Artículos de opinión
 

 

El muro de la vergüenza

 

Matthew Brubacherhacene Belmessous   

 

 Le Monde diplomatique .  Noviembre de 2002

El "muro de seguridad" que el gobierno israelí está construyendo
alrededor de Cisjordania y de Jerusalén modificará radicalmente el
paisaje geográfico y político de Medio Oriente. Al erigir una barrera
tres veces más alta y dos veces más ancha que el muro de Berlín (que
Alemania oriental llamaba "muro de la paz" y Alemania occidental "muro
de la vergüenza") Israel va a anexar unilateralmente una parte
importante de Cisjordania, a la vez que reforzará el control militar
en torno de las ciudades palestinas, en las que mantendrá eficazmente
encerrados a sus habitantes.
El Estado hebreo ya había levantado un primer muro alrededor de Gaza,
consistente en una barrera electrificada y hermética, durante la
primera Intifada (1987-1993). Ese cerco le permitió mantener su autoridad
sobre sus dieciséis colonias y al mismo tiempo controlar los movimientos de los palestinos. Actualmente Israel mantiene bajo control el 50% de
Gaza y confina a 1.200.000 millón de personas que allí viven a un espacio
apenas dos veces más grande que Washington DC.
Los palestinos de Cisjordania van a padecer el mismo destino que los
de Gaza. La primera etapa consiste en separar Israel de la mayor parte
delnorte de Cisjordania. El muro sigue las fronteras de 1967, a la vez
que anexa numerosas colonias; rodea varios territorios palestinos clave, y divide otros en varias partes. Zonas palestinas como la aldea de
Qaffin se verán así privadas del 60% de sus tierras agrícolas, mientras que otras, como la ciudad de Kalkilya, no sólo perderán sus tierras, sino
que el muro las aislará de Cisjordania y de Israel. Ese tramo del
muro, que le cuesta al gobierno de Israel más de un millón de dólares el
kilómetro, está fortificado con paredes de cemento armado de 8 metros
de espesor, torres de control cada 300 metros, fosas de 2 metros de
profundidad, alambres de púas y rutas de circunvalación.
La primera parte de ese muro "del norte" se extiende a lo largo de 95
kilómetros, desde Salem hasta Kafr Kassem, y concretará de hecho una
anexión del 1,6% de Cisjordania, incluyendo 11 colonias israelíes y
10.000 palestinos. El Estado hebreo piensa incorporar esa zona a
Israel, con lo cual, cuando se reanuden las conversaciones sobre el estatuto final, dar marcha atrás tendrá un costo político tan alto, que la anexión será considerada irreversible. Por lo tanto se trata en
realidad de una estrategia para desplazar la línea verde.
La construcción del muro en torno de Jerusalén Este es aún más
devastadora para las aspiraciones palestinas de poseer un Estado
propio.
Mientras que en el norte el muro nunca pasa más de 8 kilómetros al
interior del territorio, en Jerusalén entra de manera mucho más
profunda. Esa diferencia muestra que la lógica israelí varía según se
trate del muro del norte o del de Jerusalén. Las aspiraciones mínimas
de Israel, correspondientes a las propuestas formuladas en las reuniones
de Camp David (julio de 2000) y de Tabá (enero de 2001) prueban que el
Estado hebreo piensa conservar las colonias situadas en el norte, que
actualmente se hallan del otro lado del muro. Eso confirma, como lo
repitieron el primer ministro Ariel Sharon y el ministro de Defensa
Benyamin Ben Eliezer, que en esa región el muro no representa una
frontera política. En cambio, en Jerusalén su construcción refleja las
aspiraciones israelíes y sí representa una frontera política.
A fin de consolidar su control sobre el Gran Jerusalén, el Estado
hebreo concentra sus construcciones en esa región. En el "plan de desarrollo de Jerusalén", aprobado por Sharon a principios de año, el muro debe seguir las fronteras tal como los israelíes las definieron luego de la anexión de Jerusalén Este en 1967, e incluir además los dos grandes bloques de colonias de Givon y Adumim, que se hallan fuera del territorio anexado.
Esa incorporación del Gran Jerusalén al Estado hebreo plantea
numerosos y graves problemas, pues implica la incorporación de un gran número de palestinos, subrayando así las contradicciones entre los imperativos demográficos y los de seguridad. Para resolver ese problema, Israel trata de construir dos muros en torno de Jerusalén. El primero es una separación interna, levantada principalmente en torno de las fronteras municipales definidas por Israel. El segundo será una separación externa alrededor de los bloques de colonias. A diferencia de las fortalezas medievales, esos muros de Jerusalén estarán compuestos por una barrera electrificada,  una ruta de circunvalación, y en determinados lugares contarán con fosas, paredes de cemento y detectores de movimientos. Los dos muros son como un collar que uniera las colonias israelíes existentes y los sitios militares. La idea es vincular colonias ya protegidas por cordones de seguridad y reforzar así el control sobre
todos los espacios que las separan.
Por ahora, Israel se concentra en la construcción de barreras para
separar las zonas israelíes de la población palestina. En el norte
construyó un muro que atraviesa la zona de Qalandia para así disociar
Jerusalén de Ramallah. Al Este se levantó una pared de cemento a lo
largo del Monte de los Olivos para aislar las zonas palestinas de Abu
Dis y Azzaria del resto de Jerusalén. En el sur, un muro y una fosa
separan Belén de Jerusalén, lo que además implica la anexión de una
parte considerable de las últimas tierras municipales palestinas. De
esa manera, Israel anexa el sitio llamado la tumba de Raquel, sagrado
tanto para los judíos como para los musulmanes, que sin embargo se hallaba situado bien adentro de Belén y rodeado de dos campamentos de
refugiados.
Alentado por la ausencia de condena internacional a esas acciones, el
alcalde Ehud Olmert prepara también la construcción de un muro en
torno de Kufr Aqab y del campamento de refugiados de Qalandia. Los
habitantes palestinos de esa zona, situada en la parte norte de la municipalidad israelí de Jerusalén, disponen de tarjetas de residentes de Jerusalén y pagan impuestos, pero no tienen acceso a los servicios municipales.
Además, el puesto de control de Qalandia limita sus posibilidades de
entrar a Jerusalén. Para colmo, Olmert piensa construir un muro
adicional para separar esas zonas de Cisjordania, encerrando así a sus
habitantes en una prisión virtual.
Una vez que el muro entre el norte de Cisjordania y Jerusalén esté
concluido, el Estado hebreo habrá anexado el 7% de la banda
occidental, incluyendo 39 colonias y unos 290.000 palestinos, 70.000 de los cuales no tienen oficialmente derecho a residir en Israel, y por lo tanto no disponen de derecho a viajar ni a los servicios sociales israelíes, aun cuando Israel les ha suprimido todo modo de existencia en Cisjordania.
Esos 70.000 palestinos padecen una situación de extrema vulnerabilidad

