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PALESTINA ERA Y ES
No
asesines este instante
Carlos
Juma Mentado
Presidente de la Comunidad Palestina en Canarias
La
muerte maldice los números. Las estadísticas elaboradas
desde el comienzo de la Segunda Intifada hasta el 12 de
diciembre de 2004 hablan de cifras aterradoras: 3.537
palestinos asesinados, 38.664 heridos, hospitales
colapsados, 1.021 israelies asesinados, centenares de
heridos, destrucción sistemática de casas, arrancamiento de
miles de árboles, vuelta a los campos de refugiados del 48,
muertes en los puestos de control, un sinfín de locura
sistematizada. Y digo bien, sistematizada porque pretende
esta lógica de la locura la expulsión y empleo de
estrategias de destrucción de un pueblo por otro, en
desiguales condiciones, bajo derechos que se contravienen y
manejo de leyes internacionales ad libitum. Ni que
decir tiene que en un estado de ocupación de 37 años
continuados la parte ocupante tiene la fuerza de su lado, no
cabría imaginar el mantenimiento de la misma tanto tiempo de
otra manera. Y la parte ocupada tiene todo el derecho a
resistir y a combatir.
Si hablamos de medios pues podríamos comparar los misiles
Kassam con alcances de tres kilómetros, de fabricación
casera, con los misiles inteligentes que asesinan
selectivamente y desparraman la muerte alrededor. Las
piedras por tanques, las furgonetas por los bulldozers,
adolescentes escuálidos por soldados perfectamente
preparados y entrenados, medios de comunicación que
silencian la muerte diaria del lado débil y vociferan las
muertes del fuerte.
El derecho a vivir con el derecho a matar, el derecho a
defenderse con el derecho a resistir, la muerte vestida de
uniforme y la desnudez y vejación de los cadáveres de la
resistencia. El derecho a la asistencia sanitaria en
hospitales de última generación con la espera a que el jefe
de la estación de control autorice la salida o entrada de
una ambulancia, que, por principio tiene la presunción de ir
armada de explosivos. La muerte en una UVI o la agonía lenta
por la carencia de infraestructura y medios. Personas que
son reventadas por la convicción delirante de querer volar
al paraíso con su sangre como medio y colegiales inocentes
que infunden pánico por su mochila y son acribillados sin
piedad por una ametralladora.
Nadie puede negar que hay una locura sistematizada cuyo
objetivo final es finiquitar el expediente palestino
convirtiéndolo en un archivo de Terrorismo Internacional y
el delirio de destruir un Estado que goza del derecho a la
impunidad.
Aquí hay quien tiene la fuerza y quien tiene la razón. En
este conflicto hay quien usa la razón de la fuerza contra la
fuerza de la razón; el primero lo usa sin medida y el
segundo encuentra montañas que no devuelven el eco de sus
argumentos y sólo resta el grito, el del miedo, el de la
ira, el de la frustración, y el de cargar las culpas de no
finalizar procesos de paz que estaban destinados a morir en
las manos del primer ministro Sharon, tal y como él mismo se
encargó de decir años antes amenazando con llevar a cabo la
realidad que es hoy la Palestina Histórica. Y en la espiral
hay quien responde a las humillantes provocaciones israelíes
con un petardo de fin de año. Y eso, desde mi punto de
vista, es confundir el derecho a resistir con tirar de los
pelos del bigote a Pepe Monagas.
La visceralidad da paso a una reacción furibunda, muy bien
pertrechada y que, aduciendo el derecho a la defensa, se
carga a pacifistas -Raquel Corry te recuerdo con respeto y
cariño infinitos- a los que llama cómplices de terroristas,
a las ONG ídem de lo mismo, y a todo aquel que se interponga
en el punto de mira de un tanque perfectamente preparado
para llevarse por delante un palestino, mejor cuanto mas
chico por aquello de que no hay que dejarlos crecer y
destruir la casa y atemorizar a miles de sueños en cerebros
que sólo aprenden a vivir dibujando tanques y árboles
arrancados. Hoy, recién nacido 2005, hay quienes piensan que
se debe continuar en la misma espiral de violencia.
Las elecciones palestinas próximas, también sabemos de
democracia, se ven amenazadas por el encarcelamiento de
candidatos islámicos en Cisjordania y Gaza por parte del
Ejército de Defensa de Israel; nos quieren imponer líderes a
su gusto, ni que fueran tontos. ¿Y ante este desatino qué
hace la ONU, Mr. Bush (que ve por el ojo de vidrio),
Mr.Powell (ahora que te vas dices lo que tenias que haber
dicho hace tiempo), la Unión Europea o el alegre Putin?
