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Y
ahora el informe Mitchell Acabar con la Intifada,
no con la ocupación Posos observadores esperaban real
mente algo original del así llamado
"Informe Mitchell". En primer lugar, la controvertida
selección de los miembros de la Comisión Mitchell, de la que quedó
excluido Nelson Mandela, ya permitía suponer
cuáles eran los objetivos reales del informe. Encabezada por el senador George Mitchell, la Comisión había
sido constituida poco después de la cumbre del pasado mes de octubre en
Sharm el-Sheij, a la que acudieron Egipto, Jordania, la Autoridad Nacional
Palestina (ANP), EEUU, la Unión
europea e Israel. Tras
la publicación del informe, resultó claro que su principal era el de
acabar con la Intifada. Aunque el documento hacía un llamamiento a Israel para que detuviera la
construcción y ampliación de los asentamientos judíos en los
territorios Ocupados no reconocía la responsabilidad
israelí por el estallido de la actual ola de violencia o las muertos de
civiles palestinos. Por otro lado, al pedir a Arafat y a los palestinos
que “ pusieran fin a la violencia",el informe aceptaba, de echo, las tesis sionistas que hacen recaer la culpa de la
"violencia" a los palestinos y que reservan a Israel el papel de
mantener la seguridad" . El informe, sin embargo, no hacía un
llamamiento paralelo a la parte israelí para que detenga las atrocidades
de sus tropas y de los colonos contra los palestinos, y mucho menos una
petición para que Israel ponga en libertad a los miles de presos palestinos
que permanecen en una situación de “detención preventiva" en sus
cárceles. La exigencia a Arafat para que impida a los medios de
comunicación palestinos informar acerca de la Intifada no se vio tampoco
acompañada de una petición al gobierno de Ariel Sharon para que ponga fin a la campaña de odio e
incitaciones que la prensa israelí
viene desarrollando en los últimos
meses. Por otro lado, mientras que el informe llama a la
"cooperación entre las fuerzas de seguridad palestinas e israelíes",
su publicación coincidió con el asesinato de cinco policías palestinos
por soldados israelíes en un área donde no había tenido lugar ningún
episodio de violencia, hecho éste que muestra a las claras las falsas
premisas en las que se basa el documento. En suma, si alguien lee el informe se dará
cuenta que no difiere demasiado de una declaración de prensa publicada en
Tel Aviv o en Washington. En él, se dice concretamente que "la
Autoridad Nacional Palestina debe dejar claro tanto a palestinos como
israelíes, a través de acciones concretas, que el terrorismo es
condenable e inaceptable. La Autoridad Nacional Palestina debe de realizar
un esfuerzo al 100% para impedir operaciones terroristas y castigar a sus
perpetradores. Este esfuerzo debe incluir pasos inmediatos para arrestar y
encarcelar a los terroristas que operan dentro de la jurisdicción de la
Autoridad Nacional Palestina “. El informe hace pensar a un lector no avezado
en el conflicto de Oriente Medio que los palestinos son ocupantes ilegales
de un territorio israelí y que también son Ir que perpetran crímenes
contra una población civil israelí indefensa a la que bombardean con
aparatos modernos de tecnología avanzada. Cuando alguien lee el párrafo del informe en el que se dice
que "algunos palestinos parecen no entender el grado de temor que
crea el terrorismo entre la población israelí", el lector también
sacaría la impresión de que los palestinos son quienes atacan a las
ciudades israelíes con tanques y artillería, destruyendo sus hogares,
hospitales, centros educativos y edificios públicos, o quiere. asesinan
impunemente niños en las calles. Asimismo, podría pensar que los
palestinos han sometido a las ciudades israelíes a un cerco cruel que no
deja pasar alimentos o medicinas, o que lo, palestinos arrasan los campos
de cultivo de los israelíes e impiden la exportación de sus productos al
exterior. Sin embargo, este no es precisamente el caso. El informe Mitchell no es sino el último de
una serie de informes de investigación que han sido publicados en las
pasadas décadas y, probablemente, tampoco será el último. En una fecha
tan remota como 1919, el presidente norteamericano Wilson ordenó a una
comisión -constituida por dos personas: el Dr. Henry King y Charles Crane-
llevar a cabo una investigación acerca de los punto de vista los pueblos
