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BABELIA -
ENTREVISTA: Ilan Pappe
FERRAN SALES
El Pais 15 -5-2004
Ilan Pappe, 50 años, licenciado
en Filosofía por la Universidad de
Oxford, profesor de historia en la
Facultad de Ciencias Políticas en
Haifa, es una de las voces más
críticas de Israel. A caballo entre
la escuela de los nuevos
historiadores y el movimiento
possionista, acaba de publicar
The Modern History of Palestine: One
Land, Two Peoples (Cambridge y
Nueva York, 2003), su última
aportación a un debate político que
sobrevive milagrosamente en un país
ensangrentado y amordazado por más
de tres años de Intifada. El
discurso del profesor Pappe, en el
que propugna la convivencia de los
dos pueblos -israelíes y palestinos-
en un solo Estado, supone un reto a
la política oficial impulsada por el
primer ministro Ariel Sharon y
bendecida por Estados Unidos, que
trata por todos los medios de
separar las dos comunidades. Pero ni
siquiera ese muro de incomprensión y
cemento parece desanimar a este
intelectual, que sostiene
permanentemente viva la mirada
crítica por encima de todos los
obstáculos.
PREGUNTA. ¿Quiénes son los nuevos
historiadores?
RESPUESTA. Los nuevos
historiadores es el nombre que se
dio a un grupo muy pequeño de
historiadores israelíes, entre tres
y cinco máximo, que a finales de la
década de los años ochenta usamos
una serie de documentos hasta
entonces secretos y escribimos una
nueva versión de la guerra de 1948
contra los palestinos, totalmente
contradictoria con la versión
oficial de Israel.
P. ¿Cuáles son los elementos
en común de los miembros de este
grupo?
R. En primer lugar, que todos
somos israelíes. En segundo lugar,
que por primera vez escribíamos una
versión de la Nakba -catástrofe
palestina- diferente, con la que
corroboramos algunos de los
principales argumentos esgrimidos
por los palestinos sobre lo sucedido
en 1948. Al cuestionar algunos de
los mitos fundacionales del Estado
de Israel fuimos duramente atacados,
lo que provocó entre nosotros una
cierta solidaridad.
P. Hasta que surgieron las
disidencias, sobre todo entre Benny
Morris y usted. ¿Por qué?
R. Creo que hay dos
diferencias básicas entre Benny
Morris y yo. Una es el sionismo. Yo
represento el punto de vista
antisionista y desde esta
perspectiva considero que lo que se
hizo en 1948 fue una "limpieza
étnica". Por consiguiente está
plenamente justificado que los
palestinos reclamen el derecho al
retorno. Sin embargo, Benny Morris,
que representa el punto de vista
sionista, dice: "Muy bien,
expulsamos a algunos, destruimos
ciertos pueblos, pero, por una
parte, no había ninguna otra
alternativa, y por otra, lo que
sucedió es irrelevante ante la
situación actual". La otra gran
diferencia entre Benny Morris y yo
es una cuestión filosófica. Los
historiadores sionistas creen que
son objetivos. Pero yo no creo en la
objetividad de la historia. Creo en
la honestidad de la historia. No
creo que yo sea un historiador
objetivo. Opino que cualquiera que
viva aquí y escriba sobre su propio
pasado no puede ser objetivo. Debe
ser, eso sí, honesto, no mentir,
pero es obvio que representa un
punto de vista determinado.
P. ¿Cuál es la relación de los
nuevos historiadores con los
possionistas?
R. Lo que considero una
corriente possionista es un grupo
más amplio, va más allá de lo que
sucedió en 1948. Lo configuran un
grupo de cien personalidades del
mundo de la cultura israelí, que
cuestionan los principios básicos,
los tópicos del sionismo, desde su
propia perspectiva, como músicos,
académicos o escritores. Critican
cómo Israel acogió a los judíos que
vinieron de los países árabes, cómo
se trata a los palestinos que son
ciudadanos del Estado de Israel, o
se cuestiona la manipulación que se
está haciendo del Holocausto. Ven al
sionismo como un colonialismo y no
sólo como un movimiento
nacionalista.
P. ¿Cómo han reaccionado los
estamentos oficiales israelíes ante
la lectura crítica de su propia
historia?
R. Al principio, cuando
aseguré que la guerra de 1948 era un
episodio de limpieza étnica, dijeron
que estaba mintiendo. Aún más, que
estaba al servicio de la
Organización para la Liberación de
Palestina y que eran los palestinos
quienes me pagaban. Luego, cuando el
mundo académico en el extranjero
valoró positivamente nuestras
investigaciones, en Israel empezaron
a admitir que estábamos diciendo la
verdad, aunque en su opinión no era
toda la realidad. Ahora, aunque
aceptan algunos de los hechos
históricos de 1948, me acusan de
intentar cuestionar por completo la
legitimidad del Estado de Israel. En
cualquier caso, las reacciones
oficiales son muy hostiles. Es muy
difícil para los israelíes admitir
lo que hicieron en 1948 e incluso
mucho más difícil responsabilizarse
de ello.
