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Informe
de un testigo presencial de la matanza de Sabra y Shatila en 1982 Ben Alofs Traducción para Rebelión: Germán Leyens Soy un médico holandés y vivo actualmente en el Norte del país de Gales. En el verano de 1982 estuve trabajando como enfermero en Beirut Occidental, que en esos días estaba sitiado por el ejército israelí. El negociador estadounidense Philip Habib había mediado en un acuerdo, según el cual el ejército israelí se abstendría de ocupar Beirut Occidental, después de la partida de los fedayín palestinos. Un segundo aspecto fundamental del acuerdo era que EE.UU. garantizaría la seguridad de la población civil palestina que quedaba atrás. La evacuación, supervisada por la fuerza internacional de mantenimiento de la paz, fue terminada el 1 de septiembre. La fuerza internacional de mantenimiento de la paz partió entre el 10 y el 13 de septiembre, mucho antes del 26 de septiembre, la fecha que había sido acordada. El 3 de septiembre tuvo lugar la primera violación del acuerdo Habib, cuando las fuerzas israelíes ocuparon Bir Hassan, en los suburbios meridionales de Beirut. Antes de que ocurriera, Sharon había declarado que quería que las fuerzas de mantenimiento de la paz abandonaran Beirut. Después del asesinato de Bahir Gemayel, el carismático y despiadado dirigente de los aliados falangistas de Israel, Ariel Sharon ordenó la invasión de Beirut Occidental con el pretexto de restaurar 'la ley y el orden'. En contradicción con esa declaración, Beirut Occidental estaba en ese momento perfectamente tranquilo. La invasión fue una seria violación del acuerdo Habib. Pero lo más importante es que desde el comienzo de la ocupación de Berlín Occidental, el Ejército israelí, siendo una fuerza de ocupación bajo la Cuarta Convención de Ginebra y el Protocolo 1, se convirtió en responsable de la seguridad de la población civil bajo su control. Los periodistas israelíes Zeev Schiff y Ehud Ya'ari describen cómo Sharon insistió en enviar milicianos falangistas a los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila (véase "La Guerra de Líbano de Israel"). Para lograr esto, Sharon había realizado reuniones el 15 de septiembre con Elie Hobeika, Fadie Frem y Zahi Bustani (dirigentes de los milicianos) así como con Amin y Pierre Gemayel, los dirigentes políticos del partido falangista. Los dirigentes del ejército israelí, incluyendo a Sharon, conocían muy bien el estado de ánimo de los falangistas, poco después del asesinato de su dirigente. Cualquiera con el menor conocimiento de los sentimientos de los falangistas hacia los palestinos, sabía lo que sucedería si se les dejaba entrar a los campos de refugiados. "Tell al-Zaater" es un nombre bien conocido tanto en Líbano como en Israel. Este campo en Beirut Oriental, donde encontré refugiados palestinos por primera vez en 1975, había sido sitiado durante 53 días por los falangistas y los milicianos Tigres maronitas, durante el verano de 1976. Después de la rendición de los palestinos, la Cruz Roja Internacional, que debía asegurar el "libre paso" de la población del campo, no pudo impedir el asesinato de más de 1000 civiles. Los comandantes del ejército israelí Eitan, Drori y Yaron hicieron comentarios sobre lo obsesionados que estaban los falangistas con la idea de la venganza, hablando de un 'mar de sangre' y de 'kasach' (palabra árabe significando 'acuchillar" o 'cortar'.) Mientras hacían estas observaciones, Ariel Sharon daba luz verde para que los falangistas penetraran Sabra y Shatila. Lo hicieron al anochecer del 16 de septiembre. Mientras se cometía la masacre, yo estaba trabajando en el hospital Gaza en Sabra. La situación era caótica y confusa. Muchos heridos fueron llevados al hospital y nuestra morgue se llenó rápidamente. La mayor parte de las víctimas tenían heridas por bala, pero unos pocos estaban heridos por metralla. El 17 de septiembre quedó en claro que los 'Kataeb' (Falangistas) y/o los milicianos de Saad Haddad (financiados y armados por Israel) estaban haciendo una carnicería entre la población civil. Un niño de 10 años fue llevado al hospital. Había recibido un balazo, pero estaba vivo. Había pasado toda la noche herido, yaciendo bajo los cadáveres de sus padres, hermanos y hermanas. En la noche los asesinos operaron