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¿"Justicia duradera" en Palestina?

 

 

E1 pasado 28 de septiembre se cumplió el primer aniversario de la intifada de A1-Aqsa en los territorios ocupados. Esta fecha pasó, sin embargo, bastante desapercibida en un momento en el que todos los medios de comunicación estaban fijando  su atención en los atentados de EEUU y la subsiguiente crisis en Afganistán. 

Sin embargo, para los palestinos este aniversario ha sido tan trágico como todo el desarrollo de la intifada en el último año. Los meses de septiembre y octubre han sido especialmente sangrientos. Más de 100 palestinos han resultado asesinados en este tiempo y los soldados israelíes han invadido varias ciudades palestinas, entre ellas Belén, Ramallah, Tulkarem, Hebrón, Qalqilya y otras. Estos asaltos ponen de relieve la mentira del” autogobierno" palestino y muestran que todas las promesas hechas a los palestinos en el marco del proceso de paz eran sólo palabras huecas. 

Sharon no hace un secreto de su intención de perpetuar la ocupación militar en Palestina y el régimen de apartheid que sufre la población árabe en los Territorios Ocupados. Todo esto permite ver también la hipocresía de los líderes occidentales que dicen defender los derechos humanos y oponerse al terrorismo y la limpieza étnica. Durante este año, la mayoría de los gobiernos occidentales ha guardado silencio o incluso, en el caso de EEUU, han llegado a pedir sin ninguna vergüenza, que los ocupados y oprimidos dejen de ejercer su legítimo derecho a la resistencia contra los ocupantes y opresores. 

En una muestra más de cinismo, EEUU ha presionado a Israel, debido a la necesidad que tiene del respaldo de los países árabes e islámicos en su lucha contra el terrorismo y sus ataques en Afganistán, para que proceda a un alto el fuego y abandone las ciudades palestinas invadidas por su Ejército. Si EEUU tiene la capacidad de presionar a Israel para que detenga su agresión y no lo ha hecho esto supone un grado de complicidad con la agresión israelí. Sin embargo, Ariel Sharon parece ya haber enterrado la táctica, seguida por los laboristas israelíes de negociar acuerdos, para no respetarlos después y apuesta ya abiertamente por la guerra e incluso por el enfrentamiento con algunos sectores de la Administración norteamericana, llegando incluso a acusar a Bush de querer vender a Israel a cambio de lograr el apoyo de los gobiernos árabes en su cruzada contra el terrorismo. Para ello, Sharon cuenta con obtener, una vez más, el apoyo del influyente lobby sionista en EEUU, que ejerce un gran poder en la política, el cine y los medios de comunicación. 

Los israelíes mantienen su estrategia de disparar contra la población desarmada. El 27 de septiembre, por ejemplo, soldados israelíes dieron muerte a seis personas y otras siete más fueron asesinadas al día siguiente. Entre estos muertos hay que citar a un niño de 10 años, Mohammad Tarairih, que falleció en el pueblo de Bani Naim, cerca de Al Jalil (Hebrón), cuando tropas israelíes abrieron fuego contra un grupo de escolares. Aparte de Mohammad, otros cinco niños resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad. 

En Al Jalil, las tropas israelíes estacionadas en tejados abrieron fuego contra el centro de la ciudad el 28 de septiembre. Muhammad Sharif, de 25 años, falleció cuando salía de la mezquita de Ali Bakka a consecuencia de tales disparos. Otros veinte jóvenes resultaron asimismo heridos, uno de ellos de gravedad, al ser alcanzado en la cabeza y el cuello. En Belén un adolescente, Muhammad Sukkar, falleció cuando las tropas israelíes abrieron fuego contra una manifestación pacífica. En Ramallah, otro adolescente murió al ser alcanzado por un francotirador que había abierto fuego sin ninguna razón aparente. Esa misma tarde, otras tres personas resultaron muertas al ser alcanzado su coche por el disparo de un tanque israelí. 

Hechos como éstos se producen, de forma cotidiana, dentro en los Territorios Ocupados desde hace mucho tiempo y son un reflejo más de la crueldad con que actúan los ocupantes israelíes y su gobierno, al que no es exagerado calificar de terrorista. En este año de intifada, han muerto unos 900 palestinos y más de 25.000 han resultado heridos, 5.000 de los cuales han quedado discapacitados o con graves secuelas físicas para toda su vida. Esto es el resultado del uso concentrado de tanques, aviones, artillería pesada, helicópteros y otro material militar, la mayoría de procedencia norteamericana, que el Ejército israelí ha venido utilizando. 

Casi 9.000 viviendas palestinas han sido destruidas en ese tiempo, ya sea por bombardeos o disparos de artillería, o por demoliciones practicadas por los militares israelíes. Enormes cantidades de tierras labradas y árboles frutales han sido destruidos y arrasados (algunas estimaciones apuntan a más de 300.000 árboles).

Por otro lado, los territorios de Cisjordania y Gaza se encuentran sometidos a un cerco, que impide la actividad económica y el libre desplazamiento de personas. Estos territorios están divididos en 220 islotes separados por carreteras controladas por los israelíes y por 97 puestos de vigilancia militar en Cisjordania y 32 en la Franja de Gaza. Este cerco dificulta o impide que los palestinos puedan llegar a tiempo a los hospitales o centros sanitarios en el caso de resultar heridos o ponerse enfermos. Como resultado, muchos de ellos han fallecido en las ambulancias que les trasladaban al ser éstas obligadas a detenerse durante horas en los puestos de control israelíes. 

Mientras tanto, la expansión de los asentamientos judíos en los territorios continúa sin detenerse, pese a todas las promesas del gobierno israelí y a las condenas internacionales. Desde febrero, se han establecido un total de 25 nuevos asentamientos y otros 39, ya existentes, han sido ampliados para dar acogida a los colonos judíos llegados de otras partes del mundo. A esto hay que añadir que más tierras palestinas han sido expropiadas para la construcción de carreteras y puestos militares que protejan tales asentamientos.

2 Noviembre de 2001