El traje nuevo del
emperador
Uri Avnery
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Sucede que escuché el
discurso del Presidente Bush en Copenhague. Me recordó de inmediato el más
famoso cuento creado en esa ciudad: "El traje nuevo del emperador".
Todos elogiaron tan hermoso discurso. El Primer Ministro A
elogió el estilo, el Presidente B alabó el tejido, el Jeque C admiró el
collar. Y yo, lo único que vi fue a un emperador desnudo.
Todos sabían, desde luego, que fue un discurso estúpido,
tal vez el más bobo que jamás haya salido de la boca de un presidente de
EE.UU. ¿Pero quién va a confrontar al líder de la única superpotencia del
mundo? ¿Quién va a provocar la furia de un hombre que posee un poder tan
aterrador, y que pronuncia semejantes inanidades?
Un niño de doce años se hubiese avergonzado al presentar
una composición semejante a su maestro. Las suposiciones son infundadas,
el cuadro general parece una caricatura, las conclusiones son ridículas, y
las partes se contradicen mutuamente.
Dice que los palestinos deben escoger a un dirigente en
una elección libre y democrática, pero que se les prohíbe elegir a un
dirigente que no sea aprobado por Sharon y Bush.
Deben establecer un sistema multipartido, democrático,
liberal, pluralista, incluyendo la separación de poderes, tribunales
independientes y finanzas transparentes. Para hacerlo se les ordena que
acepten la ayuda de los aliados de EE.UU. en el Oriente Próximo: la
democrática Arabia Saudita, el Egipto pluralista y la liberal Jordania.
Transparencia financiera como en Riad, una separación de los poderes como
en el Cairo, tribunales independientes como en Amman.
El establecimiento de este sistema ideal es una condición
previa para cualquier negociación de paz. En Europa, se llegó a un sistema
semejante después de una lucha de cientos de años. En el mundo árabe, no
existe en ninguna parte. Arafat es el único jefe de estado árabe elegido
en elecciones libres, bajo una estricta supervisión internacional,
controlada personalmente por el ex Presidente Jimmy Carter.
En el deforme espejo de Bush, el terrorismo es previo a la
ocupación. Por cierto que en este contexto no menciona para nada la
ocupación. No existe nada más que el terrorismo. En su estrecha visión del
mundo, el terrorismo es la suma de todo: En el principio creó Dios la
Guerra contra el Terrorismo, y todo el mundo gira a su alrededor. El
Terrorismo, como Satanás, existe desde la creación, no es el resultado de
algo, tiene su propia existencia independiente. Y, tal como a un cristiano
devoto se le ordena que combata a Satanás en todo instante de su vida
sobre la tierra, todo ser humano debe combatir al terrorismo y será
juzgado correspondientemente por el juez divino, Bush.
¿Y, qué es el terrorismo? El terrorismo es lo que hacen
los enemigos de EE.UU. Los amigos de EE.UU., claro, no pueden hacer algo
así. En Turquía, por ejemplo, los terroristas son los kurdos, mientras que
el ejército turco es un equipo humanitario. El querido amigo Putin no
comete actos de terrorismo, su proceder en Grozni es casi tan caritativo
como el de Sharon en Yenín.
Pero Arafat es un terrorista. También es corrupto, y un
dictador. No hay que demostrarlo. Lo dice Sharon, y Sharon es
irreprochable. Hay que eliminar a Arafat, sacarlo de su puesto,
expulsarlo, asesinarlo. (Bush, desde luego, no habla de asesinato, pero no
hace mucho derogaron el decreto que prohibía que las agencias de EE.UU.
asesinaran a dirigentes extranjeros. En realidad, en este caso no se
requiere su participación, la señal más insignificante bastará para que
Sharon ejecute de inmediato su tarea.)
¿Qué sucederá después de la
destitución-expulsión-asesinato de Arafat? Según Bush es muy simple:
aparecerán palestinos favorables a las reformas, se tomará a algún
profesor palestino de Harvard o de Oxford como presidente y se creará una
Suiza palestina.
Bush, desde luego, no se imagina que vaya a suceder algo
muy diferente. El hombre después de Arafat tendrá que mostrar que no es un
títere del Mossad o de la CIA, por lo tanto tendrá que ir más lejos que
Arafat. Para evitar ser ejecutado como traidor en 24 horas, tendrá que
crear una alianza con Hamás. En las próximas elecciones, el candidato de
las "Fuerzas Nacionales e Islámicas" vencerá con toda seguridad.
Eso en el mejor caso. Si las cosas van mal, no habrá
ninguna dirigencia palestina alternativa. La sociedad palestina se romperá
en cientos de fragmentos, cada uno de los cuales cometerá atentados
suicidas en los territorios ocupados, en Israel, en todo el Oriente
Próximo y en el mundo. Reinará supremo el caos. Es lo que Sharon realmente
desea, porque le permitirá realizar la limpieza étnica y anexar los
territorios palestinos, realizando su sueño de por lo menos 50 años.
El bueno de Bush seguro que no lo desea, pero ya que se ha
convertido en el escudero de Sharon, una especie de Sancho Panza
estadounidense del Quijote israelí, lo que importa es lo que dice el jefe.
Después del discurso, me reuní con un importante
diplomático europeo. "Bueno, puede que no haya sido el discurso más
brillante que hayamos oído," dijo con una ligera, irónica, sonrisa. "Pero
no hay otra cosa. No sería sabio confrontar de frente a Bush, eso sólo lo
llevaría a ser más obstinado."
Si es así, ¿qué se puede hacer? La irónica sonrisa no
desapareció de sus labios. "La diplomacia europea tiene siglos de
experiencia. Lo inteligente sería escoger una frase positiva del discurso
y concentrarse en ella, ignorando las partes negativas."
Europa se concentrará en las elecciones. Tienen que ser
libres, bajo una estricta supervisión internacional. Para que las
elecciones sean libres los candidatos deben poder moverse libremente. Para
que se formen los partidos y realicen sus campañas, debe haber libertad de
palabra y de asociación. Todo esto es imposible bajo la ocupación. Por
ello, ante todo, hay que eliminar la ocupación de los territorios
palestinos.
Bajo los acuerdos de Oslo, los habitantes palestinos de
Jerusalén gozan del derecho de voto activo y pasivo, y a ellos, también,
hay que permitirles que se muevan y participen libremente en la campaña.
Hasta las elecciones, los cuerpos elegidos existentes,
incluyendo al presidente de la autoridad, deben seguir en sus funciones.
Europa seguirá en relaciones con él. Arafat, por supuesto, como cualquier
otro ciudadano tiene el derecho a presentar su candidatura –y, si es
elegido en una elección libre, el mundo (dirigido por Europa) lo
reconocerá. Nadie duda que será elegido por una masiva mayoría.
Después de todo, se puede encontrar un hilo de oro en el
traje nuevo del emperador. Atención: Hans Christian Andersen.
9 de Julio de 2002