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“Me dí cuenta de lo estúpido que
era todo”
La historia
del sobrino objetor de Benjamín Netanyahu
The Guardian
Traducido para
Rebelión por L. B.
Su tío es el
halcón y antiguo primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu. Pero
Jonathan Ben-Artzi es un objetor de conciencia que ha cumplido
varios meses de cárcel por negarse a ingresar en el ejército. Hoy se
enfrenta a un tribunal militar en toda regla. Explica a Chris
McGreal por qué no combatirá.
Jonathan
"Yoni" Ben-Artzi al fin llegó a entender su objeción mientras
deambulaba por entre las hectáreas de cruces blancas producidas por
una guerra distante de esa otra en la que le ordenan combatir a él.
Desafiante pero de aspecto adolescente y vulnerable, el estudiante
de físicas de 20 años dice que desde que fue lo suficientemente
mayor para comprender lo que significaba el ejército -un
conocimiento que se adquiere bastante pronto en Israel-supo que
nunca vestiría su uniforme. Pero no supo realmente por qué hasta que
fue a Verdun, donde más de 700.000 hombres cayeron durante la
Primera Guerra Mundial sacrificados en el altar de la futilidad.
"Siempre supe que no iría al ejército, pero sólo supe la razón
cuando tenía 14 años. Visitamos Francia y algunos campos de batalla
y allí vi hileras interminables de tumbas", explica. "Entonces me di
cuenta de lo estúpido que era todo aquello. Tantas vidas
sacrificadas y ni siquiera sabían realmente por qué luchaban. Nunca
les dijeron la verdad".
A causa de sus opiniones, Ben-Artzi ha pasado más tiempo en la
cárcel que ningún otro objetor de conciencia israelí. Es también el
refusenik más conocido porque es sobrino de Benjamin
Netanyahu, el belicoso antiguo primer ministro del país. La suya es
una familia de héroes israelíes. Los abuelos de Ben-Artzi fueron
célebres luchadores por la independencia de Israel, y comparte su
primer nombre con un Netanyahu al que nunca conoció y que resultó
muerto en el curso del audaz asalto de Entebe de 1976 para rescatar
a los rehenes de un avión capturado por raptores alemanes y
palestinos en la Uganda de Idi Amin.
Como uno de los 10 jóvenes encerrados por negarse a cumplir los tres
años de servicio militar, Ben-Artzi ha hallado otro tipo de coraje.
Ha pasado en prisión más de 200 días --jalonados por comparecencias
intermitentes ante un tribunal militar--, es decir, más tiempo del
que ha permanecido encerrado ningún soldado condenado recientemente
por el "asesinato ilegal" de un palestino inocente. Ahora el
ejército israelí está aumentando la apuesta mediante un intento sin
precedentes por encerrar a Ben-Artzi durante años cuando se enfrente
hoy al tribunal militar. Pero la estrategia podría ser
contraproducente y obligar al estamento militar a reconocer lo que
hasta la fecha se ha negado a admitir: que los pacifistas judíos
efectivamente existen.
Ben-Artzi y sus compañeros objetores se diferencian de los
centenares de refuseniks más viejos que cumplieron su
servicio militar combatiendo hasta las puertas de Beirut o
enfrentándose a los palestinos en la primera Intifada. Hoy se niegan
a responder a la llamada a filas porque están en contra de la
continua ocupación de la tierra palestina o de las tácticas de un
ejército que impone su propia modalidad de terror y castigo
colectivo a la población sometida.
Ben-Artzi es diferente. Su objeción golpea directamente el meollo
mismo de aquello en lo que Israel se ha convertido, y ello
claramente pone nervioso al ejército. "En Israel el ejército es una
especie de Dios y se supone que yo debía adorarlo desde tan temprano
como me alcanza la memoria", explica. "En la escuela teníamos
actividades militares. Los estudiantes del instituto asisten a
"exhibiciones de fuego" del ejército que se realizan para inducirlos
a alistarse. Están haciendo una apuesta con esos niños para
reclutarlos en los cuerpos de paracaidistas, de ingenieros o de lo
que sea. Los llevan por un pasillo que conduce a la institución
militar. Se ejerce una enorme presión social por parte del director
de la escuela, los profesores, los amigos".
