de las religiones: así como algunos judíos aceptaron la religión de Cristo, hubo cristianos que se conviertieron al judaísmo en la Galia Narborense, en el 637, y en Worms así como en el valle del Rhin en el siglo XI. Entre las conversiones aisladas, desde la realizada por el rey Herodes (V. supra, parte primera, cap. II1, núm. 24) hasta la cumplida por Sammy Davis Jr. (V. RABBATH, YASSEN y RATEB, Op. Cit., pág. 39, nota 12), ello se explica por la natural inquietud del hombre de hallar la seguridad en un credo religioso que satisfaga su espiritualidad. La Sociedad para la la Propagación del Judaísmo, con sede en Jerusalén, ha trabajado con una tribu de Uganda y con prosélitos de los Alpes franceses (la Comunidad de Souccoth) (V. ALEM, Op. cit., pág. 34). El proselitismo, que tuvo acogida en Siria, en Asia Menor y en Armenia a comienzos de la era cristiana, se ha prolongado, en cierta manera, hasta nuestros días. V. ALEM, Op. Cit., págs. 30-1. Durante el siglo xviii los judíos bizantinos propiciaron una gran conversión al judaísmo entre rusos caucasianos, los que, a su vez, se extendieron a la Europa Central y a los EE. UU. V. RABBATH, YASSEN y RATEB, Op. cit., pág. 29.

20 V. W. MALLISON JR. 'The Zionist-Israel juridical claims to constituteute the Jewish people nationality entity and to confer membership in it: appraisal in public international law", George Washington Law Review, 1964, vol. 32, núm.5, Junio de 1964,.pág. 988, apud RABBATH, YASSEN y RATEB, Op. cit., pág. 31.

21" Ibíd., pág. 32.

22 Ibíd., nota 8, pág. 32.

23 Cfr. R. REICHERT, Op. cit ,-pág. 209, nota I.

24 El carácter que tiene el Antiguo Testamento de Libro Sagrado para el judaísmo y para el cristianismo ha fundamentado toda una visión del mundo. El respeto a lo consignado en un libro que determina verdades de todo orden engendra las "culturas del Libro". Una de las características de estas "culturas del Libro" es que "el texto del Libro decide sobre la corrección de una afirmación y sobre la legitimidad-o ilegitimidad de una acción; ninguna conclusión es cierta si está en desacuerdo con la verdad del Libro; ninguna norma ni conducta son válidas si contradicen la nomología revelada en él. El Libro, pues, constituye sociológica y espiritualmente a la comunidad; viene a ser, en ámbito universal, su norma primaria y fundamental". M. GARCIA-PELAYO, Op. cit., pág. 354. Recuerda el mismo autor que "G. A. Murray y Toynbee han llamado la atención sobre la diversa actitud hacia .el libro del mundo grecorromano y del mundo semítico. Para el primero, el libro era un auxiliar de la palabra hablada, una especie de instrumento mnemotécnico,'y, en todo caso, una realidad sin valor por sí misma, sino como expresión de algo vital. El segundo, en cambio, tendía a ver en el libro una cosa en sí, un objeto digno de veneración, algo estático y no eco o expresión material de la acción humana; esta actitud..., inclina a pensar la vida en términos del libro y no a lo contrario" (Ibíd., pág. 382).

