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Palestina: Visitando Yatta


Arjan El Fassed - Electronic Intifada

Traducción para Rebelión: Germán Leyens

13 de julio de 2001, Yatta, Palestina—Ahmad tiene siete años. Por la noche duerme con su familia en Yatta, una comunidad rural de proporciones considerables al sur de Hebrón. Durante el día, Ahmad, sus padres, y otros parientes, permanecen en tiendas de campaña colocadas sobre el sitio donde solían vivir antes de que las aplanadoras israelíes destruyeran sus casas improvisadas, desarraigaran árboles y viñedos y destruyeran los pozos de agua, dejando a quinientos palestinos sin hogar.

"Ven, te mostraré nuestra casa," me dice Ahmad, mirándome con sus grandes ojos. Ahmad me toma por la mano y subimos el cerro, pasando los últimos escombros, mientras su dedito apunta a una cueva, rellena ahora con rocas, arena, los restos de un coche, y otros materiales. Se ven claramente las huellas de la aplanadora que propulsó los escombros dentro de la cueva, sellando su entrada.

Ahmad toma de nuevo mi mano y apunta a un pozo, ahora completamente cubierto con rocas y arena. El ejército israelí destruyó los pozos de la familia de Ahmad. Dado que su casa está al borde del desierto, la vida sin agua es imposible. En esta zona, las pequeñas comunidades palestinas viven sobre todo de la agricultura y del pastoreo de ganado.

El grupo israelí Rabinos por los Derechos Humanos, había organizado una visita solidaria al área. Al participar en la visita, no tenía en claro qué ruta debiéramos tomar. El área, al sur de Hebrón, había sido sometida a fuertes bombardeos por el ejército israelí el día antes. Nueve áreas residenciales palestinas fueron bombardeadas durante nueve horas por las fuerzas armadas israelíes a lo largo de la ruta 60. La artillería provenía de una serie de asentamientos israelíes que rodean Hebrón.

El jueves pasado, las fuerzas armadas israelíes utilizaron munición pesada y artillería desde tanques para atacar una serie de vecindarios palestinos en la misma zona, hiriendo a 22 palestinos, incluyendo a cuatro niños. El mismo día, colonos armados de Kharsina y Kiryat Arba', situados dentro de Hebrón, recorrieron la ciudad atacando a civiles palestinos y destrozando propiedad con la protección y el apoyo evidente de las fuerzas de ocupación israelíes.

A principios de esta semana, Rasmia Jabarin, madre de dos, de 38 años, fue muerta después de que su taxi evitó un puesto de control militar israelí cerca de Hebrón. Después que el vehículo tomó un desvío por un camino sin pavimentar, un jeep del ejército israelí apareció detrás e hizo señales de que se detuviera. El chofer no se detuvo, y después de unos pocos minutos, el jeep militar se puso al par de la furgoneta, y un soldado disparó un solo tiro, hiriendo fatalmente a Jabarin de una bala en la cabeza.

Decidimos tomar una ruta a través del desierto de Néguev, pasando así llamadas aldeas beduinas "no reconocidas" dentro de Israel, para llegar al área cerca de Yatta en Cisjordania, desde el sur. Nuestro grupo de activistas por los derechos humanos locales e internacionales caminó a través de algunos viñedos, viendo áreas destruidas en las que solían albergar animales de la comunidad.

Estas comunidades palestinas están esparcidas entre los siete asentamientos israelíes que fueron establecidos en la zona a partir de los años 70. En 1982, unos 86000 dunums (21500 acres) de tierra en la que estaban viviendo las comunidades palestinas fueron declaradas zona militar cerrada y se exigió a los palestinos que evacuaran las cuevas que habían convertido en sus hogares. Sólo unas pocas docenas de familias permanecieron en sus habitaciones, logrando anular hace dos años una orden de evicción, mediante una apelación a la Alta Corte de Justicia de Israel.

La orden de la Alta Corte, promulgada en respuesta a una apelación por abogados israelíes por los derechos humanos, representando a muchos de los palestinos expulsados, rectificó a los oficiales militares que habían rehusado el permiso para que los habitantes de las cuevas retornaran. En esa época, varias cientos de palestinos fueron expulsados de poblados de cuevas en los cerros rocosos al sudeste de Hebrón, diciendo que estaban viviendo en una "zona de fuego militar". La mayoría fue expulsada en noviembre de 1999, unos pocos días después de que colonos militantes habían sido removidos de Maon Farm, un puesto de avanzada ilegal israelí. Los colonos habían exigido que los palestinos también fueran removidos. Las familias palestinas expulsadas encontraron refugio en tiendas de campaña y edificios desocupados en las aldeas vecinas. El grupo israelí por los derechos humanos B'Tselem contó más de 700 personas entre los desplazados.

