Artículos de opinión

 

La verdadera hoja de ruta de Ariel Sharon

Un muro para encerrar a Palestina

 

GADI ALGAZY

'Profesor de la Universidad de TeI-Aviv responsable de la asociación Judeo-Arabe Taayoush ( vivir juntos )

Le Monde Diplomatique  Julio 2003
Edicion española 

Los trabajos de construcción del muro comenzaron en abril de 2002, pero las protestas de los palestinos no lograron captar en aquel momento la atención internacional (1). Por otra parte, los laboristas esta­ban en el origen de esta barrera con la que se pretendía impedir los ataques contra los civiles israelíes dentro de la Línea Verde (la frontera del 4 de junio de 1967). La derecha nacionalista pa­recía incluso hostil al proyecto, en el que veía el esbozo de una futura fron­tera entre Israel y Palestina. 

Pero en ese momento nadie estableció diferencias entre una frontera que controla los intercambios pacíficos en­tre dos entidades independientes, y un cerco que encierra a los colonizados y garantiza al colonizador una total liber­tad de intervención. Las prisiones tam­bién implican cercos. Por lo demás, el que rodea por completo la Franja de Gaza desde los años 90 no ha impedi­do al ejército israelí operar e incluso di­vidirla en pequeños enclaves (2). 

La dimensión misma del proyecto en Cisjordania basta para comprender que no se trata de una simple barrera con fines de seguridad. En muchos lu­gares la separación alcanza y hasta su­pera los 60 a 70 metros de ancho con sucesivos cercos: una alambrada de púas, una zanja, el propio muro de ocho metros de altura y provisto de un sistema de alarma electrónico, un ca­mino de tierra, una carretera asfaltada y de nuevo una alambrada de púas. Los territorios situados entre el muro y la Línea Verde serían declarados "zona militar cerrada' y, del lado palestino, sólo se accedería a otras zonas prohi­bidas pasando por puestos de control. 

En resumen, se trata de una empre­sa enorme. Sin contar su parte oriental, el muro costará 1.200 millones de euros. Su parte norte, que debe termi­narse en julio de 2003, se extiende a lo largo de 150 kilómetros, y en total costará 650 millones de euros. Contra­riamente a las afirmaciones según las cuales su construcción es muy lenta, desde hace un año los trabajos avan­zan con mucha rapidez: 500 escabadoras trabajan simultáneamente (3). 

Este ritmo se explica por la imprecisión política que rodea el muro. La mayoría de los israelíes tienen la impresión de que se construye más o menos en la Línea Verde, cuando en realidad se sitúa a seis o siete kilómetros más al este, en el interior de Cisjordania. En junio de 2002, el gobierno había autorizado al primer ministro y al ministro de Defensa a precisar su trazado. Pero fueron los colonos y el ejército los que lo determinaron, y Ariel Sharon se limitó a expresar periódicamente su interés por el proyecto. 

Según investigadores israelíes y palestinos, en la actualidad 210.000 palestinos corren con los gastos del muro (4). En febrero de 2003, fuentes palestinas consideraban que se habían arrancado más de 80.000 árboles (5) - lo que por otra parte dio origen a un verdadero tráfico de olivos, que se re­plantaron en las residencias de nuevos ricos israelíes (6)...Aproximadamen­te 30.000 campesinos perdieron todo medio de subsistencia, dado que sus tierras se encontraban al otro lado del muro. Y no se colocó ni una de las veintiséis puertas que el gobierno isra­elí había prometido instalar para que pudieran volver. 

No faltan razones: si el muro es el palo, el permiso de acceder a su tierra hace de zanahoria, y se la agita para obligar a los palestinos a colaborar con el ocupante. Pero la expropiación corre el riesgo de ser irreversible. En virtud de la ley otomana todavía vi­gente en Israel, muchas de estas tie­rras, llamadas miri, pertenecen al sultán; y si los campesinos no llegan a cultivarlas durante tres años, vuelven de nuevo a aquél, es decir a su suce­sor, el Estado de Israel. Por este moti­vo la mayor parte de Cisjordania fue declarada "tierra de Estado" y utiliza­da para construir colonias.

Es difícil evaluar la superficie su­plementaria que Israel controlaría gra­cias a la construcción de este cerco. La primera fase comprendería un 3% de Cisjordania. Pero este porcentaje - que por cierto aumentará poco a poco­ no da cuenta de la importancia de la zona para la economía palestina: en efecto, la región de Tulkarem, Kalkil­ya y Jenin es la más fértil de toda la orilla occidental del Jordán, que repre­senta el 40% de las tierras agrícolas y los dos tercios de los pozos de agua (28 de ellos se encuentran en la actua­lidad en el otro lado). Más allá de las comunidades víctimas del operativo, está comprometida toda la infraes­tructura de la economía palestina. 