25 Cfr. Génesis 15: 18; 17: 8; 17: 10-11.

26 Hay que recordar que "los autores bíblicos, como los demás escritores del antiguo Oriente, y aún los grecolatinos, redactaban los hechos de un modo más libre, mezclándolos con leyendas y explicaciones folklórico-etiológicas en función de una preocupación religiosa. Porque la historia bíblica es religiosa no tanto por su contenido material cuanto por su finalidad moralizante. Por eso, para calibrar debidamente sus afirmaciones, hay que tener en cuenta siempre el enfoque religioso de las mismas,- dando así explicación a algunas inexactitudes históricas, con la posibilidad de admitir incluso una verdad relativa en el campo histórico como la admitirnos en el campo científico". M. GARCIA CORDERO, Op. cit., pág. 47 (subrayado del original). Ello se entiende porque es "una 'idealización' del pasado realizada por sacerdotes que escriben tranquilamente en Jerusalén muchos siglos después de los hechos" (Ibíd., pág. 48). Así, la migración de Abraham a la tierra de Canaán corresponde a la tercera ola arábiga (V. supra, parte primera, cap. ii, núm. 1 l), por lo que el relato bíblico que convierte a Abraham en el padre de Ismael (Génesis 16: 15) el cual sería antepasado de los árabes, debe entenderse como una explicación dada por la épica religiosa popular. Este punto reviste un especial interés para el hermeneuta y para el historiador: el hagiógrafo, después de enlazar la genealogía de Abraham con Noé a través de Sem (Génesis 17: 10-27), retrata en el patriarca la virtud de ser el tronco común de varios pueblos. Siendo el vocablo semita representativo únicamente de una realidad lingüística (V. supra, parte primera, cap. ii, núm. 5), no debe hallarse una verdad genealógica científicamente comprobada en esta parte de la relación bíblica. Cabe anotar otra precisión: siendo el cananeo la lengua de la cual derivan el árabe y el hebreo, el hagiégrafo desea explicar el parentesco lingüístico entre estas realidades culturales mediante la introducción de personajes que simbolicen esta idea. Asimismo, conviene insistir en una pequeña distinción: el pueblo cananeo provenía de la península arábiga (V. supra, parte primera, cap. ti, núm. 6), teniendo aquí el término 'arábigo' una connotación geográfica; esta misma evocación ha mantenido a través de los siglos, hasta nuestros días. Conservando este carácter geográfico, son países árabes los situados en África y Asia y que remontan esta característica a la citada realidad lingüística. Si las lenguas que tienen su matriz en el cananeo pueden llamarse idiomas arábigos, es porque el pueblo árabe es anterior a cualquier concepción religiosa monoteísta. De uno de los dioses más importantes de la religión cananea, Él, tuvo su origen el Elohim hebreo y el Allah islámico (V. R. REICHERT, OP.- cit., pág. 28). La confusión radica entre arábigo (punto geográfico y connotación lingüística) y lengua árabe en particular -con la cual se expresan actualmente pueblos de África y Asia-, siendo el primer vocablo el género y el segundo una de sus especies. Así, las tres religiones monoteístas pueden ser practicadas por los árabes, de la misma manera que en tiempos inmemoriales se acogieron a Él, a Elohim y, desde el siglo vi¡ de nuestra era a Allah, por el fenómeno de las conversión. Ello conviene tenerlo claramente, para comprender la artificialidad -que hay en hacer la división entre 'árabe' y 'judío', por cuanto aquí el úl ' timo vocablo encierra una realidad religiosa, únicamente, mientras el primero dice relación a lengua o a punto geográfico, pudiendo albergar a personas de cualquier credo político y religioso.

27- Sobre estos temas religiosos, V. SAMI HADAWI, The Jews, Zionism, and the Bible (folleto), publicado por la Asociación Árabe Palestina de Ontario (Canadá), 1981, que contiene los estudios del Dr. ALFRED GUILLAUME, profesor de estudios del Antiguo Testamento, de la Universidad de Londres; del Dr. WILLIAM H. STINESPRING profesor del Nuevo Testamento y de estudios semíticos de la Duke University; del Dr. OVID R. SELLERS, profesor del Antiguo Testamento y decano del McCornick Theological Seminary; del Muy Reverendo JONATHAN G. SHERMAN, obispo de la Diócesis de Long Island, New York, y del Dr. ELMER BERGER, Gran Rabino, págs. 3-10.

28 V. RABBATH, YASSEN y RATEB, Op. cit., págs. 47-8.

29 Ibíd., pág. 48.

30 Ibíd., pág. 49.

31 Ibíd.

32 Cfr. HENRY CATAN, Palestine and Iniernational Law, London, Longrnan, 1976, pág. 10.

V. RABBATH, YASSEN y RATEB, Op. cit., pág. 50.

34 T. HERZL, The Jewish State, New York, The Herz1 Press, 1970, págs. 51-2.

35 Ibíd., pág. 52. Se entenderá aquí la lógica racista del sistema colonial de discriminar arbitrariamente los valores culturales de los pueblos de Asia. Este pasaje denuncia cuán europeo sería el movimiento colonizador sobre Palestina y qué valores eran los despreciados ("constituiríamos en la región un sector de la muralla contra Asia; seriamos el centinela avanzado de la civilización contra la barbarie'% lo que muestra ya que los perjudicados en esta empresa serían los árabes de Palestina Judíos.. musulmanes y cristianos). De acuerdo con H. SANTA CRUZ, op. cit., pág. 9: "Se tejió una argumentación sumamente elaborada para justificar la dominación europea de los países extranjeros. Las naciones europeas, según se decía, colonizaban los países de África y Asia para proteger a los pueblos autóctonos contra la barbarie.... y, llevarles los beneficios de la civilización".

36 1. GRINBOIM, Historia del Movimiento Sionista, Vol. I , edición a cargo de la Organización Sionista Mundial, Buenos Aires, 1954, pág. 152. Es claro que, tal como se concebía la política exterior británica -que deseaba imitar HERZL, esta acusaba rasgos imperialistas en cuanto se ataban los derechos políticos de los pueblos afectados. Al existir un pueblo que do mine a otro conjunto de pueblos a los que se mantiene o en la sumisión total o en el simple vasallaje, se configura un imperio. "A pesar de que no todos los imperios o imperialismo sean necesariamente coloniales, existe, sin embargo, una frecuente relación entre el fenómeno imperial y el fenómeno colonia], de¡ mismo modo que entre las teorías imperialistas y las teorías colonialistas". Gran Enciclopedia Larousse, t.x, pág. 928.