Intentamos silenciar nuestros extremos pero siempre hay un
mal nacido que, cumpliendo órdenes, encarcela, dispara,
destruye una casa, arranca un árbol, ocupa y usurpa tierra
ajena y levanta un pequeño muro de alambradas de 720
kilómetros de hormigón y nueve metros de altura, meciéndose
en terreno ajeno y alimentando el odio de los que tienen que
vivir en bantustanes e imposibilitando la viabilidad de un
mini estado que dignifique la vida de los palestinos.
Claro que también tenemos en este horroroso arco a los que
han sido alimentados con el rencor y confunden el derecho a
resistir con el sueño de derrotar al Ejército más poderoso
de Oriente Medio, la supervivencia con el asesinato.
Pero esto es lo que hay; una enorme desigualdad en los
contendientes: la razón de la fuerza versus la fuerza
de la razón y sobre todo el uso inaceptable y absolutamente
condenable de los argumentos para esgrimir el derecho a
existir o a resistir. ¿Quién es el padrino de cada cual? ¿A
quién le adjudicamos la gloria del número maldito de
muertos, de heridos, de trastornos por angustia? ¿A quién
debemos mirar para pedir Justicia?
Pues la respuesta está en nosotros mismos: sólo los que
estamos convencidos de que la alternativa a la Paz es la
Paz, israelíes y palestinos; y si somos mayoría hay que
terminar con los silencios complacientes y complicidades.
Hay que elevar la voz y la pluma para el encuentro verdadero
de la Paz nacida de los corazones. Y no hay que ir a Ginebra
ni a Washington ni a Nueva York. Yo tengo que hablar a los
míos y tú a los tuyos; debemos fundirnos en el abrazo
fraterno, primero con los hermanos de cada cual y si fuera
posible coexistir lo antes posible, mejor. La convivencia
nos tomaría mucho tiempo, quizás tanto como el que hemos
perdido.
La Paz se conquista sembrando en la necesaria oscuridad de
la tierra fecunda para verla brotar en un único árbol con
ramas fuertes que, aunque estén a cada lado, nos dejan
seguir siendo hijos del mismo padre Abraham.
No se puede continuar ladrando a la luna y ordenando
silencio. Nos ahogamos en gritos. Es necesario callar a los
que gritan con el silencio. No debe haber más eco para la
muerte. Malditas cifras de muerte, ¿quién se prende en su
pecho las medallas de tanta vida abatida? Asuma cada pueblo
su responsabilidad, condene abiertamente el terrorismo del
que hace gala y democráticamente con todo el peso de la ley
lleve a la sombra a sus responsables sean imames, curas o
generales. Pero para eso hay que ser demócratas y ejercer el
derecho al voto, hacer funcionar un parlamento y elaborar
leyes.
Y esto yo hoy se lo exijo a Israel; respeten a los
palestinos, no nos pongan más trabas ni encarcelen o
asesinen a nuestros candidatos a presidentes o munícipes. Y
si esto se sigue incumpliendo como hasta hoy mismo, van a
obtener la respuesta que el sionismo desea fervientemente:
misiles a cambio de petardos de año nuevo. Váyanse ya de una
vez, vuelvan a su territorio, devuelvan lo usurpado,
déjennos ejercer en paz nuestro derecho a la expresión magna
de la democracia y poder intentar imponer una Autoridad
basada en la Ley emanada del Parlamento.
Israel, sigues teniendo las llaves de la Paz en tus manos,
tú encarcelas o excarcelas según convenga al sionista de
turno. Demuéstrame con tus votos democráticos que también
serías capaz de sentarte a la sombra a quienes se amparan en
una ideología que fue condenada por la ONU por ser una forma
de racismo.
Si yo fuera judío..., pero ya ves, soy palestino hijo de
palestino. Simples etiquetas. Tú y yo somos personas, seres
humanos, lloramos y reímos, amamos y sufrimos y sobre todo
tenemos la capacidad intelectual que nos permite afrontar
los desafíos del presente y del fututo. A la historia no se
le puede retocar ni un pelo pero hay que aprender a
convertir nuestras vidas en la suma de instantes y éste hay
que vivirlo. No asesines este instante.
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