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El nuevo Movimiento Internacional Anti-Apartheid contra Israel

Shirabe Yamada

Hoy nace un nuevo movimiento. Participamos en la puesta en marcha oficial del Movimiento Internacional Anti-Apartheid contra Israel, lanzado por los sudafricanos que vencieron en la lucha contra el Apartheid en su propio país.

El comienzo del movimiento fue declarado en un mitin después de una masiva manifestación por las calles de Durban en la que participaron decenas de miles. Organizada por SANGOCO (Coalición Sudafricana de ONGs), el PSC (Comité de Solidaridad con Palestina), el Foro Social de Durban y otros grupos de base, la manifestación contó no sólo con la participación de delegados a la conferencia, sino con la de miles de sudafricanos –activistas, sindicalistas, estudiantes—que llegaron en autobuses y trenes de todo el país.

Aquellos que viajaron desde provincias lejanas fueron sobre todo gente sin tierras, que, en una semejanza impresionante con la situación palestina, fue desplazado por la fuerza de sus tierras y que está sometida a una pobreza abyecta. La gente del movimiento de los sin tierra llegó para reclamar su derecho a tener tierras y para protestar contra la globalización y la privatización, las principales causas del nuevo apartheid económico en el África del Sur posterior a 1994. Después de su llegada ayer, se realizó la Asamblea Internacional de los Sin Tierra. Su lucha recibió el apoyo de mensajes de solidaridad de gente en situaciones similares, como los Dalit (los llamados intocables en el sistema de castas en India, de Rigoberta Menchu de Guatemala, y de los palestinos: Ziad Abbas, co-director de Ibdaa y de Manar Fara, un activista de 15 años del campo Dheisheh.

En los dos días anteriores a la manifestación, partidarios de la causa palestina y grupos sionistas tuvieron confrontaciones verbales diarias en la sede de la conferencia. Un pequeño grupo de sionistas colocó una mesa (sin permiso, rompiendo el reglamento de la conferencia sobre inscripción) y distribuyeron volantes indicando que "los árabes están secuestrando la CMCR," "la CMCR no es una conferencia sobre el racismo, es una conferencia racista," etc. etc. Frente a su mesa se produjo una manifestación espontánea de defensores de Palestina, dirigida por sudafricanos, con la participación de decenas de árabes, birmanos, dalits, japoneses, indios, estadounidenses, europeos, senegaleses, y muchos otros con caftanes, levantando pancartas, letreros, y banderas palestinas. La policía formó un cordón para separar a los dos grupos. Los sionistas, sobre todo hombres blancos con trajes oscuros, cantaban continuamente el mismo verso "todo lo que decimos es dad una oportunidad a la paz" de la canción de John Lennon. También trataron de dar flores a los partidarios de los palestinos, que las rechazaron repitiendo "¡no hay paz sin justicia!" Algunos medios locales y electrónicos informaron sobre el incidente, incluyendo la canción y las flores, pero no describieron el contexto –su presencia fue la excepción en la atmósfera calurosa y positiva de solidaridad de esta conferencia, y prácticamente nadie se unió a cantar con ellos en fuerte contraste con el lado palestino.

La manifestación de hoy, calculada entre 30 y 50 mil personas, y probablemente la mayor realizada desde 1994, fue vibrante y musical. Los sudafricanos, luchadores de tantos años y expertos en organización, puntuaban sus cantos y su marcha haciendo 'toi-toi' (cantando, bailando y coreando en un círculo) mientras la multitud, los dirigentes, y los supervisores colaboraban maravillosamente. Miles de pancartas multicolores se levantaban diciendo "Israel es un estado de apartheid", "Sionismo es racismo", "Tierra para los Sin Tierra", "Sharon es un Criminal de Guerra", etc. Para los sudafricanos, el parecido entre las situaciones propias y las palestinas, no requerían mayor explicación. En el mitin, hubo numerosos discursos en solidaridad con los palestinos; habiendo derrotado su propio apartheid con la ayuda de la comunidad internacional, era ahora su deber ayudar a los palestinos en la lucha contra el apartheid israelí. Después de un discurso emocionante y fuerte por Manar de Dheisheh sobre su determinación de continuar la lucha, Naeem Jeenah del Comité de Solidaridad con Palestina leyó la siguiente declaración, y, entre los vítores y el aplauso de la multitud, anunció el inicio oficial del movimiento.

