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La Esparta Judía - I

 

Israel shahak

Capítulo I

 


¿Una utopía cerrada?

 

Este libro, aunque escrito en inglés y dedicado a la gente que vive fuera del Estado de Israel, es de algún modo una continuación de mis actividades políticas como un Judío Israelí. Aquellas actividades comenzaron en 1965-6 con una protesta que provocó un considerable escándalo en la época: personalmente fui testigo cuando un Judío ultra-ortodoxo se rehusó a permitir que su teléfono fuera usado en el Sabbath, para llamar a una ambulancia para un no-Judío que súbitamente tuvo un ataque en su vecindario de Jerusalén. En vez de simplemente publicar este incidente en la prensa, llamé a un reunión compuesta de rabinos nominados por el Estado de Israel. Les pregunté si tal comportamiento se condecía con su interpretación de la religión Judía. Ellos respondieron que el Judío en cuestión se había comportado correctamente, en efecto, piadosamente, y respaldaron su declaración, refiriéndose a un pasaje de un compendio autorizado de las leyes Talmúdicas, escrito en este siglo. Reporté el incidente al principal diario Hebreo, Ha'aretz, cuya
 publicación de la historia causó un escándalo en los medios de comunicación.
El resultado del escándalo fue para mí, bastante negativo. Ni los Israelíes, ni la diáspora, ni las autoridades rabínicas jamás revirtieron su sentencia, que un Judío no debía violar el Sabbath para salvar la vida de un Gentil. Añadieron mayor verborrea hipócrita a efecto que si la consecuencia de tales actos ponían a los Judío en peligro, la violación del Sabbath estaba permitida en función de ellos. Se hizo aparente para mí, al observar las leyes Talmúdicas que gobiernan las relaciones entre Judíos y no-Judíos, que ni el Sionismo, incluyendo su parte al parecer más secular, ni la política Israelí desde la creación del Estado de Israel, no particularmente las políticas de los seguidores Judíos de Israel en la diáspora, podían ser entendidos a menos que la profunda influencia de esas leyes, y el punto de vista mundial que ambas crean y expresan sea tomado en cuenta. La actual política seguida por Israel después de la guerra de los Seis Días y la actitud de la mayoría de los Judíos sobre el asunto de los derechos de los Palestinos, incluso abstractamente, solo han fortalecido esta convicción.
Al hacer esta aseveración no estoy tratando de ignorar las consideraciones políticas y estratégicas que también pueden haber influenciado a los gobernantes de Israel. Simplemente estoy diciendo que las actuales políticas son una interacción entre consideraciones realistas (sean válidas o erróneas, morales o inmorales desde mi punto de vista) y las influencias ideológicas. Lo último tiende a ser más influyente mientras menos sea discutido y "arrastrado a la luz". Cualquier forma de racismo, discriminación y xenofobia se hace más potente y políticamente influyente si se toma como un hecho por la sociedad que lo permite. Esto es especialmente así si la discusión se prohíbe, formalmente o por acuerdo tácito. Cuando el racismo, la discriminación y la xenofobia predomina entre los Judíos, y es dirigida contra los no-Judíos, azuzada por motivaciones religiosas, es como en el caso opuesto, el del antisemitismo y sus motivaciones religiosas. Sin embargo, hoy, mientras el segundo es discutido, la propia existencia del primero es generalmente ignorada, más fuera de Israel que dentro.
Sin una discusión de las prevalecientes actitudes Judías hacia los no-Judíos, incluso el concepto de Israel como un "Estado Judío", como Israel formalmente se define, no puede ser entendido. El difundido malentendido que Israel, incluso sin considerar su régimen en los Territorios Ocupados, es una democracia surge del rechazo a enfrentar el significado del término "un Estado Judío" por los no-Judíos. En mi punto de vista, Israel, como un Estado Judío, constituye no solo un peligro para si mismo y sus habitantes, sino para todos los Judíos y para todos los pueblos y estados del medio Oriente y más allá. También considero que los otros estados o entidades del medio Orienta que se definen como "Árabes" o "Musulmanes", como la autodesignación Israelí de "Judío", igualmente constituyen un peligro. Sin embargo, mientras este peligro es ampliamente discutido, el peligro inherente al carácter Judío del Estado de Israel, no lo es.
