
Julio de
2002
Campo de
refugiados de Yenin
/ Cisjordania
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« Vinieron
a casa la noche del martes al miércoles. Las Fuerzas Especiales. Nos
han cogido a mí y a todos mis hermanos, incluso a Mohammad mi
hermano de 14 años. Sólo dejaron en casa a mi padre (es mayor de
setenta años). Llegaron tres tanques alrededor de la casa, los
soldados gritaban y disparaban. Era horrible. No paraban : gritaban,
disparaban. Tenían armas por todas partes, eran las Fuerzas
Especiales. Estaban camuflados, las caras pintadas. Fue una
pesadilla. Llegaron a las 3 de la madrugada, dormíamos todos. No los
oímos acercarse. De repente gritaron desde todas partes. Dispararon
tres veces a la puerta. Mi madre se precipitó para abrir. Nos
levantamos todos. Cogí a Ahmad mi hijo de 2 años y grité a Natacha
para que cogiera a Nour nuestra hija de 6 meses. Nos ordenaron salir
a todos. Llevábamos todos pijamas y estábamos todos descalzos. Los
hombres por un lado, las mujeres y los niños por otro lado. Todos
fuera, en la noche, bajo la luz deslumbrante de los tanques. Un
soldado me ordenó gritando que dejara a Ahmad que tenía en mis
brazos. Ahmad se aferaba a mí, gritaba casi tan fuerte como el
soldado. Mis hermanos, y mi padre estaban allí. Mi madre,las mujeres
y los hijos de mis hermanos tambien. !Todo el mundo! ¡Estábamos
todos fuera! ¡Incluso Nour! !En plena noche! Los soldados le
exigieron a mi hermano Saher que cogiera todos los móviles de la
casa… Después los confiscaron. Tuvimos 10 minutos para todo esto,
coger los teléfonos y todo. Diez minutos después, nos taparon los
ojos, nos ataron las manos y nos llevaron al puesto militar de
Hiwara [a unos diez kilómetros de Nablús]. Nos interrogaron y al
amanecer, volvimos… sin Samer. Esta todavía con ellos. No sabemos lo
que le están haciendo. No tenemos noticias de él. Hoy por la mañana,
mi padre trató de ver si podíamos saber más, pero no hay nada que
hacer… Volvimos andando, al amanecer, en pijama, descalzos, desde
Hiwara hasta Nablús, las manos atadas. Y no sabemos lo que pasa con
Samer. Mamá no duerme más, papá tampoco. No sabemos que hacer. No sé
porqué retuvieron a mi hermano. El pobre, fue herido por una bengala
poco tiempo antes. Un cohete llegó a su habitación mientras se
encontraba en su cama. Recibió fragmentos, su mujer también. Los
llevamos al hospital. Están heridos los dos, pero nada grave. En
aquel momento, no nos preocupamos mucho. Es ahora que tenemos miedo…
Quizás lo van a acusar de tener un taller de bombas artesanales en
casa… Nunca he pasado semejante miedo en toda mi vida, no deseo a
nadie conocer una jornada igual. Creí que ibamos a morir todos. Y ni
siquiera sé lo que pasa con mi hermano menor. »
Saed,
Nablús
Fuente :
Testimonio recogido por teléfono por Nathalie
Fotografía : Josetxu M.