LA DECLARACIÓN BALFOUR

Análisis de la Declaración

B) Valor Jurídico Internacional

La carta de simpatía que el ministro A. J. Balfour envió a Lord Rothschild referente a las pretensiones del sionismo es jurídicamente inválida, y, para el derecho de gentes, no debería producir efecto alguno. Un serio examen de la Declaración que se estudia encuentra las siguientes razones de fondo:

  1. Gran Bretaña no podía disponer de Palestina por cuanto, en la fecha que fue redactada la declaración, Palestina formaba parte del Imperio otomano y el régimen administrativo excluía toda injerencia extranjera sobre los asuntos palestinos. Hacer promesa a una organización de los derechos de un país que el prometiente no puede ofrecer, recuerda el principio civil nemo jus in re aliena tribuere potest (nadie puede conceder derecho sobre cosa ajena). Tal como lo explica Sol M. Linowitz: "Sin embargo, el hecho más importante e indiscutible es que la Declaración en sí misma es jurídicamente inválida. En efecto, Gran Bretaña no ejercía la soberanía sobre Palestina, no tenía derechos de propiedad y carecía de autoridad para disponer de la tierra. La Declaración era meramente una expresión de las intenciones británicas y nada más que eso".11
  2. El análisis presentado por quien fuera presidente de la CIJ, Jules Basdevant, en su curso de doctorado (París, 1936-37, pág. 198), fortifica nuestra opinión al respecto.

    Puntualiza Basdevant:

    "Ningún Estado tiene el poder de extender a su arbitrio su propia competencia, en detrimento de los otros Estados y los otros pueblos. El Derecho Internacional no reconoce al Estado británico más competencia que sobre sus territorios y sobre sus sujetos nacionales".12

  3. La Declaración, además, es inválida por la falta de representación en que se hallaba Lord Rothschild al momento de su envío. Ello lo convierte en un acto ilegítimo que vicia toda manifestación de voluntad. En efecto, "la Declaración Balfour no es el resultado de un acuerdo interestatal. No es más que una carta enviada por Lord Balfour a una persona privada que no tenía ningún título para contraer un compromiso oficial ya que su destinatario, Lord Rothschild, súbdito británico sionista, no representaba siquiera a la comunidad judía, la cual, por otra parte, no era sujeto de derecho internacional".13
  4. Y por último, pero no por ello menos importante, la Declaración Balfour es ineficaz ab initio por cuanto representa la denegación de los derechos políticos de los habitantes de Palestina. El derecho a la libre determinación, que se abría camino durante el curso de la Gran Guerra, fue desconocido y aplastado para Palestina. Los judíos, musulmanes y cristianos de Palestina habían manifestado su aversión al sionismo. Durante el crepúsculo de la era colonial, el sostenimiento de un programa de esta índole significaba la denegación de los fundamentales e inalienables derechos humanos. Se propiciaría la implantación del racismo y la destrucción de la Nación Palestina (que, de hacho, estaba integrada por tres religiones monoteístas), así como la aparición de un Estado confesional, únicamente integrado por miembros de religión judía, para lo cual habría que expulsar a más del 90% de la población, que era musulmana y cristiana. Una declaración en tal sentido se opone a los principios que derivan del derecho natural y, por desconocer la aspiración del derecho de gentes - a saber: el bien común de la humanidad -, significa un gravísimo retroceso del ideal señalado.

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