de Palestina, Siria e Irak a propósito de la constitución de un estado
judío en esas tierras. Aquella comisión dictaminó que las reclamaciones
sionistas sobre Palestina, " basadas en unos supuestos derechos
que se derivan de la ocupación judía de esos territorios hace
2.000 años, no pueden ser tomadas en ,serio", y advirtió que el
proyecto para la creación de un Estado sionista sólo podía ser llevado
acabo por medio de la fuerza, porque "toda la población árabe está
abiertamente en contra del proyecto sionista". Por lo tanto, los dos
miembros de la comisión recomendaban que la idea de creación de una
entidad judía en Palestina fuera abandonada y se controlara estrictamente
la emigración de judíos hacia la región. Sin embargo, debido a su
rechazo a las tesis sionistas, el informe de la Comisión KingCrane fue
retirado de la circulación hasta diciembre (le 1922, fecha en la que ya
se había constituido el mandato británico, que proporcionó a Gran Bretaña
la oportunidad que necesitaba para poner en práctica la declaración
Balfour y comenzar la judaización de Palestina. Si el Reino Unido hubiera tenido en cuenta los
deseos del pueblo palestino, eso hubiera ahorrado a la región muchas décadas
de sufrimiento y tumultos. Sin embargo, resultó claro que las autoridades
británicas tenían más interés, en facilitar la labor de los sionistas
que en respetar los deseos de los propietarios legítimos del territorio
de Palestina. Tras los disturbios habidos en Jerusalén
(1920) y Jaffa (1921) fueron creadas otras dos comisiones de investigación
(la Comisión Palin y la Comisión Haycraft). Estas comisiones resaltaron
en sus respectivos informes el profundo descontento que existía entre la
población árabe y la necesidad de actuar para impedir una seria catástrofe. En el contexto de la actual Intifada cabe
recordar el trabajo de otras dos comisiones más, cuyos informes tuvieron
una repercusión más amplia y duradera. La primera fue la Comisión
Internacional establecida por el gobierno británico en 1930, y aprobada
por el Consejo de la Liga de Naciones en 1931. Esta comisión nació poco
después de un intento, realizado por colonos judíos, de cambiar el
estatus del Muro Occidental de Jerusalén. Dicha acción dio lugar a
graves enfrentamientos, que produjeron cientos de muertos. La Comisión
Palin dictaminó que los palestinos eran los legítimos propietarios del
Muro, y que éste formaba parte del Haram ash‑Sharit; es decir la
zona de Jerusalén donde se encuentra la Explanada de las Mezquitas.
Precisamente, la provocación de Sharon al visitar estos lugares santos el
pasado mes de septiembre fue el detonante de la actual Intifada. La segunda comisión de investigación, la
llamada Comisión Haycraft, fue establecida en 1982 y tenía como fin el
investigar las violaciones israelíes del Derecho Internacional durante su
invasión contra el Líbano en aquel año. Tras examinar lo, hechos sobre
el terreno, lo comisión recomendó que "las Naciones Unidas
establezcan un tribunal internacional que lleve a cabo investigaciones y
procese a los individuos que están acusados de crímenes de guerra. en
especial aquellos que están relacionados con las masacres de Shabra v
Chatila". Naturalmente, el primer nombre de esa lista de criminales
tic guerra era Ariel Sharon, entonces ministro de Defensa israelí. Una
vez más, si la comunidad internacional hubiera seguido estas
recomendaciones, las cosas- especialmente lo que su refiere a la presente
situación-, habrían sido distintas. Poco después del estallido de la actual
Intifada, otras dos comisiones de investigación fueron enviadas a los
Territorios Ocupados. Mary Robinson, la Alta Comisionada de la ONU para
los Derecha Humanos y antigua presidenta de Irlanda encabezó la primera
de ellas, mientras que el ya citado George Mitchell hizo lo propio con la
segunda. A pesar de que la ONU fue quien encargó la
investigación a Mary Robinson, su informe recibió muy poca atención de
los gobiernos occidentales y los medios de
comunicación internacionales, lo cual contrastaba agudamente con
la expectación levantada por el informe Mitchell. La explicación para esta aparente contradicción
es que el informe Mitchell dedica su atención a los asuntos de la
seguridad, mientras que el de la Comisión Robinson hace referencia a los
abusos contra los derechos humanos. El informe Robinson mostraba a las
claras una condena a Israel por violar las más elementales normas del