El principio de Israel como "un Estado Judío" fue supremamente importante para los políticos Israelíes desde la creación del estado y fue inculcado en la población Judía por todos los medios posibles. Cuando, a inicios de los 80's, una pequeña minoría de Judíos Israelíes emergieron como opuestos a este concepto, una Ley Constitucional (esto es, un ley pasando por sobre las previsiones de las otras leyes, y que no puede ser revocada excepto por un procedimiento especial) fue aprobada en 1985 por una enorme mayoría del Knesset.
Por esta ley ningún partido cuyo programa se opusiera abiertamente al principio de "un Estado Judío" o propusiera cambiarlo por medios democráticos, se le permite participar en las elecciones para el Knesset. Personalmente me opuse fuertemente a este principio constitucional. La consecuencia legal para mi fue que no puedo pertenecer, en el estado del cual soy ciudadano y que se le permite participar en las elecciones para el Knesset, a un partido que tenga principios con los cuales yo concordaría. Incluso este ejemplo demuestra que el Estado de Israel no es un democracia debido a la aplicación de una ideología Judía dirigida contra todos los no-Judíos y aquellos Judío que se oponen a esa ideología. Pero el peligro que esta ideología dominante representa, no se limita a asuntos domésticos. También influencia la políticas exterior Israelí. Este peligro continuará creciendo, mientras dos procesos actualmente operantes sean fortalecidos: el incremento del carácter Judío de Israel y el incremento de su poder, particularmente el poder nuclear. Otro hecho ominoso es que la influencia Israelí en el "establishment" político de EE.UU. también se está incrementando. Por lo tanto, información exacta sobre el Judaísmo, y especialmente sobre el trato a los no-Judíos en Israel, es hoy no solo importante, sino también políticamente vital.
Déjenme empezar con la definición oficial Israelí del término "Judío", ilustrando la crucial diferencia entre Israel como "un Estado Judío" y la mayoría de los otros estados. Por esta definición oficial, Israel "pertenece" a personas que son definidas por las autoridades Israelíes como "Judías", sin importar donde vivan, y solo a ellos. por otro lado, Israel oficialmente no "pertenece" a sus ciudadanos no-Judíos, cuyo estatus es considerado incluso oficialmente como inferior. Esto significa en la práctica que su miembros de una tribu Peruana son convertidos al Judaísmo, y por lo tanto considerados como Judíos, ellos tienen derecho automáticamente a ser ciudadanos Israelíes y a beneficiarse de aproximadamente un 70 % de la tierra del Margen Occidental (y al 92 % del área propiamente tal de Israel), oficialmente designada para único beneficio de los Judíos. Todos los no-Judíos (no solo todos los Palestinos) se les prohíbe beneficiarse de esas tierras (la prohibición incluso se aplica a los Árabes Israelíes que sirvieron en el ejército Israelí y alcanzaron alto rango). El caso que involucra a los conversos peruanos al Judaísmo, efectivamente sucedió unos pocos años atrás. Los recientemente convertidos Judíos fueron asentados en el Margen Occidental, cerca de Nablus, sobre tierras de las cuales los no-Judíos están oficialmente excluidos. Todos los gobiernos Israelíes están tomando enormes riesgos políticos, incluyendo el riesgo de guerra, si tales asentamientos, compuestos exclusivamente de personas que son definidas como "Judías" (y no "Israelíes" como la mayoría de los medios de comunicación falsamente asevera) estarían sujetos solo a la autoridad "Judía".