Declaración del Comité de Solidaridad con Palestina de África del Sur

La rebelión palestina se ha estado desarrollando durante mucho tiempo. Más de tres décadas de ocupación, pero una sola dimensión de su tragedia. Expulsados de sus hogares, aldeas y tierras ancestrales por continuas atrocidades, condenados a campos miserables, dispersos en una extensa diáspora, sometidos a masacres como las de Sabra y Shatila de más de 2000 refugiados, y a una persecución interminable.

El sufrimiento en Cisjordania y en Gaza es la continuación de la colonización de toda Palestina. Las milicias sionistas se apoderaron de un 75% de la tierra y expulsaron a 800.000 palestinos mediante una serie de masacres durante la partición de Palestina en 1947 y la formación de Israel. Con la declaración del estado de Israel, 385 de 475 ciudades, pueblos y aldeas palestinas fueron arrasadas, desapareciendo del mapa. Los 90 restantes fueron despojados de tierras, confiscadas sin compensación.

Tomamos nota del robo de la tierra, y nos damos cuenta que hoy en día el Fondo Nacional Judío, miembro de la Organización Sionista Mundial, administra un 93% de la tierra de Israel. Para vivir sobre la tierra, recibirla en usufructo, trabajar como aparcero, o simplemente cultivarla, se debe demostrar que se tiene cuatro generaciones de ascendentes maternos judíos. En Israel, semejante linaje es necesario para gozar de derechos elementales. No hay equívocos sobre la quintaesencia racista del carácter de semejante estado. Israel es un estado de apartheid, cimentado en el pillaje y basado en la exclusividad. Los derechos provienen de la identidad étnica y religiosa.

Nosotros, sudafricanos, que hemos vivido el apartheid, no podemos guardar silencio mientras otro pueblo es tratado en su totalidad como seres no-humanos; gente sin derechos o dignidad humana y que sufre una humillación cotidiana. No podemos permitir que un estado despiadado utilice jets militares, helicópteros artillados y tanques contra civiles. No podemos aceptar los asesinatos cometidos por el estado contra activistas, la tortura de prisioneros políticos, el asesinato de niños y el castigo colectivo.

Nosotros, sudafricanos, que vivimos durante décadas bajo gobernantes con una mentalidad colonial, consideramos la ocupación israelí como un extraño vestigio del colonialismo en el siglo XXI. Sólo en Israel oímos hablar de "asentamientos" y de "colonos." Sólo en Israel, soldados y grupos civiles armados se apoderan de las cimas de los cerros, demuelen casas, desarraigan árboles, y destruyen cultivos, bombardean escuelas, iglesias y mezquitas, saquean reservas hidráulicas, y bloquean el acceso a la libertad de movimiento y el derecho al trabajo de la población indígena. Esas violaciones de los derechos humanos fueron inadmisibles en la África del Sur del apartheid y constituyen una afrenta para nosotros en el Israel del apartheid.

Nosotros, sudafricanos, enfrentamos el apartheid y la explotación, las balas y la prisión, no con ramos de flores, sino que con la resistencia. Estamos orgullosos de haberlo hecho, de nuestra historia. Es la historia de todos los pueblos oprimidos. ¿Por qué iba a ser otra cosa en el caso de los palestinos? Nacidos en miserables campos de refugiados, viviendo en la pobreza y creyendo que a la comunidad internacional no le importa, más y más jóvenes palestinos piensan que no tienen futuro, que no hay esperanza y sienten frustraciones insoportables. El gran poeta afro-estadounidense, Langston Hughes, preguntó: "¿Qué pasa con un sueño postergado? ¿Se seca como una pasa al sol, o estalla?" Los atroces atentados suicidas responden a esa pregunta retórica. El Israel del apartheid ha creado una situación en la que la gente piensa que no tiene nada que perder. Esa situación peligrosa podría cambiar, si el estado israelí y el único país que lo apoya y financia incondicionalmente, EE.UU., así como la comunidad internacional, actúan de una manera moral y justa.

¡Es el apartheid, de nuevo!