y es seguro que serán progresivamente forzados a emigrar. Si el muro se
extiende hacia el sur hasta Hebrón, se estima que Israel habrá anexado
otro 3% de Cisjordania.
El gobierno israelí construye el muro y extiende sus colonias
basándose en el principio según el cual "lo que construimos hoy lo conservaremos mañana". Las negociaciones de Oslo (que no previeron ningún mecanismo para impedir las acciones que atentaban contra la búsqueda de la paz) y los parámetros propuestos en diciembre de 2000 por el presidente de Estados Unidos William Clinton: "Lo que es judío en Jerusalén será
israelí, y lo que es árabe será palestino", legitimaron esa lógica,
contraria sin embargo a la legislación internacional, que incluye
decenas de resoluciones de las Naciones Unidas.
La comunidad internacional parece estar unificada tras el Cuarteto (1)

y su propuesta para reanudar las negociaciones sobre el estatuto final
dentro de tres a cinco años, pero prácticamente no ha reflexionado
sobre qué tipo de Estado palestino se podrá negociar por entonces. Para que las negociaciones tengan alguna posibilidad de reiniciarse y de
avanzar la comunidad internacional debe imponer no sólo un congelamiento de la colonización, sino implementar además medidas que inciten a los
colonos a abandonar los territorios ocupados. Tal política no puede estar
sujeta a condiciones previas o a un alto el fuego. Entre los numerosos puntos que se analizarán durante las negociaciones de paz, el de las colonias y el de la construcción del muro encierran un peligro real y estructural para la paz en la región, y más precisamente, para cualquier
perspectiva de coexistencia entre dos Estados independientes y viables.