Una Hoja de Ruta
equivocada
Iosu Perales
Rebelión
Es muy
difícil, por no decir imposible, que la iniciativa
patrocinada por el presidente Bush permita alcanzar la paz.
La clave estriba en que ha sido concebida como un esquema
antiterrorista y no como la restitución de los derechos del
pueblo palestino sancionados por Naciones Unidas en 35
resoluciones. La propuesta, en lugar de descansar en las
resolución 242 que obliga a Israel a regresar a las
fronteras de 1967; en la 194 que resuelve el derecho de los
refugiados palestinos a retornar a sus hogares y sus
tierras; en la 338 que exige a Israel el fin de la
ocupación, incluso de Jerusalem Este; en la E-10/3 que
declara ilegales todos los asentamientos de colonos en los
territorios ocupados; en la 2851 que pide enérgicamente a
Israel anular todas las anexiones, establecimiento de
asentamientos, confiscaciones de tierras...; en la 43/177
por la que el Consejo de Seguridad toma nota de la
proclamación del Estado de Palestina, emanada del Consejo
Nacional Palestino, lo que unido a la resolución 3236 que
reconoce la libre determinación nacional del pueblo
palestino, significa el reconocimiento de hecho de un Estado
palestino; en lugar de partir de la legalidad internacional,
la Hoja de Ruta la suspende y pretende la apertura de una
negociación sobre la base de hechos consumados por el poder
militar israelí. Esto supone de hecho concebir los
territorios de Cisjordania y Gza no como territorios
ocupados sino como tierras en disputa.
Este perverso punto de partida da lugar a una lógica que no
puede ser aceptada por el pueblo ocupado: Israel se irá
retirando, unilateralmente, hasta donde crea conveniente por
razones de seguridad y en la medida en que la resistencia
del ocupado sea aniquilada por cuerpos de represión de la
propia autoridad palestina. Se le pide a esta última que
actúe con el poder de un Estado, en tanto se siguen
destruyendo sus infraestructuras y recursos y se mantiene el
confinamiento del presidente Arafat. Para lograrlo se
inviste a Abu Mazen de primer ministro con la misión de
profundizar en la fractura social y política del pueblo
palestino, sin más contrapartidas a corto plazo que el
desmantelamiento de 15 asentamientos de colonos que no son
otra cosa que auto-caravanas sin población. La lógica de la
Hoja de Ruta identifica el terrorismo como la raíz del
conflicto, no a la ocupación.
En realidad, la Hoja de Ruta, aun cuando tiene la ventaja
formal de reconocer un futuro estado palestino, algo que no
hacía el acuerdo de Oslo, es una propuesta hecha a la medida
de los intereses estratégicos de Israel: diseña un "hogar
palestino" formalmente llamado Estado, pero sin la soberanía
de un Estado-nación, ya que propone una entidad política
desmilitarizada, sitiada geográficamente por el Muro que los
isralíes están construyendo velozmente para aislar
Cisjordania, y dependiente en recursos como el agua de
Israel. Un "hogar" seccionado en múltiples islotes rodeados
de vías de comunicación exclusivamente israelíes y dominados
desde las colinas por unos 160 asentamientros de colonos
judíos armados hasta los dientes.
Esta Hoja de Ruta se encuentra muy distante de lo que pudo
ser -y no fue- el acuerdo de Taba (Egipto) en enero de 2001.
Israel proponía una retirada del 94% de Cisjordania y la ANP
estaba dispuesta a abandonar un 3,1 por ciento de ese mismo
territorio; hubo un acuerdo sobre Jerusalem según la
población mayoritaria de cada distrito; el problema de los
refugiados se resolvería con la absorción por Israel de unas
docenas de millares cuyo regreso se escalonaría, otros miles
se instalarían en tierras canjeadas que quedarían en manos
palestinas y el resto serían indemnizados. El acuerdo estaba
hecho pero Ehud Barak no tuvo la valentía de presentarlo al
electorado. No es que fuera el acuerdo deseado por el pueblo
palestino, particularmente en lo referente al tema de los
refugiados, pero ocurre que la Hoja de Ruta no se acerca ni
de lejos al diseño de Taba. Como es sabido, Barak perdió el
gobierno y Ariel Sharon, dinamitando todos los puentes del
diálogo, ha consolidado en año y medio cuatro razones del
Estado sionista que ningún dirigente israelí se atreverá a
romper -ni él mismo a pesar de las apariencias-, sino es
arriesgo de su propia vida: NO a la retirada del ejército
israelí a las fronteras de 1967; NO a la partición de
Jerusalem; NO al desmantelamiento de la inmensa mayoría de
los asentamientos de colonos construidos en los territorios
ocupados; NO al retorno de los refugiados palestinos. La
clave en la posición de Sharon ante la presión
norteamericana que quiere hacer de la Hoja de Ruta el punto
y final del conflicto consiste en negociar sin ceder un
ápice en los cuatro NOes. La resultante de ello es una
estrecha salida para el pueblo palestino, consistente en
verse obligado a aceptar un mini-estado vulnerable y
sometido.
La Hoja de Ruta podría ser aceptada por Ariel Sharon siempre
y cuando se acepten sus 14 enmiendas, lo que daría como
resultado un mapa con un 16-18 por ciento de la palestina
histórica (la partición de Naciones Unidas de 1947 dio a los
palestinos el 44%). Dentro de los territorios palestinos
quedarían cerca de 200.000 colonos judíos en Cisjordania y
Gaza y unos 190.000 en Jerusalem Este. Pero incluso así la
mentalidad sionista seguiría operando sobre el terreno,
manteniendo la lucha por Judea y Samaría. Y es que, para los
sionistas, la guerra de 1948 no ha terminado y sólo lo hará
cuando Eretz, el Gran Israel, sea una realidad plena. Para
esta estrategia que busca la sustitución de un pueblo por
otro, Sharon sigue fagocitando los resultados del 11 de
septiembre mediante la ecuación Bin Laden=Arafat=pueblo
palestino; todos los terrorismos son el mismo terrorismo. Su
jugada para aislar a Arafat ha sido maestra: liquidar al
rais para negociar con los jefes proclives a luchar
contra su propio pueblo.
El conflicto está en situación de bloqueo, a pesar de los
esfuerzos mediáticos de Bush. Sólo una acción concertada
desde el exterior podrá doblar el brazo del sionismo,
comenzando por el despliegue de una fuerza de interposición
bajo el mando de Naciones Unidas. En cuanto a una solución
justa del conflicto la agenda está hecha: es la misma que
Naciones Unidas ha elaborado desde 1967 hasta hoy. Por una
sola resolución se ha invadido Irak. ¿Por qué Israel goza de
tanta impunidad?
* De Hirugarren Mundua ta Bakea
19 de Junio 2003