Sospecho que los Judíos de EE.UU. o Gran Bretaña considerarían antisemita si los Cristianos propusieran que los EE.UU. o el Reino Unido se transformaran en un "Estado Cristiano", perteneciente solo a ciudadanos oficialmente definidos como "Cristianos". Las consecuencias de tal doctrina es que los Judíos conversos al Cristianismo se harían ciudadanos debido a su conversión. Debiera recordarse que los beneficios de las conversiones fueron muy bien conocidas por los Judíos en su propia historia. Cuando los estados Cristianos e Islámicos solían discriminar contra las personas que no pertenecieran a la religión del estado, incluyendo a los Judíos, la discriminación contra los Judíos fue inmediatamente removida por su conversión. Pero un no-Judío discriminado por el Estado de Israel terminará de ser tratado así en el momento que él o ella se convierta al Judaísmo. Esto simplemente demuestra que el mismo tipo de exclusivismo que es considerado por una mayoría de los Judíos de la diáspora, como antisemita, es considerado por la mayoría de todos los Judíos como Judío. El oponerse al antisemitismo y al chauvinismo Judío es ampliamente considerado entre los Judío como "auto-rechazo", un concepto que yo considero como un sin sentido.
El significado del término "Judío" y sus relativos, incluyendo "Judaísmo", se transforma así, en el contexto de la política Israelí, tan importante como el significado de "Islámico", cuando es oficialmente utilizado por Irán, o "comunista" cuando era oficialmente utilizado por la URSS. Sin embargo, el significado del término "Judío" como popularmente es usado, no está claro, ni en Hebreo o cuando es traducido en otro lenguaje, y por lo tanto el término tiene que ser oficialmente definido.
De cuerdo a la ley Israelí una persona es considerada "Judía" si su madre, su abuela o bisabuela y tatarabuela eran Judías por religión; o si la persona era convertida al Judaísmo de un modo satisfactorio para las autoridades Israelíes y a condición que la persona no hubiera sido convertida al Judaísmo desde otra religión, en cuyo caso Israel cesa de designarles como "Judíos". De las tres condiciones, la primera representa la definición Talmúdica de "quién es un Judío", una definición seguida por la Ortodoxia Judía. El Talmud y la ley rabínica post-Talmúdica también reconoce la conversión de un no-Judío al Judaísmo (así como la adquisición por un Judío de un esclavo no-Judío, seguía un distinto tipo de conversión) como método para hacerse Judío, previsto que la conversión sea efectuada por rabinos autorizados de una manera apropiada. Esta "manera apropiada" se concibe, para las mujeres, su inspección por tres rabinos, mientras están desnudas para un "baño de purificación", un ritual que, a pesar de ser notorio para todos los lectores de la prensa Hebrea, no es a menudo mencionado por los medios anglófonos, a pesar que se de indudable interés para ciertos lectores. Espero que este libro será el comienzo de una proceso que rectificará esta discrepancia.
Pero hay otra urgente necesidad para una definición oficial de quién es, y quién no es "Judío". El Estado de Israel oficialmente discrimina en favor de los Judíos y contra los no-Judíos en muchos ámbitos de la vida, de los cuales considero tres como los más importantes; derecho de residencia, derecho laboral y derecho de igualdad ante la ley. La discriminación en residencia se basa en el hecho que cerca del 92 % de la tierra de Israel es propiedad del estado y es administrada por la Autoridad Territorial de Israel, de acuerdo a las regulaciones emitidas por la Fundación Nacional Judía (JNF), y afiliada a la Organización Sionista Mundial. En sus regulaciones la JNF niega el derecho a residir, a iniciar negocios y a menudo a trabajar, a cualquiera que no sea Judío, solo porque él no es Judío. Al mismo tiempo, a los Judíos no se les prohíbe tomar residencia o abrir negocios en cualquier parte de Israel. Si fuera aplicada en otro estado contra los Judíos, tal práctica discriminatoria sería instantánea y justificadamente tachada de antisemitismo e indudablemente provocaría masivas protestas públicas. Cuando es aplicada por Israel como parte de su "ideología Judía", por lo general es diligentemente ignorada o excusada, sino raramente mencionada.