El ejército posee un status mítico entre muchos israelíes.
Prácticamente cada hombre es identificado por su unidad militar casi
tanto como lo es por su carrera. Pero mientras que otros alumnos
escogían escribir sus redacciones sobre las proezas de Moshe Dayan,
Ben-Artzi escribía sobre pacifismo. Se negó a asistir a clases de
judo porque había que utilizar la fuerza y nunca ocultó a nadie la
aversión que le producía la militarización de la sociedad israelí.
"Cuando tenía 14 años hicimos una excursión al mar de Galilea
pasando por los territorios ocupados. Le dije al profesor que yo no
iba a ir porque no está bien llevar a niños de excursión a través de
aldeas en las que [los palestinos] están encerrados en sus casas
bajo toque de queda. Siempre tenía discusiones en la escuela. La
cosa fue empeorando hasta mi último año, cuando con 17 o 18 años me
llegaron las primeras órdenes para ser entrevistado por oficiales
del ejército. Les dije que no me alistaría".
Sin embargo, el ejército insiste en que Ben-Artzi no es un
pacifista. La ley israelí obliga a todo varón joven, con excepción
de los judíos ultraortodoxos, a cumplir tres años de servicio
militar. Hace siete meses Ben-Artzi se presentó ante la coronel
Deborah Chassid en el centro de reclutamiento militar y le dijo que
no tenía intención de presentarse a filas. No estaba sólo. Unos
pocos días más tarde otro adolescente se plantó ante Chassid y le
expuso similares argumentos.
"Le dije que objeto totalmente al asesinato", dice Uri Ya'akovi, de
16 años. "No me imagino a mí mismo tomando parte en un asesinato,
aunque sea indirectamente. Eso les dije, pero ellos no escuchan. Lo
único que quieren es asustarte. Te dicen que en la cárcel te
violarán. Dicen que eres un traidor. Otros muchachos decían que
también objetarían, pero después de eso sólo unos pocos mantienen el
tipo y van a la cárcel".
Chassid sentenció a los dos muchachos a un mes de reclusión en la
prisión militar nº 4, tristemente célebre porque la vida transcurre
allí bajo una lona y en medio de una durísima disciplina.
Ben-Artzi ejerció su derecho a ver uno de los "comités de
conciencia" que el Gobierno estableció a regañadientes tras
suscribir las convenciones internacionales de derechos humanos.
Cuando entró en la habitación descubrió que todos los miembros del
comité eran oficiales militares en activo. "Me hicieron preguntas.
Les respondí. Decidieron que no soy un pacifista. Es una decisión
automática. Jamás le han reconocido a nadie su condición de
pacifista. Israel es el único país donde se proclama oficialmente
que los pacifistas no existen".
El comité llegó a la interesante conclusión de que su obstinada
oposición al ejército delataba cualidades de soldado y que, por
consiguiente, era imposible que fuera un pacifista. "Es política",
dice Ben-Artzi. "El único tipo de objeción de conciencia que
reconocen es la de los judíos que alegan motivos religiosos".
Existen otras formas para evadir la conscripción. Cada año miles de
muchachos se procuran un psicólogo que les declara mentalmente
inestables. El padre de Uri Ya'akovi, Adam Keller, hizo más que eso
hace una década. "Me negué a servir en el Líbano, así que me
pusieron de lavavajillas en un regimiento de tanques. En 1988, a
principios de la Intifada, salí una noche y escribí sobre los
tanques: 'Soldados, negaos a ser ocupantes y agresores. No vayáis a
los territorios ocupados'".
Keller garabateó la frase sobre 117 tanques antes de que le cogieran
la segunda noche. "Aquello me costó tres meses de cárcel", cuenta.