Hace dos años, las autoridades israelíes de ocupación argumentaron que los habitantes de las cuevas podían ser expulsados legalmente de la zona de fuego porque no eran residentes permanentes, sino que campesinos temporeros que vivían en las cuevas unos pocos meses del año, mientras mantenían casas en la vecina aldea de Yatta, En realidad, los palestinos han estado viviendo en las cuevas todo el año durante generaciones, pastoreando ovejas y cultivando las tierras vecinas. No tienen otras casas, y la violenta evicción los ha obligado a mudarse a refugios improvisados en las aldeas vecinas.

El 3 de julio de 2001, el cadáver del colono israelí Yair Harsinai, del cercano Sussya, fue encontrado en tierras de pastoreo a un kilómetro del asentamiento. Según parece había sido asesinado. Había habido una prolongada y encarnizada controversia entre los colonos de Sussya y los pastores palestinos de la zona, después de la entrega de miles de dunums de tierras de pastoreo a los colonos. En Wadi al-Rakheem, al este de Yatta, numerosos palestinos fueron arrestados mientras sus hogares estaban siendo demolidos. Las aplanadoras israelíes demolieron 8 cuevas, algunas casas hechas de arcilla, y 5 pozos de agua construidos, de propiedad de la familia Zein.

El mismo día, las fuerzas israelíes invadieron la localidad palestina de Yatta, después de sitiarla con tropas y vehículos armados. Luego pasaron a obligar a los mil residentes a abandonar sus casas, antes de demolerlas. Después de descubrir el cuerpo del colono en Wadi al-Rakheem, el ejército israelí había establecido el toque de queda en el sector sudeste de Yatta, incluyendo Wadi al-Rakheem, Khirbit Al Nabi, Mnaizil, Al Shatima y Susia. Luego irrumpieron en las casas, atacaron a la gente, los obligaron a dejar sus hogares y apartaron a los hombres, mientras las aplanadoras arrasaban sus casas y cobertizos. Después liberaron a los mayores, pero detuvieron a 35.

"Cuando se mata a un colono israelí, destruyen casas y arrestan a nuestra gente, pero si se mata a un palestino, los colonos se quedan en sus asentamientos ilegales, y no se detiene a nadie", se quejaba una palestina. Las aldeas han sido frecuentemente cercadas por imposición israelí.

Desde la demolición de sus casas, los deportados de la zona de Yatta han estado viviendo con sus rebaños en las aldeas circundantes, en tiendas de campaña, soportando condiciones climáticas durísimas, y esperando retornar a las aldeas de las que fueron expulsados.

Nuestra delegación, formada sobre todo por representantes de una serie de organizaciones israelíes de derechos humanos, tales como Rabinos por los Derechos Humanos, B'Tselem, el Comité Israelí Contra Demoliciones, y el Centro de Información Alternativa, habló con las familias, así como con representantes del Comité Palestino de Defensa de la Tierra, que han estado ayudando a las familias.

En un cierto momento, un jeep del ejército israelí se acercó y se detuvo. Tres soldados se bajaron y quisieron saber qué pasaba. El rabino Arik Ascherman, director ejecutivo de Rabinos por los Derechos Humanos, se les acercó y habló con los soldados, que al parecer tenían problemas para discernir de qué comando militar israelí debían recibir sus órdenes. Podrían fácilmente haber calificado el área de zona militar cerrada y haber arrestado a todos los presentes, como lo han hecho otras veces.

Llegó otro jeep militar israelí. Ahora había nueve soldados israelíes presentes, vigilando lo que sucedía.

Un viejo palestino comenzó a hablar con uno de los solados israelíes que comprendía árabe. "¿Es normal esto?", le preguntó al soldado. "Mire lo que su gente ha hecho" dijo, mostrando los escombros. "¿Es normal esto?"

"¿Cómo te llamas?", le pregunté a una niñita que estaba junto a nosotros. "Hanan", replicó tímidamente la niña de diez años. "¿Dónde vives?" Me miró y, sin palabras, mostró el suelo con su pequeño dedo índice.

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