La negación del derecho a trabajar significa que a los no-Judíos se les prohíbe oficialmente trabajar en tierra administrada por la Autoridad Territorial Israelí, de acuerdo a las regulaciones de la JNF. Sin dudas estas regulaciones no son siempre, ni siquiera a menudo, obligatorias, pero ellas existen. De vez en cuando, Israel intenta campañas de obligatoriedad por medio de autoridades estatales, como por ejemplo, cuando el Ministro de Agricultura actúa contra "la pestilencia de dejar que los frutos de las quintas, pertenecientes a los Judíos y situados en Tierras Nacionales (por ejemplo, tierra perteneciente al Estado de Israel) sean cosechadas por obreros Árabes, aunque los obreros en cuestión sean ciudadanos de Israel. También Israel prohíbe estrictamente que los Judíos asentados en "Tierra Nacional" subarrienden aunque sea una parte de sus tierras a los Árabes, incluso por un corto tiempo; y aquellos que lo hacen son castigados, generalmente con duras penas. No hay prohibiciones a los no-Judíos para arrendar sus tierras a Judíos. Esto significa, en mi caso, que por virtud de ser Judío tengo el derecho a arrendar una quinta de otro Judío, para cosechar su producto, pero un no-Judío, sea un ciudadano de Israel o un residente extranjero, no tiene ese derecho.
Los ciudadanos no-Judíos de Israel no tienen el derecho de igualdad ante la ley. Esta discriminación se expresa en muchas leyes Israelíes en las cuales, presumiblemente en orden a evitar los problemas, los términos "Judíos" y "no-Judíos" generalmente no son explícitamente declarados, como lo son en la crucial Ley de Retorno. De acuerdo a aquella ley, solo las personas oficialmente reconocidas como "Judíos" tienen un automático derecho a entrar a Israel y a asentarse en él. Automáticamente reciben un "certificado de inmigración" que les proporciona al llegar, la "ciudadanía por virtud de haber retornado al hogar Judío" y con el derecho a muchos beneficios financieros, que varían de algún modo, de acuerdo al país desde el cual ellos emigraron. Los Judíos que emigran de los estados de la antigua URSS, reciben "una garantía de absorción" de más de $ 20.000 dólares por familia. Todos los Judíos que emigran a Israel, de acuerdo a esta ley, adquieren inmediatamente el derecho a votar en las elecciones y a ser elegidos para el Knesset - incluso si no hablan una palabra de Hebreo.
Otras leyes Israelíes substituyen las más obtusas expresiones "cualquiera que pueda inmigrar de acuerdo a la Ley de Retorno" y "cualquiera que no está autorizado para inmigrar de acuerdo a la Ley de Retorno". Dependiendo de la ley en cuestión, los beneficios son garantizados para la primera categoría y sistemáticamente negados para la segunda. Los medios rutinarios para poner en marcha la discriminación en cada día de la vida, es la tarjeta de identificación, que todo el mundo está obligado a llevar en cualquier momento. Las tarjetas de identificación enumeran la "nacionalidad" oficial de una persona, que puede ser "Judía", "Árabe", "Drusa" y similares, con la significativa excepción de "Israelí". Los intentos para obligar al Ministro del Interior para permitir a los Israelíes deseando ser oficialmente catalogados como "Israelíes", o incluso como "Judíos Israelíes" en sus tarjetas de identificación, han fallado. Aquellos que han intentado hacerlo, tienen una carta del Ministerio del Interior, aseverando que "se decidió no reconocer un nacionalidad Israelí". La carta no especifica quien tomó la decisión o cuando.
Hay tantas leyes y regulaciones en Israel que discriminan a favor de las personas definidas en Israel como aquellos "que pueden inmigrar de acuerdo a la Ley de Retorno", que el sujeto demanda un trato aparte. Podemos verlo en un ejemplo, posiblemente trivial en comparación a las restricciones de residencia, pero sin embargo importante debido a que revela las reales intenciones del legislador Israelí. Los ciudadanos Israelíes que dejan el país por un tiempo pero que son definidos como aquellos que "pueden inmigrar de acuerdo con la Ley de Retorno" son elegibles, a su retorno, para generosos beneficios aduaneros, para recibir subsidios para la educación secundaria de sus hijos, y para recibir una garantía o un préstamo, en fáciles términos, para adquirir un departamento, así como otros beneficios. Los ciudadanos que no pueden ser definidos así, en otras palabras, los ciudadanos no-Judíos de Israel, no tienen ninguno de estos beneficios. La obvia intención de tales medidas discriminatorias es disminuir el número de ciudadanos no-Judíos de Israel, en orden a hacer de Israel un estado más "Judío".

