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Fiero y sarcástico antisionista , exiliado en Londres , el músico de Jazz israelí publica su disco Exile y debuta en la novela con Guía de perplejos, prohibida en su país. 

Gilad Atzmon

“ Toda la música tiene que comunicar una ideología  “ 

Miquel Jurado

Babalia  El País 9 de agosto de 2003

 

Gilad Atzmon    es un persona­je tan contradictorio como atrayente. Judío antisionis­ta convencido y militante (casi antijudío) vive sus contradic­ciones con estudiada naturalidad, incluso con prepotencia, y ha sabi­do ahondar en ellas hasta convertir­las en armas punzantes tanto en el campo de la literatura como de la música. Israelí exiliado voluntario en Londres, músico de jazz airado (o músico airado de jazz, ambas defi­niciones cuadran) y novelista en he­breo prohibido en su país de origen, Atzmon vive a caballo entre la litera­tura y la música. aunque, tras escu­charle, pueda parecer que su activi­dad principal sea la de incendiario defensor de la causa palestina.

Estos días han coincidido en las tiendas españolas su primera nove­la, Guía de perplejos (Ediciones del Bronce), y su cuarto disco al frente de su Orient House Ensemble (Exi­le, Enja/Resistencia). Mientras que sus discos sólo han encontrado tra­bas comerciales para circular por Is­rael, su libro fue directamente prohi­bido a las dos semanas de salir a la venta. "Para mí no es un gran pro­blema", afirma casi con orgullo. "Tres meses después de prohibir mi libro, los libros de Saramago tam­bién fueron prohibidos y seis meses después Barenboim fue declarado persona non grata por haber inter­pretado a Wagner. Así pues, me en­cuentro en muy buena compañía". A pesar de ese aparente distancia­miento, la prohibición reaparece co­mo una constante en nuestra con­versación. "Prohibir literatura no es un problema israelí, los norteameri­canos también. están muy activos en este momento porque la prohibi­ción no sólo es la directa, existe tam­bién la prohibición y la censura de la industria o de los medios de co­municación que todavía es peor por­que la gente puede no notarla".Tras la aireada censura israelí, el libro de Atzmon se ha publicado ya en 15 len­guas, cifra récord para la obra de un escritor novel. "Lo escribí en hebreo para la gente de Israel, por eso veo muy necesario revisar la ceguera de las autoridades. Una ceguera pro­ducto apartes iguales de una menta­lidad de víctimas y de una mentali­dad de ser el pueblo elegido. Para los judíos ortodoxos esa sensación de ser los elegidos es un peso que obliga a vivir sin culpa, pero a los sio­nistas les lleva al puro egoísmo. Si añadimos que tener mentalidad de víctima significa ser víctima en cual­quier circunstancia, es fácil com­prender el porqué de esa ceguera". 

El discurso de Atzmon está tan elaborado que fluye espontánea­mente sea cual sea la pregunta has­ta el punto de que tras mas de cinco minutos de exposición acalorada el músico-literato se queda en blanco: "¿Qué me habías preguntado?". Tanto da la pregunta, todo acaba confluyendo en el Gobierno y en el pueblo de Israel. "Israel es una dicta­dura fascista. Y el problema es gra­ve porque en otras dictaduras cuan­do desaparece el dictador el pueblo se libera, pero en este caso toda la so­ciedad es fascista y ¿cómo liberas a toda una sociedad que, además, no quiere ser liberada? En Israel no hay izquierda, todos los partidos apoyan alguna forma de represión contra el pueblo palestino"..

Su literatura, sobre todo la prohi­bición de su literatura, está hacien­do correr ríos de tinta y existe el ries­go de dejar de lado la faceta musical de Gilad Atzmon, con muchos años en la carretera y fuertes puntos de atracción. Atzmon ha optado en sus últimos trabajos por arabizar las me­lodías judías pasadas por el tamiz del jazz, una forma de extender su discurso al campo musical sin utili­zar palabras. "He mezclado plega­rias judías con rembetko griego, in­cluso utilizo una canción fascista is­raelí pero totalmente arabizada. Eso es tomar partido. Toda la músi­ca, aunque sea instrumental, tiene que comunicar una ideología. En realidad, el jazz siempre ha sido una ideología. A través de las décadas, el jazz ha sido la voz del pueblo negro norteamericano y uno de mis pro­blemas con el jazz contemporáneo es, precisamente, que en los años ochenta ha dejado de ser esa voz pa­ra convertirse en portavoz de la cla­se media blanca burguesa. Debe­mos recuperar el espíritu de lucha del jazz y hacerlo lo mejor posible, mejor que los estadounidenses para fastidiarles en su terreno, ésa sería nuestra manera de luchar contra su colonización".

El propio Gilad Atzmon conclu­ye el texto de su último disco Exile con dos preguntas sin respuesta: "¿Cómo es que un pueblo que ha sufrido tanto y durante tanto tiem­po puede inflingirle tanto dolor al otro? ¿Cómo pueden los sionistas, que están motivados por un genui­no deseo de regreso, estar tan cie­gos cuando se enfrentan a un de­seo similar por parte del pueblo palestino? Son preguntas que se hacen algunos judíos y yo se las ha­go al mundo". 

Guía de perplejos. Gilad Aumon. Traduc­ción de Jorge Salvetti. Del Bronce. Barcelo­na, 2003. 216 páginas. 18 euros.