ayudados por las luces de bengala israelíes. Yo estaba trabajando con un equipo de médicos y enfermeros escandinavos, británicos, estadounidenses, holandeses y alemanes. Habíamos insistido en que el personal palestino del hospital huyera a la parte norte de Beirut Occidental. El sábado por la mañana del 18 de septiembre, fuimos arrestados por los milicianos falangistas y de Haddad. Nos obligaron a abandonar a nuestros pacientes y nos llevaron fuera de Sabra y Shatila por la calle principal. Pasamos cientos de mujeres, niños y hombres que habían sido reunidos. Vimos cadáveres en la calle y en las callejas más pequeñas. Los milicianos nos gritaban y nos llamaban 'Baader Meinhof'. Un enfermero palestino que pensó que estaría seguro con nosotros, fue identificado y conducido detrás de un muro. Un momento más tarde sonaron los disparos. Justo antes de que llegáramos a la salida del campo, vi una imagen que quedará grabada para siempre en mi memoria: un gran montículo de tierra roja con brazos y piernas que sobresalían. Al lado del montículo había una aplanadora del ejército con marcas en hebreo. Justo después de salir del campo, se nos ordenó que nos sacáramos nuestra vestimenta hospitalaria y nos alinearon contra un muro. En ese momento llegó un oficial del ejército israelí en un vehículo militar. Nos salvó la vida, al ordenar a los milicianos que nos entregaran a los israelíes. A lo largo de las fronteras meridionales y occidentales de los campos vimos tanques y semi-orugas israelíes. Después de interrogarnos en sus cuarteles militares los falangistas nos llevaron al puesto avanzado de comando israelí a sólo 75 metros de distancia. Era un edificio de 4 o 5 pisos sobre el borde de Shatila. (Algunas semanas más tarde subí al piso superior. Permitía una excelente vista de la destrucción en Shatila.) Los soldados israelíes se sentían evidentemente incómodos, confrontados por más de 20 europeos y estadounidenses. Nos preguntaron qué queríamos. Les dijimos que queríamos volver al hospital Gaza. Imposible, nos dijeron, demasiado peligroso. Finalmente, dos de nosotros pudieron volver al hospital con un salvoconducto en hebreo y árabe. Había ciertamente coordinación entre israelíes y milicianos. Los israelíes tenían en gran parte el control. Les era imposible ver exactamente lo que estaba sucediendo en las estrechas callejuelas de Sabra y Shatila. Pero poco después de que comenzara la masacre, hubo informes individuales de soldados israelíes sobre los asesinatos. Ni una sola vez trató el comando militar israelí de responder terminando con la matanza. Grupos de civiles que salían de los campos con banderas blancas, fueron enviados de vuelta. Incluso en la mañana del sábado18 de septiembre, cuando nos sacaron de los campos, vimos grupos frescos de milicianos falangistas que entraban, bajo supervisión israelí, a los campos. Unos 20 minutos después de que habíamos pasado el gran grupo de mujeres, niños y personas mayores en la calle principal de Sabra, escuchamos una orgía de tiros de ametralladora. Swee, un traumatólogo, me dijo que una madre palestina había tratado de darle su bebé, como si hubiera sabido lo que iba a suceder. Arrancaron el bebé de manos de Swee, y lo devolvieron a su madre. El domingo 19 de septiembre volvimos a Sabra y Shatila con dos periodistas daneses y uno holandés. El ejército libanés había rodeado el campo y trataba de excluir a los periodistas. Encontramos una manera de entrar. A todos nos estremeció la dimensión de la destrucción y el salvajismo de los asesinatos. Los israelíes habían instruido a los milicianos para que abandonaran los campos en algún momento durante el sábado. Estos últimos habían logrado causar una terrible destrucción y numerosas muertes después de sacarnos de los campos el sábado por la mañana. La Defensa Civil Libanesa había comenzado con la recuperación de los cuerpos que no habían sido enterrados por las aplanadoras. Nunca sabremos cuánta gente fue masacrada durante esos terribles días del 16, 17 y 18 de septiembre de 1982. ¿Tal vez 1500? ¿2000? ¿O incluso más? Cuando las lluvias de otoño comenzaron a caer a fines de noviembre, las alcantarillas bloqueadas inundaron Sabra y Shatila. La congestión fue ocasionada en parte por cuerpos que habían sido lanzados a las alcantarillas. Los cuerpos que fueron