 

La ideología de la Tierra "Redimida"

 

Israel también propaga entre sus ciudadanos Judíos una ideología exclusivista de la Redención de la Tierra. Su propósito oficial de minimizar el número de no-Judíos puede ser bien percibido en esta ideología, que es inculcada entre los escolares Judíos de Israel. Se les enseña que es aplicable a la entera totalidad del Estado de Israel o, después de 1967, a lo que se conoce como la Tierra de Israel. De acuerdo a esta ideología, la tierra que ha sido redimida es la tierra que ha pasado de propiedad no-Judía a propiedad Judía. La propiedad puede ser privada o pertenecer a la JNF o al Estado Judío. La tierra que pertenece a no-Judíos es, al contrario, considerada como "irredenta". De este modo, si un Judío que cometió el más horrendo de los crímenes que pueda imaginarse, compra un trozo de tierra de un virtuoso no-Judío, la tierra "irredenta" se transforma en "redimida" por tal transacción. Sin embargo, si un virtuoso no-Judío compara tierra del peor Judío, la antiguamente pura y "redimida" tierra se transforma en "irredenta" nuevamente. La conclusión lógica de tal ideología es la expulsión, llamada "traslado", de todos los no-Judíos del área de tierra que tiene que ser "redimida". Por lo tanto, la Utopía de la "ideología Judía" adoptada por el Estado de Israel, es una tierra que está completamente "redimida" y nada de ella es propiedad o trabajada por no-Judíos. Los líderes del movimiento obrero Sionista expresaron esta profundamente repelente idea con la mayor claridad. Walter Laquer, un Sionista devoto, cuenta en su "Historia del Sionismo", como uno de estos padres espirituales, A. D. Gordon, que murió en 1919, "objetaba la violencia en principio y justificaba la autodefensa solo en circunstancias extremas. Pero él y sus amigos querían que cada árbol y cada arbusto en el hogar Judío, fueran plantados por nadie más que los pioneros Judíos". Esto significa que ellos deseaban que todos los demás se fueran y dejaran la tierra para ser "redimida" por los Judíos. Los sucesores de Gordon añadieron más violencia de la que él pensaba, pero el principio de "redención" y sus consecuencias han permanecido.
Del mismo modo, el kibbutz, ampliamente alabado como un intento de crear una Utopía, era y es una Utopía exclusivista; incluso su está compuesto de ateos, no acepta miembros Árabes en principios y demanda que los miembros potenciales de otras nacionalidades primero sean convertidos al Judaísmo. No es una sorpresa que los niños de los kibbutz sean considerados como el segmento más militarista de la sociedad Judía de Israel.
Es esta ideología exclusivista, más que todas las "necesidades de seguridad" exhibidas por la propaganda Israelí, la que determina las apropiaciones de tierra en Israel, en los 50's y nuevamente a mediados de los 60's, y en los Territorios Ocupados después de 1967. Esta ideología también dictó los planes oficiales Israelíes para la "Judaización de Galilea". Este curioso término significa incentivar a los Judíos a colonizar Galilea, por medio de beneficios financieros (me pregunto cuál sería la reacción de los Judíos de EE.UU. si un plan para la "Cristianización de Nueva York" o incluso solo de Brooklyn, fuera propuesta en ese país). Pero la Redención de la Tierra implica más que la "Judaización" regional. En la entera área de Israel, la JNF, vigorosamente respaldada por las agencias estatales Israelíes (especialmente por la policía secreta) está gastando grandes sumas de fondos públicos para "redimir" cualquier tierra que los no-Judíos deseen vender, y para prevenir cualquier intento de un Judío por vender su tierra a no-Judíos, pagando un precio mayor.

 

Expansionismo Israelí

 

