Artículos de opinión |
![]() |
200 palestinos masacrados por Israel en Deir Yassin el 9 de abril de 1948
Reconstrucción de la conciencia: recordando Deir Yassin
Steven Salaita
Trato
a veces de ver a través de sus ojos. Tenía sólo doce años. Jamás imaginó esa
mañana del 9 de abril que al llegar la tarde sería huérfana. Es importante verlo
a través de sus ojos. Si logramos hacerlo, comenzaremos a comprender los
horrores que los palestinos sufrieron en 1948.
Estaba en Deir Yassin cuando el Irgún y el Lehi llegaron antes del amanecer.
Imagino que jugueteó con sus gruesos rizos negros mientras sus ojos traicionaban
la ansiedad que sentía al oír el estruendo de la guerra a su alrededor.
Probablemente no tardó mucho en comprender que los terroristas estaban
asesinando a sus vecinos. El hedor del sudor y la sangre debe haberla sumergido,
un fétido fenómeno sensorial que simbolizaba su paso a la edad adulta como
palestina desplazada.
Fue uno de los pocos que sobrevivieron. Se escondió con su familia cuando los
soldados irrumpieron en su hogar, pero los descubrieron y los arrastraron afuera
con el resto de los cautivos. Primero le dispararon a su hermano. Cuando su
madre, que estaba amamantando en esos días, lo cubrió, le tiraron a ella
también. A los demás los formaron ante un muro. A la mayoría los asesinaron a
quemarropa.
Una niña recordó haber visto a un terrorista abriendo el vientre de una mujer
embarazada de nueve meses. Otra habló de la cara de su padre manchada con color
marrón mientras ayudaba a otros niños, amenazados a punta de pistola, a lanzar
su cadáver en una fosa común poco profunda. Otra recordaba que se escondió
aterrorizada bajo cuatro tías suyas que habían sido matadas a cuchilladas. Su
futura memoria también quedó marcada por la sensación de un duelo omnipresente.
Los expertos discuten ahora cuántos civiles fueron masacrados en Deir Yassin el
9 de abril de 1948. Pero nadie, con la excepción de los propagandistas más
amnésicos, niega que fue un asesinato masivo no provocado. Tradicionalmente, los
historiadores han calculado que entre 200 y 300 personas fueron matadas, aunque
cálculos recientes sugieren que 90 a 150 es una cifra más exacta.
Y sin embargo, a fin de cuentas, las cifras no importan. Los civiles asesinados
no eran estadísticas, ni era una ecuación Deir Yassin. Era una aldea con seres
humanos vivos, que respiraban, muchos de los cuales fueron asesinados y
hacinados en fosas comunes. Ahora es un recuerdo sobre el que se ha edificado
una institución mental israelí y ni siquiera existe un letrero para marcar su
papel capital en la historia palestina y judía.
Más importante todavía es, sin embargo, que Deir Yassin se ha convertido en un
símbolo. Es emblemática, como lo recuerda la coalición internacional Deir Yassin
Recordada, para "la verdad sobre los palestinos como víctimas del sionismo".
Deir Yassin Recordada, cuyo Consejo de Asesores incluye a Hanan Ashrawi, Sherna
Berger Gluck, Edward Said, Rachelle Marshall, Ilan Pappe, Muna Nashashibi, y
Norman Finkelstein, señala además que "durante demasiado tiempo la historia [palestina]
ha sido negada y esa negativa ha servido sólo para oprimir aún más y
deshumanizar deliberadamente a los palestinos dentro de Israel, dentro de los
territorios ocupados, y afuera en su diáspora".
Deir Yassin Recordada "fue fundada para rendir justicia a las víctimas de la
masacre de Deir Yassin", cuyo martirio nunca ha sido reconocido por el gobierno
israelí, menos aún recordado. Como su acción más inmediata, la coalición espera
construir un monumento en el sitio de la masacre, pero, en un ámbito más amplio,
desea "eliminar el prejuicio contra los palestinos y promover el lado humano de
un pueblo que sido víctima de la colonización sionista de su tierra y de las
condiciones de apartheid bajo la cuales vive actualmente". Presumiblemente, si
Israel llega a una situación en la que permita realmente la construcción de un
monumento, lo hará sólo cuando haya una verdadera coexistencia entre árabes y
judíos en Tierra Santa.