"Cuando estaba en el instituto, unos alumnos distribuyeron panfletos
sobre lo que estaba pasando en los territorios ocupados. La gente
decía que era imposible que nuestros soldados hicieran semejantes
cosas. Hoy se leen cosas mucho peores en los diarios y a la gente no
le importa. Solíamos decir que a poco que la gente supiera lo que
estaba pasando todo se detendría. Ahora la gente lo sabe, pero nada
se ha detenido".
Finalmente Keller se escabulló del ejército haciéndose declarar
mentalmente incapacitado. "Un psiquiatra me preguntó qué me
motivaba. Le dije que me motivaba la gente que a lo largo de la
Historia ha luchado por la justicia. Entonces dijo: `¿Qué tal si
decimos que oyes la voz de la Historia?' Así es como conseguí mi
baja del ejército: escribió en mi informe que oía voces de la
Historia".
Hace diez días su hijo, Uri Ya'akovi, decidió finalmente plantar
cara al ejército ante un "comité de competencias". "Me dijeron que
no querían oír hablar de pacifismo ni de objeción de conciencia",
explica. "Yo dije que no quería ingresar en el ejército porque no me
gusta el uniforme. En parte es cierto, ¿sabes? No me gusta el
uniforme, pero magnifiqué el asunto."
La razón oficial de los militares para deshacerse de Ya'akovi fue
que "su baja motivación y moral lo hacían inadecuado para servir en
el ejército", sin reconocer el principio pacifista.
La semana pasada, un brigadier general invitó a Ben-Artzi a mantener
una charla con él. "No te estoy hablando de general a recluta, sino
como Avi a Yoni, ¿OK?", dijo el militar. El general tenía una
propuesta. Si Ben-Artzi aceptaba alistarse se le concedería "un
servicio sencillo, sin armas, uniformes o entrenamiento militar". Se
le encontraría un empleo en un hospital. Ben-Artzi contestó que
estaba dispuesto a cumplir tres años de servicio, pero no en una
organización dedicada a matar. El ejército cambió de táctica.
Declaró que Ben-Artzi estaba alistado y convocó el primer consejo de
guerra contra un objetor de conciencia de las tres últimas décadas.
La pena máxima es de tres años -la duración del servicio militar.
Aunque Ben-Artzi fue un preso modélico que nunca trató de evadirse
durante los 200 días que permaneció encarcelado, fue esposado cuando
abandonó su nueva celda. La que le asignaron carecía de muebles y le
servían la comida sin cuchillo ni tenedor.
En la audiencia inicial el fiscal militar describió a Ben-Artzi como
una persona "de catadura similar a la de un desertor o a un
drogadicto", y dijo que el joven prisionero no era pacifista porque
"el correspondiente comité militar ha revisado ya su caso" y ha
decidido que no lo es. Añadió que dejar en libertad a Ben-Artzi
"minaría la disciplina del ejército".
La opinión está dividida acerca de si a Ben-Artzi lo están
utilizando como cabeza de turco a causa de su tío. Ya'akovi opina
que sí. "Creen que Yoni es el líder de esta protesta, que todos
vamos detrás de él porque su familia es poderosa. Pero no es
cierto", explica.
Ben-Artzi difiere, y quizá tenga razón. Su rechazo absoluto a
claudicar una micra ante el ejército ha hecho de él un cliente
particularmente embarazoso.
Netanyahu no se ha implicado directamente en el caso, excepto para
decir que le gustaría que su sobrino cambiara de opinión. Es muy
improbable que Ben-Artzi lo haga, y hasta puede que sea el ejército
quien finalmente se vea obligado a modificar su actitud. El tribunal
militar de hoy inicia el camino hacia el Tribunal Supremo, donde
abogados defensores de los derechos humanos consideran que el joven
refusenik podrá finalmente exponer su caso ante un panel de
jueces civiles más susceptibles de ser persuadidos de que en Israel
los pacifistas definitivamente sí existen.
Martes, 11 de marzo del 2003
http://www.guardian.co.uk/g2/story/0,3604,911588,00.html
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