El principal peligro que Israel, como un "Estado Judío", representa para su propio pueblo, a otros Judíos y a sus vecinos, es su búsqueda ideológicamente motivada de expansión territorial y la inevitable serie de guerras como resultado de estas intenciones. Mientras más Judío se vuelve Israel o, como uno dice en Hebreo, mientras más "retorna al Judaísmo" (un proceso que ha estado en curso en Israel, desde al menos 1967), más sus actuales políticas son guiadas por consideraciones ideológicas Judías y menos por consideraciones racionales. Mi uso del término "racional" no se refiere aquí a una evaluación moral de las políticas Israelíes, o a la supuesta defensa o necesidades de seguridad de Israel - y menos a las supuestas necesidades de "supervivencia Israelí". Me refiero aquí a las políticas imperiales Israelíes basadas en sus presuntos intereses. No importa cuan moralmente malas o políticamente repulsivas sean tales políticas, considero que la adopción de políticas basadas en la "ideología Judía", en todas sus diferentes versiones, como peores aún. La defensa ideológica de las políticas Israelíes están normalmente basadas en creencias religiosas Judías o, en el caso de los Judíos seculares, en los "derechos históricos" de los Judíos, que derivan de esas creencias y retienen el carácter dogmático de la fe religiosa.
Mi propia y temprana conversión política, de admirador de Ben Gurión a su dedicado opositor, comenzó exactamente con tal asunto. En 1956, ansiosamente tragué todas las razones políticas y militares de Ben Gurión, para el inicio Israelí de la Guerra del canal de Suez, hasta que él (a pesar de ser ateo, orgulloso de su desprecio por los mandamientos de la religión Judía) pronunció en el Knesset, al tercer día de aquella guerra, que la real razón para esto es "la restauración del reinado de David y Salomón" a sus fronteras Bíblicas. En este punto de su discurso, casi todos los miembros de Knesste espontáneamente se levantó y cantó el himno nacional Israelí. Que yo sepa, ningún político Sionista alguna vez a repudiado la idea de Ben Gurión, que las políticas Israelíes deben basarse (dentro de los límites de las consideraciones pragmáticas) en la restauración de las fronteras Bíblicas, como las fronteras del Estado Judío. En efecto, un análisis más cercano de las grandes estrategias y los actuales principios de la política exterior Israelíes, como son expresados en Hebreo, dejan en claro que la "ideología Judía", más que cualquier otro factor, es el que determina las actuales políticas Israelíes. El desprecio por el Judaísmo como realmente es y por la "ideología Judía", hace esas políticas incomprensibles para los observadores extranjeros, quienes generalmente no saben nada sobre el Judaísmo, excepto burdas apologías.
Déjenme dar una más reciente ilustración de la esencial diferencia que existe entre la planificación imperial Israelí del tipo más exagerado, pero secular, y los principios de la "ideología Judía". Esta última declara que la tierra que fue gobernada por algún rey Judío en tiempos antiguos o fue prometida por Dios para los Judíos, en la Biblia o - lo que actualmente es más importante políticamente - de acuerdo a la interpretación rabínica de la Biblia y el Talmud, debe pertenecer a Israel debido a que es un Estado Judío. Sin dudas muchas "palomas" Judías son de la opinión que tal conquista debe ser detenida por un tiempo, hasta que Israel sea más fuerte que ahora, o que habrá una, ojalá, "conquista pacífica", o sea que los gobernantes o pueblos Árabes sean "persuadidos" para ceder la tierra en cuestión, a cambio de beneficios que el Estado Judío les conferiría.
Un número de versiones discrepantes de las fronteras Bíblicas de la Tierra de Israel, que las autoridades rabínicas interpretan tan idealmente como pertenecientes al Estado Judío, está en circulación. Las más extremas entre ellas incluyen las siguientes áreas dentro de esas fronteras: en el sur, todo el Sinaí y una parte del norte de Egipto, cercano al Cairo; en el este, toda Jordania y una gran porción de Arabia Saudí, todo Kuwait y parte de Iraq, al sur del Eufrates; en el norte, todo el Líbano y toda la Siria, junto a una gran parte de Turquía (hasta el lago de Van); y en el oeste, Chipre. Un enorme cuerpo de investigaciones y elevada discusión basados en estas fronteras, englobando Atlas, libros, artículos y formas más populares de propaganda, está siendo publicada en Israel, a menudo con subsidios estatales, o en otras formas de respaldo. Ciertamente, el fallecido Kahane y sus seguidores, así como influyentes grupos como Gush Emunim, no solo desean la conquista de esos territorios por Israel, sino que lo califican como un acto divinamente mandado, seguros de su éxito debido a que será respaldado por Dios. En efecto, importantes figuras religiosas Judías consideran el rechazo Israelí para llevar a cabo una guerra santa, o incluso peor, la devolución de Sinaí a Egipto, como un pecado nacional que fue justamente castigado por Dios. Uno de los más influyentes rabinos de Gush Emunim, Dov Lior, el rabino de los asentamientos Judíos de Kiryat Arba y Hebrón, aseveró en repetidas oportunidades que el fracaso Israelí en la conquista del Líbano en 1982-5, fue un bien merecido castigo divino por su pecado de "entregar una parte de la Tierra de Israel", o sea Sinaí, a Egipto.