P. ¿La corriente possionista
ha provocado también una reacción
hostil en el
stablishment?
R. La reacción del
stablishment ha sido en este
caso más relajada, porque en el
possionismo están representadas no
sólo las aspiraciones de los
palestinos sino también las de los
judíos que vinieron de los países
árabes o las de las mujeres. Hay más
grupos en la sociedad israelí que se
identifican con las posiciones
possionistas. Por ejemplo, la mitad
de la población israelí son judíos
que vinieron de los países árabes,
lo que llamamos judíos mizrahi, y
éstos aplauden que se cuestione la
forma en que fueron tratados a su
llegada a Israel, en los años
cincuenta.
P. ¿Algunos opinan que todos
estos debates intelectuales han
muerto en Israel tras el estallido
de la Intifada?
R. En la década de los noventa,
como consecuencia de los Acuerdos de
Oslo y quizá porque se creía que la
paz era posible, la intelectualidad
israelí era relativamente plural. En
cualquier caso quería oír otras
voces. A partir de 2000, lo que yo
llamo el instinto crítico y
pluralista desaparece totalmente.
Llevamos ya cuatro años viviendo un
periodo oscuro de la historia de
Israel, sin precedentes. Todo el
mundo se inclina ante la bandera.
Todo es conformismo. Es muy difícil
encontrar a alguien con la
suficiente valentía como para
criticar hacia dónde está yendo esta
sociedad o lo que está haciendo el
Gobierno. El possionismo está
clínicamente muerto. Yo no se sí
algún día resucitará. Pero de
momento me temo que está acabado.
P. ¿Cuál es el papel de un
historiador crítico como usted en la
sociedad israelí?
R. Creo que es un papel muy
extraño. Por una parte, me paga un
país para ser profesor e
historiador, pero estoy diciendo
cosas que este país no quiere oír.
Normalmente se paga a alguien para
que diga lo que se quiere oír. Por
otra parte, estoy diciendo que en
Israel ahora mismo no hay ningún
poder suficientemente fuerte como
para poder detener la ocupación y la
destrucción de los palestinos. Por
eso estoy pidiendo presión desde
fuera. Visto así, mi papel es muy
difícil. Si eres honesto contigo
mismo, corres el peligro de perder
el contacto con tu propia sociedad,
cosa que es imprescindible para
cumplir con tu papel. Quiero decir
que pueden dejar de escucharme. Con
lo cual mi reto es encontrar la
manera de hacer las críticas más
duras sin perder su atención.
P. Parece muy complicada su
misión.
R. Es como ponerles un espejo
delante. Pero creo que la mayoría de
los judíos israelíes no se reconocen
en la imagen. Ven un póster. El
póster que les dice que son el
pueblo elegido, que hicieron cosas
maravillosas en Palestina, lo
estúpidos que son los palestinos que
no entienden nada, que el mundo no
les comprende o que todos los que
les critican son antisemitas. Esto
es lo que ellos ven. Esto es lo que
les dice la radio, los periódicos,
el sistema educativo. Es increíble,
aunque salgan al extranjero no
cambian de idea. Entonces yo llego,
les pongo ante un espejo y les digo:
mira, esto es lo que realmente eres,
lo otro es un póster. Por eso no me
quieren. No les gusta que la gente
traiga espejos. Algunas veces rompen
el espejo y tengo miedo que acaben
rompiendo al que trae el espejo; que
me maten. Porque no pueden soportar
más lo que les estoy diciendo.
P. ¿Después de 25 años de
docencia y de investigación como
historiador habrá llegado a algunas
conclusiones de cómo su país puede
resolver el conflicto israelo-palestino?
R. Para solucionar la
situación hay tres claves. La
primera, el reconocimiento de que en
1948 se llevo a término una limpieza
étnica. Es una cuestión de suma
importancia, que no ha sido hasta
hora asumida por ningún intento de
proceso de paz. Creo que es
imprescindible. No puedes hacer la
paz con los palestinos sin decirles
antes "sabemos que te expulsamos".
Yo no conozco ningún caso en el que
una limpieza étnica haya sido
completamente borrada de la
historia. En segundo lugar, Israel
fue responsable de una limpieza
étnica y tiene que responsabilizarse
por ello. Tiene que pagar
indemnización y tiene que reconocer,
al menos como principio, el derecho
al retorno. Por último, y una vez
aceptado el reconocimiento y la
responsabilidad, la comunidad árabe
tendrá que aceptar a la comunidad
judía en Israel como parte de
Oriente Próximo. Para ello es
igualmente importante que Israel
deje de soñar con ser parte de
Europa.
P. ¿Es aún válida la solución
de dos Estados para los dos pueblos?
R. No creo que aquí haya
nunca dos Estados. Ahora es
imposible. Quizá en el pasado fuera
posible, e incluso fuera una buena
idea, pero no ahora. Ahora sólo
puede haber un Estado multirracial,
multicultural, secular, que respete
la nacionalidad de los judíos y de
los palestinos. Hay ejemplos en la
historia. Sería un bonito compromiso
que éste acabara siendo un Estado
binacional; refugio para los judíos
y, al mismo tiempo, la casa de los
refugiados palestinos.