recuperados por la Defensa Civil Libanesa fueron enterados en una fosa común en Shatila. Una gran fosa común en un campo de golf cercano, y otras fosas comunes, jamás fueron abiertas. Prohibido por el gobierno libanés y su nuevo presidente Amin Gemayel, hermano de Bashir. El primer ministro Begin dijo: "Los goyim matan a los goyim y acusan a los judíos." Desde luego, Hobeika, Frem y sus bandas fueron los responsables directos. Pero esto jamás pudiera haber sucedido, si Sharon no hubiera dado, de buen grado y a sabiendas, luz verde para la operación. Sharon quería destruir los últimos restos de la infraestructura de la OLP en Líbano, a cualquier precio. Estuve presente en Sabra y Shatila. No había '2000 a 3000 terroristas' como pretendía Sharon. Los únicos 'terroristas' que quedaban, era una cantidad de muchachos de 10 a 12 años, que trataban de proteger a sus familias con minúsculos rifles utilizados para cazar pájaros. Si se hubieran quedado, aunque sólo fueran cien fedayín, nada de esto hubiera sucedido. Cuando alguien coloca una serpiente venenosa en la cuna de un bebé y el bebé muere, la responsabilidad directa es de la persona que puso la serpiente en la cuna. Por ello los comandantes israelíes Eitan, Dori y Yaron son los directamente responsables, pero sobre todo Ariel Sharon. Él era el jefe. Él podría haber impedido esta tragedia, pero quería expulsar a los palestinos de Beirut hacia Jordania, que era el 'estado palestino' según Sharon. Regreso a Deir Yassin. 'Animales de dos piernas' es lo que Begin llamó a los palestinos en 1982. Eitan hablaba de "cucarachas drogas en una botella'. Esta deshumanización de los palestinos era, y aún es, la causa del cruel desprecio en el ejército israelí por la vida de palestinos. Los miles de israelíes que manifestaron en Tel Aviv deben ser elogiados. En Israel por lo menos hubo una investigación de la matanza por la comisión Kahane. El juez investigador libanés, Germanos, para su vergüenza, no pudo determinar la identidad de los perpetradores libaneses. Las conclusiones de la comisión Kahane estaban fatalmente viciadas y se consideró que Sharon era solamente el responsable indirecto y que por ello no era adecuado para ser ministro de defensa. Pero ¿lo hace adecuado para ser primer ministro de Israel? ¿Cómo explica esto la Corte Suprema de Israel? A mi juicio, a la luz de lo que acabo de exponer, Ariel Sharon es un criminal de guerra. Las víctimas de crímenes de guerra piden a gritos justicia. Por eso hay que juzgar a Augusto Pinochet, a Radovan Karadzjic, Ratko Mladic, y Slobodan Milosevic. El asesinato de Intissar Ismail exige justicia. Intissar era una atractiva enfermera palestina de 19 años, con la que yo estaba trabajando en el hospital Akka en Shatila durante la noche del 1e4 al 15 de septiembre. Todo estaba tranquilo en nuestra sección y estábamos escuchando la radio. El locutor confirmó la muerte de Bashir Gemayel. Pude ver el miedo en la cara de Intissar. Traté de tranquilizarla. A la mañana siguiente a las siete, dejé el hospital y me fui a la calle principal de Shatila. De repente aviones de guerra israelíes pasaron a baja altitud por sobre los campos. Saliendo de los campos, tomé un taxi a Ras Beirut. En las esquinas vi a jóvenes libaneses. Estaban armados y miraban hacia el sur. ¿Qué esperaban? Seis días más tarde de lo que había planeado, volví a los restos calcinados del hospital Akka. El conductor de una ambulancia me dijo que Intissar había estado en la residencia de enfermeras, en el departamento subterráneo del hospital, cuando entraron los falangistas. Fue violada en grupo y asesinada. Su cuerpo fue mutilado hasta imposibilitar su reconocimiento. Sus padres pudieron identificarla sólo por los anillos en sus dedos. Intissar exige justicia. 2000 personas inocentes exigen justicia. Un paso sería, si Sharon –en una visita a Europa- fuera arrestado y transportado a la prisión de Scheveningen. ¿Soy demasiado cínico si digo que Europa está fracasando cuando se trata de juzgar a criminales de guerra israelíes? ¿Y soy demasiado pesimista cuando digo que 'Sabra y Shatila' no fue el primer, pero tampoco será el último, crimen de guerra cometido por Ariel Sharon? Fuente: Cortesía & © Sander Maalman & Dr. Ben Alofs 21 de Junio de 2001
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