A pesar que he escogido un bastante extremo ejemplo de las fronteras Bíblicas de la Tierra de Israel que "pertenecen" al "Estado Judío", esas fronteras son bastante populares entre los círculos religioso-nacionales. Hay versiones menos extremas de las fronteras Bíblicas, a veces también llamadas "fronteras históricas". Sin embargo, debe ser enfatizado que dentro de Israel y la comunidad de sus seguidores Judíos de la diáspora, la validez del concepto de fronteras Bíblicas o fronteras históricas, como delineamiento de fronteras de la tierra que pertenece a los Judíos por derecho, no es negado en base de principios, excepto por la diminuta minoría que se opone al concepto de Estado Judío. Por otro lado, las objeciones a la realización de tales fronteras por medio de una guerra son puramente pragmáticas. Uno puede asegurar que Israel es hoy demasiado débil para conquistar todas las tierras que "pertenecen" a los Judíos, o que la pérdida de vidas Judías (¡pero no de vidas Árabes!) que vendrían con una guerra de conquista de tal magnitud, es más importante que la conquista de la tierra, pero en la normativa del Judaísmo uno no puede aseverar que "la Tierra de Israel", cuales sean sus fronteras, no "pertenecen" a todos los Judíos. En mayo de 1993, Ariel Sharon propuso formalmente en la Convención del Likud que Israel debía adoptar el concepto de "fronteras Bíblicas" como su política oficial. Hubieron bastante pocas objeciones a su propuesta, ni en el Likud ni fuera de él, y todas se circunscribieron al plano pragmático. Nadie siquiera le preguntó a Sharon donde exactamente están las fronteras Bíblicas que el estaba urgiendo que Israel debía lograr. Recordemos que entre aquellos que se llaman a si mismos Leninistas, no había dudas que la historia sigue los principios sentados por Marx y por Lenin. No es solo la creencia en si misma, aunque dogmática, sino el rechazo a que deba ser alguna vez puesta en duda, desechando toda discusión abierta, lo que crea una forma totalitaria de pensamiento. La sociedad Judía Israelí y los Judíos de la diáspora están llevando "vidas Judías" y encuadrados en organizaciones puramente Judías, se puede decir que hay allí una fuerte corriente de totalitarismo en su carácter.
Sin embargo, también se ha desarrollado una gran estrategia Israelí, no basada en las directrices de la "ideología Judía", pero basada sobre consideraciones puramente estratégicas e imperialistas, desde la creación del estado. Una autorizada y lúcida descripción de los principios que gobiernan tal estrategia fue dada por el General (de la Reserva) Shlomo Gazit, un antiguo Mayor de Inteligencia. De acuerdo a Gazit:
"La principal tarea de Israel no ha cambiado en absoluto (debido a la desaparición de la URSS) y permanece como de crucial importancia. La localización geográfica de Israel en el centro del medio Oriente Arábigo-Musulmán predestina a Israel a ser un devoto guardián de la estabilidad de todos los países que le rodean. Su (rol) es proteger a los regímenes existentes; prevenir o detener los procesos de radicalización, y bloquear la expansión del celo religioso fundamentalista.
Para este propósito Israel prevendrá que ocurran cambios más allá de las fronteras de Israel (los cuales) considerará como intolerables, hasta el punto de sentirse obligado usar todo su poder militar en beneficio de su prevención o erradicación".
En otras palabras, Israel apunta a imponer una hegemonía sobre otros estados del medio Oriente. No es necesario recordar, de acuerdo a Gazit, que Israel tiene una benevolente preocupación por la estabilidad de los regímenes Árabes. En el punto de vista de Gazit, al proteger los regímenes del medio Oriente, Israel ejecuta un servicio vital para "los avanzados estados industrializados, todos los cuales están absolutamente preocupados de garantizar la estabilidad del medio Oriente". Él argumenta que sin Israel, los actuales regímenes de la región habrían colapsado mucho tiempo atrás y que solo sobreviven debido a la amenaza Israelí. Aunque este punto de vista pueda parecer hipócrita, uno debe recordar que en tales contextos, la máxima de Rochefoucault que "la hipocresía es el impuesto que paga el mal a la virtud". La Redención de la Tierra es un intento de evadir pagar tal impuesto.
Ni hablar que también me opongo de raíz a las políticas no-ideológicas Israelíes, como tan lúcida y correctamente son explicadas por Gazit. Al mismo tiempo, reconozco que los peligros de las políticas de Ben Gurión, de Sharon, motivadas por la "ideología Judía", son mucho peores que las políticas meramente imperialistas, cuan criminales sean. El resultado de las políticas de otros regímenes ideológicamente motivados, apuntan a la misma dirección. La existencia de un importante componente de la política Israelí, que está basado en la "ideología Judía", hace este análisis políticamente imperativo. Esta ideología está, a su turno, basada en las actitudes del Judaísmo histórico hacia los no-Judíos, uno de los principales tópicos de este libro. Aquellas actitudes necesariamente influyen a muchos Judíos, consciente o inconscientemente. Nuestra tarea aquí es discutir el Judaísmo histórico en términos reales.
La influencia de la "ideología Judía" sobre tantos Judíos será más fuerte, mientras más escondida esté de la discusión pública. Tal discusión llevará, espero, a la gente a tomar la misma actitud hacia el chauvinismo Judío y el desprecio mostrado por tantos Judíos hacia los no-Judíos (lo que será documentado más adelante) como las comúnmente tomadas hacia el antisemitismo y todas las otras formas de xenofobia, chauvinismo y racismo. Se asume con justicia que la completa exposición, no solo del antisemitismo, sino también de sus raíces históricas, pueden ser la base de la lucha contra él. Así mismo, estoy asumiendo que solo la completa exposición del chauvinismo y fanatismo religioso Judío puede ser la base de lucha contra aquellos fenómenos. Esto es especialmente cierto hoy cuando, contrario a la situación prevaleciente 50 o 60 años atrás, la influencia del chauvinismo y fanatismo religioso Judío es mucho mayor que la del antisemitismo. Pero también hay otra importante consideración. Yo creo fuertemente que el antisemitismo y el chauvinismo Judío solo pueden ser combatidos simultáneamente.