Tomamos nota de cómo el estado israelí se basa en la represión descarada, en un sistema de violencia estructural y en la discriminación institucionalizada que deshumaniza a un grupo para dar ventajas a otro. El Israel del apartheid ha desarrollado un sistema refinado de discriminación racial, arraigado en su sistema legal, yendo aún más allá que las leyes del apartheid de África del Sur. Esas leyes incluyen la Ley de Ingreso, la Ley de Retorno, la Ley de Ciudadanía, fallos rabínicos discriminatorios legalmente sancionados y la Ley del Servicio Militar. A los palestinos se les niegan varios beneficios de la seguridad social, acceso a numerosos puestos de trabajo, y el usufructo de casas y tierras controladas por los organismos oficiales. Nos damos cuenta de que, aunque los palestinos dentro de las fronteras de 1948 tienen derecho a voto, están sometidos a esas leyes discriminatorias y son tratados como ciudadanos de tercera clase. Los hogares israelíes reciben sin problemas electricidad, alcantarillado, carreteras y suministros de agua, mientras que numerosas comunidades palestinas en Israel, sin hablar de los territorios ocupados, han existido durante décadas sin servicios adecuados. El sistema de educación israelí es racista en la práctica y en su contenido. No se considera casi nada de la historia árabe y no hay textos en árabe en el currículo israelí. Los palestinos también confrontan importantes barreras cuando tratan de obtener acceso a las universidades. En África del Sur, factores similares llevaron a las insurrecciones en 1976 y en los años 80.

Las leyes que reglamentan la propiedad de la tierra, tales como la Ley de Adquisición de Propiedad Absentista discrimina descaradamente contra los palestinos. Aunque los colonos constituyen una ínfima minoría en Cisjordania, son propietarios de un 60% de la tierra. Muchos de esos colonos provienen de EE.UU., la ex Unión Soviética y de África del Sur. En Gaza, 6000 colonos viven en medio de una población de un millón de palestinos, pero poseen un 42 por ciento de la tierra. La propiedad de la tierra en Palestina es más injusta de lo que jamás fue en África del Sur. Durante el auge del apartheid, los negros 'controlaban' nominalmente un 13 por ciento de la tierra. En Israel, los oprimidos controlan sólo un 2 por ciento. El gobierno israelí también prosigue una política de abastecimiento de agua extremadamente discriminatoria. En Gaza, en 1985, por ejemplo, los colonos consumieron aproximadamente 2000 metros cúbicos de agua por persona; a los palestinos se les permite consumir sólo 120.

A pesar de la terminología, reconocemos la segregación cuando la vemos. La política de 'cierres' es una política de segregación. Los bloqueos que permiten el libre movimiento de los colonos, pero restringen a los palestinos, han causado que 100.000 trabajadores hayan perdido sus trabajos. Algunas rutas son sólo para colonos. El gobierno israelí expide tarjetas de identidad y placas de matrícula para vehículos, con códigos de colores, que restringen los viajes de los no-judíos. A los palestinos de Cisjordania se les impide rutinariamente que viajen a la franja de Gaza, porque tienen que viajar cruzando territorio 'israelí.' No se ha permitido que se desarrolle ninguna industria de importancia en Cisjordania o Gaza. En consecuencia, los palestinos se concentran en los trabajos de más baja remuneración, y forman una mano de obra super-explotada para el capital israelí. Los territorios ocupados importan un 93% de los bienes, pero exportan sólo un 7% de lo que producen. Las exportaciones palestinas a Europa Occidental están prohibidas, para que no puedan competir con las exportaciones israelíes. Un 90 por ciento de los trabajadores palestinos deben viajar a las ciudades israelíes para buscar empleo.

Israel es, simplemente, un estado de apartheid. Leyes de apartheid, tales como el sistema de pases y el control de ingresos, bantustanes, reserva de puestos de trabajo, educación bantú, y leyes que resultan en una distribución desigual de recursos, siguen en existencia. Como escribiera un periodista sudafricano después de visitar Israel: "En ambos países (África del Sur del apartheid e Israel del apartheid) 'las razas subordinadas' fueron desposeídas de sus tierras y apiñados en guetos marginales, devastados por la sequía; sus movimientos fueron restringidos, su acceso a la educación y a trabajos calificados, limitados, de manera que caían inevitablemente en una reserva de mano de obra barata. En ambas sociedades, las prohibiciones de matrimonios mixtos y las vidas diarias segregadas según la raza, hicieron poco por eliminar el miedo y la ignorancia que alimentan la intolerancia racial."