P. ¿Sinceramente cree que es
realista pensar que después de esta
Intifada tan sangrienta israelíes y
palestinos puedan vivir juntos?
R. Le voy a decir una cosa
más realista todavía. Si no es
posible después de esta segunda
Intifada, lo será después de la
quinta Intifada. Es trágico decirlo;
pero no ha habido suficientes
muertos como para convencer a la
gente de que la única salida es
vivir juntos. Hablo en serio,
realmente creo que sólo la violencia
va hacer que la gente se convenza de
que no hay otra alternativa que
vivir juntos. Con cada nueva
Intifada y con cada año que pase, la
violencia será peor. Por eso estoy
desesperado y me siento pesimista.
No sé cómo convencer a la gente sin
necesidad de pasar por otras tres
Intifadas. Le voy a dar también otro
punto de vista: los políticos de los
dos bandos hablan de segregación y
partición, como si separar fuera la
única solución. Pero en la sociedad
de Israel está ocurriendo otra cosa.
Por ejemplo, en Galilea está
surgiendo algo que no había antes,
escuelas bilingües. Algunos de los
padres que envían a sus hijos a
aprender árabe son incluso votantes
del Likud. Y si tú les preguntas
¿pero cómo?, ellos responden, nos
guste o no nos guste, quizá no lo
veamos, pero creo que nuestros hijos
o nuestros nietos tendrán que saber
el árabe. Porque aquí acabará
habiendo un sistema conjunto. Se
construye un muro entre Cisjordania
e Israel, entre Jaffa y Tel Aviv,
entre el Nazaret judío y el árabe,
en medio de la Galilea, donde el 60%
de la población es palestina. Se
construye un muro... No hay fin a
los muros. Pero ya no hay manera de
separar los dos pueblos. Si es buena
o mala, esto es otra cuestión. Pero
para separar tienes que hacer
limpieza étnica y no funcionaría.
P. ¿Pero la dinámica
internacional les está empujando en
un sentido opuesto?
R. Es cierto. La realidad es
que el único superpoder apoya la
política de Israel y el cuarteto
-Estados Unidos, Unión Europea,
Naciones Unidas y Rusia- apoya la
solución de los dos Estados. Así que
es muy difícil proponer otra cosa.
Bush es como un piloto, que nos
tiene cautivos en su avión, que se
va a estrellar. Tenemos dos
opciones, o decimos que no se puede
hacer nada o tenemos el valor
suficiente como para decir que hay
que hacer algo. Creo que la
Administración de Bush está
empujando a Oriente Próximo hacia un
futuro terrible y que permite hacer
a Israel lo que quiera. La pregunta
es cómo oponerse a ello. Creo que la
única esperanza será la sociedad
civil de Occidente, que finalmente
comprenderá lo que sus políticos no
entienden.
P. ¿Y en este contexto cómo
puede hacer llegar sus ideas a los
israelíes?
R. Desgraciadamente no hay
ninguna fuerza significante en
Israel para un cambio. Lo único que
puede forzar un cambio es la presión
externa. Creo que incluso deberían
considerar la aplicación de
sanciones, al menos para acabar con
la ocupación. Yo digo que Israel
tiene dos opciones: o atentados
suicidas o sanciones. Prefiero las
sanciones. No creo en los ataques
suicidas. A corto plazo, trabajo muy
poco aquí, prefiero hacerlo en
América. Para mí, una de las cosas
más urgentes es acabar con la
ocupación. Sharon tiene planes. No
hemos visto aún lo peor. Tengo una
misión urgente, bloquear la política
israelí, y esto no puedo hacerlo
desde dentro. Por eso voy a América,
a Europa, a cualquier sitio donde
pueda hablar. Hace unos días estuve
en Ohio y un imam me dijo: "Su
discurso es mejor que diez atentados
suicidas, porque es mucho más
efectivo". A largo plazo, sólo
trabajo en la educación.
P. Propugna un boicot
académico como parte de la presión
exterior contra Israel. ¿Por qué?
R. Estoy hablando no de un
boicot individual, sino
institucional. No lo veo como un
castigo sino como un mensaje. Es más
bien una manera de intentar parar lo
que van a hacer. Yo sé lo que Israel
está preparando. Es terrible; más
limpieza étnica, más asesinatos, más
terror, más terror de Estado. Los
israelíes trabajan con la hipótesis
de que tienen carta blanca de
Estados Unidos para hacer lo que
quieran. Y si les das carta blanca,
te dirán que lo que quieren es no
ver ni un solo palestino en
Palestina. Las discusiones entre
ellos quedan reducidas al método.
Los más fanáticos dicen que hay que
continuar como ahora, los otros
opinan que hay que hacerlo con
sistemas sofisticados, de forma
indirecta. Hay que pararlos. |