No obstante, la cuestión no se limita a expropiaciones y anexiones. Desde principios de 2003, las organi­zaciones no gubernamentales palesti­nas e israelíes comienzan a darse cuenta de que el muro es sólo un elemento de una empresa mucho más vasta. No se está construyendo una se­paración -el "muro del apartheid", co­mo lo llaman sus opositores-, sino todo un sistema de cercos, muros y enclaves que destruyen el conjunto de Cisjordania. Los límites del proyecto todavía no están perfectamente claros, pero el mapa repnxlucido en esta pá­gina, basado en la meticulosa investigacion del periodista Meron Rapoport, da una idea.

Hay que distinguir  cuatro elementos: 

-El "muro de separación" occiden­tal es el más conocido. En esta fase crucial de su construcción, gira hacia el este y engloba grandes colonias (sobre todo Ariel y Enmanuel) antes de penetrar profundamente (unos 30 kilómetros) en el interior de Cis­jordania. 

- En Jerusalén y sus alrededores, se crean una serie de muros que anexionan una parte de Belén y cercan todos los suburbios palestinos. Así es como algunos barrios árabes quedan incomunicados, unos respecto de Cisjordania, otros respecto de Jerusalén, y otros respecto de una y otra (7). 

-Al este de la orilla occidental, mu­cho antes del valle de Jordán, se edifi­cará un tercer cerco. El inicio de las confiscaciones de tierra necesarias pa­ra su construcción fue lo que puso en evidencia esta nueva dimensión del proyecto. A largo plazo, significaría la anexión de la parte oriental de Cisjordania 

- Cuarta y última dimensión: la multiplicación de enclaves palestinos. Algunos ya están concluidos (alrede­dor de Kalkilya), otros están en proce­so de construcción (alrededor de Tulkarem),y otros sólo figuran toda­vía en planos. En Kalkilya, aproxima­damente 40.000 habitantes están rodeados de alambradas de púas, y só­lo pueden acceder al resto de Cisjor­dania por una única puerta. Varios pueblos de la región están cercados de la misma manera. El segundo gran en­clave incluye Tulkarem y sus alrede­dores (74.000 habitantes). Están previstos otros más al norte –alrededor de Rumane (8.000 habitantes)- y más al sur -alrededor de Kivya y Rantis, Beit Liqya, alrededor de Jericó y qui­zá también alrededor del sector pales­tino de Hebrón. 

Considerados en conjunto, todos es­tos elementos lo confirman: la cons­trucción del muro expresa un proyecto político global. Lo admiten entre otros el profesor Amon Sofer, un demógrafo de derechas de la Universidad de Haifa que reivindica la paternidad de una parte del proyecto, y asimismo varios dirigentes de los colonos como Ron Nahman, alcalde de Ariel. Se trata de dividir Cisjordania para transformarla en una serie de enclaves y bantustans estrechamente controlados por Israel, impidiendo así toda continuidad terri­torial de un futuro Estado palestino. Incluso el acceso a los enclaves estaría en manos de los israelíes. 

En términos cuantitativos, esto equivale a poner en práctica -unilate­ralmente- la oferta que había hecho el primer ministro a los palestinos: un 40% de Cisjordania. Pero con una gran diferencia: no es una solu­ción provisional, como se dijo a menudo, sino definitiva. La creación de un sistema de cercos y enclaves de semejante dimensión sólo puede compararse con el proyecto de coloni­zación masiva de Cisjordania puesto en marcha en 1978 por el primer go­bierno Begin, bajo la dirección de Ariel Sharon. 

La actual empresa prolonga la ante­rior, y lo mismo que ella pone de ma­nifiesto la visión política coherente de este hombre que siempre prefirió los hechos a las palabras y a los símbolos. Agricultor él mismo, considera que el futuro del conflicto se decide in situ: lo que cuenta son los hombres, la tie­rra y el agua. Y los hechos que crea actualmente bien podrían llegar a ser irreversibles. El muro funciona en un contexto agrícola: negar el acceso de los palestinos a sus campos y a sus po­zos permite modificar de modo dura­dero las estructuras económicas y romper sus vínculos con su tierra. Si este proyecto se concretara en su con­junto, la creación de un Estado pales­tino viable se tomaría inimaginable. Es lo que siempre quiso Ariel Sharon, tanto cuando en 1977 llegó a ser "mi­nistro de Colonias" como cuando en 1998 presentó su plan e incluso cuando lo retomó en su campaña para las elec­ciones legislativas de enero de 2003.

Zeta es una pequeña aldea de 2.800 habitantes al sur de Baq á a-Sharkiyya. En el extremo oeste, las calles termi­nan brutalmente: aparece una profunda trinchera. A lo lejos se oyen las topado­ras. Todavía es posible franquear el cerco para llegar a la casa donde viven M. y su familia. Se cuenta entre los aproximadamente 11.000 palestinos atrapados entre el muro y la Línea Ver­de. La barrera los separa de la aldea. Las conexiones de agua y electricidad están cortadas. Ha habido que enviar a los niños a casa de unos parientes en la aldea para que pudieran ir a la escuela. ¿Cuánto tiempo deberá vivir esta fami­lia en esta tierra de nadie? Algunas no­ches los soldados israelíes disparan con los fusiles y gritan: "¡Váyanse!" 