Derecho Internacional sobre derechos humanos: "La actuación de las
fuerzas de ocupación israelíes en los pasados acontecimientos sugiere
que su política oficial es la de disparar a matar o para causar serias
heridas a los cuerpos". Poco después de la publicación del informe,
Mary Robinson decidió súbitamente no concurrir para un segundo mandato
al frente de la Comisión de Derechos humanos de las Naciones Unidas. Así
mismo , se produjo en esas fechas la expulsión de EEUU de la citada
Comisión, donde no sentaron nada bien las duras críticas de la delegación
norteamericana contra el informe y la labor de la Alta Comisionada. Cuanto más se lee el informe Robinson lo contrasta con el de la Comisión Mitchell, más fácil resulta comprender por qué el primero ha sido ignorado, mientras que el segundo ha recibido la atención de los principales medios de comunicación mundial y los gobiernos occidentales. Mientras que el informe Robinson declara categóricamente que "estas protestas (de los palestinos) son el resultado natural de las políticas ilegales de Israel y de las medidas que éste último ha tomado en los Territorios Ocupados, incluyendo Jerusalén Este", el informe Mitchell, señala: "No somos un Tribunal ...No se nos ha pedido que determinemos la culpabilidad o inocencia de los individuos y las partes (implicados)". En lugar de exigir la retirada israelí de
todos los territorios ocupados en I967,tal y como estipulan las
resoluciones de la ONU,el informe Mitchell recomienda que el Ejército
israelí se retire a las posiciones que ocupaba el 28 de septiembre de
2000.cual reduciría el número de puntos de fricción y la posibilidad
del estallido de confrontaciones violentas". El informe Mitchell hace, además llamamiento
a la ANP para que "impida que los tiradores que utilizan las áreas
palestinas disparen contra las áreas israelíes y las posiciones del Ejército
israelí". Sin embargo, la Comisión Mitchell no pide, de igual
manera, a Israel que detenga su "excesivo, desproporcionado e
indiscriminado uso de fuerza", tal y como menciona en el informe
Robinson. La Comisión Mitchell no exige tampoco el fin
de las agresiones de los colonos, pese a que en el informe Robinson se señal,
que "la violencia de los colonos es una parte de la campaña de
terror contra el pueblo palestino, que está siendo llevada a cabo con la
protección y complacencia de los oficiales israelíes... Los colonos se
benefician del apoyo político y logístico del gobierno de Israel y
operan con la cooperación y el respaldo de las fuerzas de ocupación. Sus
violaciones de los derechos humanos de la población palestina abarcan
desde ataque sistemáticos a las propiedades palestinas incluyendo tiendas
y huertos, hasta el asalto contra los civiles, causándoles diversas
heridas o la muerte". Así pues, en lugar de exponer los hechos y
mostrar al mundo cómo la dilatada ocupación israelí de los territorios
palestinos ha perpetuado los actos de
crueldad y la destrucción de vidas y propiedades palestinas, el
informe Mitchell reduce toda
la cuestión a la afirmación simplista de que existen "dos pueblos
orgullosos" que "comparten una tierra un destino". Esto no
es más que una grave distorsión de los hechos. La realidad es que existe
un pueblo que está ocupando la tierra de otro. La ONU recompensó en su día
a los judíos europeos y americanos recién llegados a Palestina con el
56% de esta tierra. Éstos ocuparon por la fuerza de las armas otro 22% en
1948 y el 22% restante en 1967. Hoy, sin embargo, rehúsan devolver al
pueblo despojado sus derechos sobre este último 22%. Éstos son los
hechos básicos. La falacia del informe Mitchell es que pretende convencer
de que son las
"reclamaciones enfrentadas" de “ dos pueblos orgullosos"
las que han llevado al actual conflicto. También es una manipulación el hablar, tal
como hace el informe Mitchell, de que ambos pueblos "comparten un
destino". No existe ningún grado de igualdad o de asociación entre
palestinos e israelíes. Un pueblo, el palestino, está luchando por
su libertad. El otro, el israelí, pretende sojuzgar al anterior,
expoliar sus derechos e imponerle su voluntad. Con el apoyo de EEUU y
algunos otros países que componen la así llamada "comunidad
internacional" los israelíes se han arrogado el derecho de
determinar si los palestinos han de tener o no un estado, qué tipo de
estado tendría que ser y quién debería vivir en él. |