37- Es indispensable comprender la verdadera semántica envuelta en la locución 'cuestión oriental'. En efecto, ella indica que es Europa la que introduce el problema político; que es en Occidente donde se engendra la cuestión de Oriente. De hecho, fue Occidente el causante de la cuestión de Palestina.

38 Cfr. CARLOS PACHÁ y PABLO MONTERO, La partición de Palestina, t . I (Seminario de Investigación para optar a la licenciatura en Historia), Córdoba (Argentina), 1980, pág. 55. En ese entonces Afganistán se encontraba bajo dominio británico.

39 T. HERZL no obtuvo acuerdo alguno con el sultán Abdul Hamid. Con el emperador alemán Guillermo 11 se entrevistó en tres ocasiones; consiguió cierto apoyo de V. Plejve, quien propiciaba una política antijudía en la Rusia de los zares. Habiendo conversado con el papa Pío x, este manifestó a HERZL que no aceptaba la constitución de un Estado estrictamente judío en un lugar que también era cristiano. Cfr. J. P. ALEM, Op. Cit., pág. 69; 1. GRINBOIM, op. cit., vol. i, págs. 245-6.

40 Cfr. J. P. ALEM, Op. Cit., pág. 70.

41 El desarrollo de la Correspondencia Hussein-MacMahon fue el siguiente. Nuevas declaraciones del gobierno británico insistieron en el propósito de permitir y reconocer la constitución de los países árabes independientes. Así, pues, un mensaje del 4 de enero de 1918 trasmitido por el comandante Hogarth fue dado al entonces rey del Hedjaz, Hussein, en que se favorece por todos los medios la creación de una nación árabe. Una declaración en el sentido de permitir la autodeterminación de los pueblos en aquellas zonas antes ocupadas por el Imperio otomano se hizo pública en junio de 1918; una declaración conjunta anglo-francesa de

7 de noviembre de 1918 reiteró el mensaje de junio del mismo año. Sin embargo, la suerte estaba echada: los británicos habían excluido de las negociaciones a Palestina, y esta, que sufrió un régimen especial con la Declaración Balfour para la colonización sionista, fue el motivo para la creación de un comité encargado de estudiar la Correspondencia len 1939. El comité estaba compuesto por árabes e ingleses y se llegó a la conclusión de existir un disentimiento entre ambas partes. Sin embargo, el circunloquio británico para excluir a Palestina como par te de un conjunto de países árabes independientes fue desafortunado. El comité Bunsen del Foreign Office había informado que "Palestina debe ser considerada como una región cuyo destino será objeto de especiales negociaciones". En abril 17 de 1974 The Times de Londres dio a conocer parte de un memorando secreto que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Inglaterra utilizó por medio de sus delegados en la Conferencia de Paz de París. Allí se precisaba:---Con respecto a Palestina, el gobierno de Su Majestad está comprometido, por la carta de Sir Heriry MacMahon dirigida al jerife el 24 de octubre de 1915, a incluirla dentro de las fronteras de la independencia árabe..., pero ha puesto de manifiesto su política acerca del Santo Lugar palestino y la colonización sionista en el mensaje que le dirigió el 4 de enero de 1918".

Pero sobre esto último Hussein fue engañado, por cuanto -como lo recuerda ALEM los judíos serían futuros ciudadanos del reino árabe. El historiador A. TOYNBEE, miembro del Ministerio de Relaciones británico durante la época de la Conferencia de Paz, escribió en 1968:

"Según yo interpreto la Correspondencia Hussein-MacMahon, Palestina no había sido excluida por el gobierno británico de la zona cuyo reconocimiento había prometido al rey Hussein en la que apoyaría la independencia árabe. Por lo tanto, los árabes palestinos podían suponer razonablemente que Gran Bretaña estaba comprometida a preparar a Palestina para convertirse en un Estado árabe independiente". Cfr. Naciones Unidas, Orígenes y evolución del problema palestino, Primera parte: 1917-1947. ST/SG/SG/SER. /F/ 1. N' de venta: S.78.1.19 (año: 1978), Nueva York, págs. 3-5, de ahora en adelante, citado como Orígenes ' v evolución..., V. también ALEM, OP. Cit., págs. 95-107; y REICHERT, Op. Cit., págs. 212-5.

42 Cfr. R. REICHERT, Op. cit., pág. 213. Texto completo de los acuerdos Sykes-Picot podrá encontrarse en el Apéndice. Por supuesto, de acuerdo con el principio res inter alios acta nec nocere nec prodere polest, el conjunto de acuerdos quedaba sin efectos para el 'conjunto de Estados árabes'.

43 Cfr. C. PACHÁ Y P. MONTERO, Op. Cit., t. 1, pág. 91.1.

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