Perro de presa de la Globalización

Israel es el mayor receptor de apoyo de EE.UU. Por su parte, hace sus propias contribuciones para mantener el orden mundial imperialista y la estabilidad para las corporaciones transnacionales, particularmente las compañías petroleras. En los años 70 suministró a las dictaduras militares de El Salvador, Guatemala y Nicaragua con más material militar que EE.UU. Apoya a aventureros y entrena a personal de regímenes impopulares con los que EE.UU. no se quiere identificar abiertamente. El último régimen es Turquía, que reprime brutalmente sus sindicatos, organizaciones obreras, y a los kurdos. En su bloqueo ilegal de Cuba, el único apoyo para EE.UU. proviene de Israel. Por cierto que jamás olvidaremos el apoyo que Israel suministró al África del Sur del apartheid. Mientras el mundo condenaba el apartheid en África del Sur como un crimen contra la humanidad, Israel fortalecía alegremente los lazos comerciales, culturales, militares y nucleares con el régimen de la minoría blanca.

¿Un bantustán o un estado secular democrático?

Sabemos que el 'plan de paz' cimentado por EE.UU. en Oslo, Camp David, y en Wye River, fue una receta para la continuada miseria y pobreza de millones de palestinos. En lugar de constituir una promesa de un futuro de coexistencia pacífica, garantizó virtualmente la continuación del conflicto y la violencia. Propuso un bantustán, un 'estado' con una economía dependiente, sin territorio contiguo y sin poder substancial, en el que los palestinos pueden ser explotados, controlados, restringidos y confinados en reservas. Un bantustán dependiente junto a un estado de apartheid es una burla a la autodeterminación tal como existía en el África del Sur del apartheid y como existe ahora en el Israel del apartheid. En Israel, no menos que en África del Sur, el mínimo de justicia requiere el desmantelamiento del estado de apartheid y su reemplazo por la Palestina secular democrática, en la que judíos y árabes, cristianos y musulmanes, vivan juntos con iguales derechos y oportunidades.

Observamos a los niños de Jabaliya, de Beach Camp, de Balata, Khan Younis y Dheiseh, lanzando piedras, y vemos la respuesta a más de cinco décadas de indignante tiranía y ocupación. Recibe un eco en aquellos judíos israelíes que se oponen a que se oprima a otros, tales como Mordechai Vanunu, quien, en 1986, fue sentenciado por una corte secreta de seguridad, a 18 años de prisión, por denunciar los planes nucleares de Israel, e indirectamente, la colaboración nuclear de Israel con el África del Sur del apartheid.

Rechazamos la calumnia de que condenar el apartheid israelí o la limpieza étnica del sionismo implique una animosidad contra los judíos; o de que intente menospreciar el holocausto. La verdad es lo opuesto. Tal como el famoso violinista Yehudi Menuhin le dijera al periódico francés Le Figaro "Es extraordinario como nada muere por completo. Incluso el mal que prevaleció ayer en la Alemania nazi está ganando terreno en ese país [Israel] en la actualidad."

Nosotros, sudafricanos, extendemos nuestras manos hacia el heroico pueblo de Palestina. Suya es la lucha, con hondas en la mano, de David contra Goliat. Suya es la visión de un país liberado de la dominación racista. Suya es la pasión por una vida sin opresión. Suya es la lucha, en la que árabes y judíos se liberen de la discriminación y la injusticia. Como sudafricanos comprendemos esas luchas, visiones y pasiones. Apoyamos la exigencia de que se aísle al Israel del apartheid, se logre el derecho al retorno de millones de refugiados palestinos y el desmantelamiento de los asentamientos racistas. Nos comprometemos a formar parte de un nuevo movimiento Internacional Anti-Apartheid contra Israel.

3 de Septiembre de 2001

Publicado por el Comité de Solidaridad con Palestina de África del Sur.