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¿ ARAFAT, EXPIACIÓN DE LOS
CRÍMENES DE ISRAEL?
FLORA LOBATO
Personalmente me niego
rotundamente a caer en la trampa que nos tienden algunos políticos –caso
de Bush, o más vergonzosamente el de Sharon-, cuando esgrimen el argumento
de que Arafat ampara el terrorismo o que es un terrorista. En principio,
el problema palestino excede los límites de la figura de Arafat que en
definitiva es un único ser humano, privado de libertad a mayor
abundamiento, mientras que los asesinados por el Ejército israelí -no sólo
los contabilizados en esta operación criminal que está convulsionando al
mundo, sino desde 1948 que empezaron las incursiones demoledoras de bienes
y vidas- alcanzan cifras escalofriantes. Por lo tanto, no creo que sea
justo ni exacto el acercarnos al genocidio que sufre en sus propias carnes
la población palestina, poniendo como parapeto protector la actuación
política de su Presidente; posiblemente Arafat haya cometido errores,
pero, ¿acaso el resto de los políticos del mundo no los cometen? y sin
embargo los ciudadanos no somos estigmatizados ni bombardeados y mucho
menos asesinados por el hecho de que nuestros presidentes incurran en
errores.
Si nos atenemos al diccionario de María Moliner, el término
“terrorismo” significa literalmente: “Uso de la violencia, particularmente
comisión de atentados, como instrumento político. Dominio por el terror.”
Las actividades bélicas del Estado de Israel se incluyen dentro de la
definición del diccionario, y Sharon –bien conocido por sus hazañas
bélicas de la peor índole-, seguramente, emplea la vieja táctica de llamar
a Arafat terrorista antes que la humanidad entera, saturada de contemplar
aberraciones, le vocifere a gritos que el verdadero terrorista es él, que
practica un terrorismo de estado a todas luces ignominioso. Probablemente
busque su propio exorcismo, al culpabilizar a los demás de algo que él
mismo ejerce de manera magistral, por más que se esfuerce en presentarnos
sus acciones con expresiones eufemísticas del tipo “Operación Muro
Defensivo”. Su actuación es terror y lo demás son pamemas y futilidades
que cualquier ciudadano sensible al sufrimiento ajeno rechazará de plano,
como de hecho está sucediendo, a juzgar por las manifestaciones a favor de
los palestinos, celebradas en distintas partes del mundo.
Bush y Sharon se empeñan en que Yasir Arafat es quien ha de poner fin a la
acción de los jóvenes palestinos, y aunque sería muy deseable, puesto que
toda violencia no engendra sino violencia, no se dan cuenta de la
incongruencia de su petición; pues en nuestro propio país, por poner sólo
un ejemplo, también mueren muchas personas por actos terroristas, y
nuestros Presidentes -antes González y ahora Aznar-, ni pueden evitarlos
ni por ello bombardean y aniquilan al resto de la ciudadanía.
No pidamos a Arafat heroicidades, pues no se las pedimos a
ningún otro gobernante con situaciones muchísimo menos adversas que las
que vive y ha vivido Yasir Arafat. Y no es que yo esté a favor de que siga
o no como primera autoridad del pueblo palestino, sin embargo creo que
serán él mismo y sus conciudadanos los que, en pleno uso de sus derechos y
de sus facultades, deberían de decidir algo tan íntimo y tan personal,
máxime si valoramos la actuación de los gobiernos del mundo respecto a
este conflicto. Ninguna medida contundente ha sido tomada para frenar el
brazo asesino de Israel, y la población palestina ha sido abandonada a su
desafortunada suerte, sola, desposeída de todo, sin el más leve apoyo y
sin un lugar esperanzador hacia el que girar su sobrecogida mirada, ante
el escenario apocalíptico que ganaba posiciones y ocupaba todas sus
viviendas, sus calles y sus ciudades.
Los gobiernos árabes están dirigidos por dictadores sumisos a
la opinión americana; a Europa le falta tono en su voz para ser oída y
Estados Unidos ha estado disimulando sin querer enterarse de la acción
sanguinaria de Sharon, y cuando finalmente se ha enterado, su actuación ha
sido tan superficial, tan liviana y tan ineficaz que Sharon y sus
compañeros de la matanza ni se han inmutado; simplemente han seguido en su
“ingenua tarea”, -llamésmolo así- de segar vidas palestinas, no importa si
son mujeres, niños o pacíficos padres de familia; a los israelíes
gobernantes les da igual, su cometido principal es matar, y una vez
llevada a cabo su labor de terror y muerte, vomitan de su interior todos
los demonios, llamando terroristas a los palestinos, antisemitas a todos
los que no aplauden su manera de expansionarse, etc., etc.
Habría que poner coto a esta desmesura y hacer entender a los
que ostentan el poder que no están en el buen camino; los gobernantes
israelíes tendrían que comprender –de grado o por fuerza- que las muertes
perpetradas a palestinos producen la misma compasión que las de ciudadanos
israelíes, que los niños palestinos necesitan crecer y vivir en el seno de
familias sin escindir, asistir a la escuela que es lo que hacen los niños
de Israel y de todos los países, cuyas escuelas no son destruidas por
ejércitos vandálicos. Y sólo cuando se enteren de que la paz que ellos
reclaman es la misma paz que los palestinos anhelan para ellos y para sus
hijos, entonces se podrá hablar de PAZ en Oriente Medio. Y por suerte para
todos, hemos de decir que existen voces dentro de la ciudadanía israelí
que abogan por esta solución. Por tanto, sólo nos queda esperar que
este germen se extienda y nos permita vislumbrar un horizonte más justo.
Flora Lobato.
Junio de 2002
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