 

¿Una Utopía cerrada?

 

Hasta que tales actitudes sean ampliamente adoptadas, el actual peligro de las políticas Israelíes basadas en la "ideología Judía" siguen siendo mayor que el peligro de las políticas basadas sobre consideraciones puramente estratégicas. La diferencia entre los dos tipos de políticas fueron muy bien expresadas por Hugh Trevor-Roper en su ensayo "Sir Thomas Moor and Utopia" en la cual él las denominó Platónicas y Maquiavélicas:
"Maquiavelo al menos pidió disculpas por los métodos que él pensaba eran necesarios en política. Él lamentó la necesidad de la fuerza y el fraude, y no los llamó por ningún otro nombre. Pero Platón y Moore los santificaron, teniendo en cuenta que eran usados para sostener sus propias repúblicas Utópicas". De un modo similar, los verdaderos creyentes en aquella Utopía llamada el "Estado Judío", que luchará para lograr las "fronteras Bíblicas", son más peligrosos que los grandes estrategas del tipo de Gazit, debido a que sus políticas están siendo santificadas por el uso de la religión o, pero, por el uso de principios religiosos secularizados que retienen absoluta validez. Mientars Gazit, por lo menos ve un necesidad de argüir que el dictado Israelí beneficia a los regímenes Árabes, Ben Gurión no pretendía que el restablecimiento del reinado de David y Salomón beneficiara a nadie más que al Estado Judío.
El uso de conceptos Platónicos para analizar las políticas Israelíes basadas en la "ideología Judía" no debiera parecer extraño. Fue notado por muchos estudiosos, de quienes el más importante era Moses Hadas, que declaró que los cimientos del "Judaísmo clásico", o sea, el Judaísmo como fue establecido por los sabios talmúdicos, están basados sobre influencias Platónicas y especialmente en la imagen de Esparta, como aparece en Platón. De acuerdo a Hadas, un carácter crucial del sistema político Platónico, adoptado por el Judaísmo en épocas tan tempranas como el período Macabbí (142-63 A.C.), fue "que cada fase del la conducta humana esté sujeta a sanciones religiosas, que en efecto serán manipuladas por el gobernante". No puede haber mejor definición del "Judaísmo clásico" y de los modos en que los rabinos lo manipularon en esta definición Platónica. En particular, Hadas asevera que el Judaísmo adoptó lo que "el mismo Platón resumió como los objetivos de su programa", en el siguiente y bastante conocido pasaje:
"Lo principal es que nadie, ni hombre ni mujer, deba nunca estar sin un oficial sobre él, y que nadie deba tener el hábito mental de tomar ningún paso, ni en serio ni en broma, por propia responsabilidad. En la paz como en la guerra, él debe vivir siempre con sus ojos sobre su oficial superior... En una palabra, él debe entrenar su mente para ni siquiera considerar actuar como un individuo o saber como hacerlo." (Leyes, 942ab)
Si la palabra "rabino" substituye a "un oficial" tendremos la perfecta imagen del Judaísmo clásico. Este último aún influencia profundamente la sociedad Judía Israelí y determina en mucho grado las políticas Israelíes.
Fue el pasaje anteriormente citado el que fue escogido por Karl Popper en "La Sociedad Abierta y Sus Enemigos", para describir la esencia de una "sociedad cerrada". El Judaísmo histórico y sus dos sucesores, la Ortodoxia Judía y el Sionismo, son ambos enemigos jurados del concepto de sociedad abierta aplicado a Israel. Un estado Judío, esté basado en su actual ideología Judía o, si se vuelve mucho más Judío en carácter de lo que es ahora, en los principios de la Ortodoxia Judía, nunca puede contener una sociedad abierta. Hay dos opciones que enfrenta la sociedad Judía Israelí. Puede transformarse en un bélico y completamente hermético ghetto, una Esparta Judía, apoyada por la labor de los Ilotas Árabes, mantenida viva por su influencia sobre el establishment político de EE.UU. y por la amenaza de utilizar su poder nuclear, o puede tratar de transformarse en una sociedad abierta. La segunda opción depende de un honesto examen de su pasado Judío, o en la admisión que el chauvinismo y el exclusivismo Judío existen, y en un honesto examen de las actitudes del Judaísmo hacia los no-Judíos.

 

18de Marzo de 2003