Éste es el futuro que el muro reser­va a los palestinos: quedarán prisione­ros en su propio país, completamente dependientes de la buena voluntad de las fuerzas de ocupación, encerrados con alambradas de púas en sus encla­ves, el menor movimiento requerirá un salvoconducto. Es una versión lo­cal del apartheid: ¿acaso en otra épo­ca Sharon no se había pronunciado en favor de un sistema de bantustans (8)? Sin embargo, entre Sudáfrica y Pales­tina hay una gran diferencia: Israel no necesita la mano de obra local, dado que el encierro de los territorios ocu­pados y la importación de trabajado­res immigrados no judíos la tornaron superflua. 

De manera que los palestinos se in­corporan a la condición moderna de millones de hombres y mujeres a quienes, en nombre de la mundializa­ción, ni siquiera vale la pena explotar. Por supuesto, pueden irse. El muro podría reforzar el traslado de la pobla­ción palestina. No se trata aquí de un momento dramático en que cada indi­viduo se ve obligado a dejar su hogar, sino de un proceso continuo, silencio­so y progresivo, que amenaza con pri­var a la sociedad palestina de sus recursos humanos y de sus esperanzas de independencia (8). 

Hasta ahora no se ha, emprendido ninguna acción eficaz para detener la construcción del muro. La Autoridad Palestina no ha logrado convertirla en una preocupación política central. Los militantes locales tienen mucha difi­cultad en movilizar a los campesinos con vistas a una acción masiva que ex­ceda su comunidad local, tal es el peso de la opresión diaria y de la fragmen­tación tanto política como territorial. 

A mediados de junio de 2003, en la cumbre de Akaba, los gobiernos esta­dounidense y británico exigieron a Is­rael que detuviese la construcción del muro, dada la modificación de su tra­zado. El primer ministro se negó, lo que habría generado tensiones entre los dirigentes israelíes (9). Y sin em­bargo los primeros 150 kilómetros se terminaron sin conflicto diplomático significativo; según algunas fuentes, incluso con el acuerdo tácito de Esta­dos Unidos. ¿La presión estadouni­dense permitiría detener un proyecto de dimensión histórica? Asimismo se­ría necesario que los palestinos, me­diante una masiva acción civil, consiguieran poner de manifiesto que el proyecto del muro no es una solu­ción política, ni viable ni vivible. ¿Se­mejante acción comprometería la solidaridad internacional? ¿La opi­nión pública israelí se daría cuenta de que el muro amenaza el futuro de am­bos pueblos? 

En la historia de este sangriento conflicto, los muros son omnipresen­tes, desde la visión que tenía Theodor Herzl de un Estado judío como ele­mento de una "muralla de defensa contra Asia" hasta el proyecto de Da­vid Ben Gurion de crear un "muro hu­mano" a lo largo de las fronteras de Israel, pasando por la "muralla de hie­rro" contra los árabes preconizada por Zeev Zabotinsky. Por lo tanto, no se­ría la primera vez que se utiliza el miedo para justificar un proyecto po­lítico que, en nombre de la seguridad a corto plazo, a largo plazo crea una situación peligrosa. Tampoco sería la primera vez que los israelíes confun­den seguridad con vida detrás de alambradas de púas. Al recluirse de­trás de un muro también encierran, enfrente, a los palestinos: en ese gue­to moderno, hay lugar para todos. 

(1) Malthew Brubacher, «El muro de la verguenoa , Le Monde dipbmadque,edicion española noviembre de 2002.

(2) Netzach Masliarh, encogido del teto que rodea la Franja de Gaza es el mismo que supervisa el de Cisjordania

(3) Meron Rapoport, 'A Wall in the Heart', Yedioth Aharonoth, Tel-Aviv, 23-5-2003.

(4) Yehezkel Lein, Behind The Barrier, Betselem, abril de 2003.

(5) Palestinian Agriculture Rescue Commifee (PARC), Needs Assessmem Study and Proposed intervention for villages aftecled by the Wall in the Districts of Jenin, Tulkarem and Qalgilia, 5 févier 2003 : Amon Re­gular, 'The World Bank: The Separation Fence Will Hurt Palestinians Immensely ', Haaretz Tel-Aviv,18-5-2003.

(6) Meron Rapoport y Oren Meiri, 'Uprooted', Ye­dioth Aharonoth,22-11-2002.Traducido al inglés.    

(7) Neve Gordon, 'Can bad fences make good neighbours? Israel's separalion wall is beíng used to annex territory', The Guardian, Londres, 29-5-2003.

(8) Gadi Algazi y Azmi Bdeir 'Transfer’s Real Night-mare” Haaretz 15-11-2002

19) Maariv, Tel Aviv 13-6-2003, Haaretz, 16-6-2003.