Enfrento este tipo de proyecto con un gran sentido de participación personal. Mi
abuela del lado materno es de la vecina aldea de Ein Kerem; fue el temor
generado por la masacre de Deir Yassin lo que provocó la huída de la población
adyacente. Jamás se permitió su retorno. Todo Jerusalén Este se convertiría en
parte del Estado de Israel, y los palestinos siguieron siendo apátridas durante
más de 55 años.
Un monumento en recuerdo a las víctimas de la masacre de Deir Yassin sería una
manera especial de humanizar no sólo a los palestinos, sino a los descendientes
físicos y filosóficos de los perpetradores judíos que cometieron uno de los
crímenes de guerra más tristemente célebres en la historia moderna del Medio
Oriente. Los pueblos en guerra, nos ha mostrado la historia una y otra vez, no
pueden coexistir sin un reconocimiento mutuo de la brutalidad pasada.
Pero la denegación generalmente sustituye el reconocimiento. Podemos ver la
denegación en Estados Unidos. Los indios lakota han luchado durante años por
erigir un monumento a los 350 civiles desarmados masacrados por la 7ª Caballería
del Ejército de EE.UU. en 1890, un acto comparable con Deir Yassin en efecto,
intención, y resultado. Por cierto, a pesar de la presión de las tribus
Minneconjou y Oglala, el gobierno de EE.UU. se niega a rescindir las 20 Medallas
de Honor del Congreso (la mayor cantidad jamás otorgada por una campaña militar)
distribuidas a soldados de la 7ª Caballería. Del mismo modo, el antiguo
dirigente del Irgan, Menachem Begin, llegó a ser más tarde Primer Ministro de
Israel e incluso recibió un Premio Nobel de la Paz.
Los resultados de la denegación estadounidense merecen la atención de Israel. "The
Politics of Hallowed Ground", un emocionante relato de la lucha lakota por
obtener fondos del Congreso para un monumento, cita a una superviviente de
Wounded Knee, Alice Ghost Horse, que finaliza una historia proclamando: "A pesar
de todas esas hermosas cosas que hacen por nosotros, no puedo olvidar lo que
sucedió en Wounded Knee. Algunas noches, lloré pensando en eso durante muchos
meses después. Jamás he tocado a un hombre blanco en mi vida. Simplemente no
podría confiar en ningún hombre blanco y jamás lo podré porque asesinaron a mi
padre y a mi hermano sin razón alguna".
No es por accidente que conflictos persisten en sitios sin monumentos porque los
monumentos son más que estructuras físicas; ubican el pasado en el presente al
servicio de un futuro mejor.
Los judíos han hecho grandes progresos en la recuperación del Holocausto, en
parte porque los diferentes monumentos obligan a los no-judíos a confrontar los
extremos de la denegación y de la indiferencia. La gente de Oklahoma City
experimentó un sentido colectivo de conclusión cuando un hermoso monumento
conmemorando las víctimas del atentado de 1995 fue construido en el sitio en el
que destruyeron el edificio Murrah. Y no pasará mucho tiempo antes de que un
indispensable monumento sea erigido en Ground Zero en Nueva York.
Por desgracia, sin embargo, son casos excepcionales. Ninguna estructura recuerda
a las víctimas gitanas y homosexuales de Hitler. Ninguna estructura conmemora el
genocidio turco de armenios. Ningún museo en Washington Mall conmemora el
desposeimiento de los indios. Y ninguna identificación física en Israel, fuera
de escombros de piedras y grupos de cactus denota la existencia de lo que fuera
una nación Palestina orgullosa y populosa. Esta falta de reconocimiento, más que
la supresión histórica, asegura que los palestinos siempre perseguirán a la
conciencia de Israel, aun si los expulsan a todos.
La gente teme a menudo a los monumentos porque los monumentos simbolizan el
recuerdo; pero no necesitan tener miedo, porque el recuerdo, en su forma más
honesta, simboliza algo aún más grande que cualquier estructura física: el
acercamiento y la unidad.
Exhorto a todos a apoyar el proyecto de Deir Yassin Recordada. Para saber más al
respecto, para hacer donaciones, para participar en los futuros eventos, o
simplemente para leer más sobre la matanza, visite: http://www.deiryassin.org.
9 de abril de 2003
Steven Salaita completó recientemente un doctorado en inglés en la Universidad
de Oklahoma, con énfasis en las literaturas nativa, palestina, y
árabe-estadounidense. Su correo es: ssalaita@YellowTimes.org