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Crisis
social en Israel
Las hostilidades entre palestinos e israelíes
han dominado los titulares de la prensa internacional en los últimos
meses. Sin embargo, la explosiva situación social dentro de
Israel ha tendido a pasar desapercibida, pese a su gravedad. El informe sobre la pobreza en 1999, realizado
por el gobierno israelí, pinta un panorama alarmista de una
sociedad desigual fragmentada. La pobreza está creciendo a un
ritmo alarmante, tanto en lo que se refiere al número de personas
afectadas como un aspecto cualitativo. La situación es
especialmente crítica en lo que se refiere a los
palestinos (árabes israelíes),
inmigrantes, desempleados y pensionistas. La desigualdad entre
ricos y pobres en Israel es de las mayores del mundo. Se considera
que uno de cada cuatro israelíes vive bajo el umbral de la
pobreza y uno de cada tres niños vive en el seno de una familia
pobre. El número de pobres aumentó en casi un I0%
en 1999 con respecto al año anterior (un 16% en el caso de la
población infantil). Se calcula hoy que 1.134.000 israelíes
(510.000 de ellos, niños) viven bajo el umbral de la pobreza, lo
cual ha acabado con el mito, difundido por la propaganda sionista,
de que Israel "país de las oportunidades". El informe, publicado por el Instituto Nacional de Seguros y el Ministerio Trabajo y Asuntos Sociales de Israel, subraya la desesperada situación de los pobres, cuyos ingresos, por término medio, son un 25% menores de la cantidad considerada como límite de la pobreza. La cuarta parte de las familias monoparentales y de los pensionistas obtienen también salarios o rentas que les sitúan por debajo de este límite. Un caso que hay que citar especialmente es el
de los árabes israelíes, que sufren, también en este terreno,
una situación de discriminación. Aunque constituyen el 20% de la
población, ellos representan un tercio del total de pobres del país,
es decir, unas 400.000 personas. Jerusalén es la ciudad que alberga a la mayor
cantidad de pobres dentro de Israel. Luego viene, Bnei Brak,
localidad que tiene una elevada proporción de población
ultraortodoxa. Hay que citar, a continuación, a Ashdod, una
ciudad‑puerto, en la que residen numerosos inmigrantes, y
Mizrahi, poblada sobre todo por judíos de origen asiático y
norteafricano. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales,
Rahan Cohen, ha admitido que "la pobreza no es un fenómeno
que se limite sólo a los marginados de la sociedad. También
prevalece entre amplios sectores de la población y afecta al
propio carácter de la sociedad de Israel". Hay que añadir
que la pobreza no golpea sólo a los desempleados, sino también a
muchos de los que trabajan. Casi el 40% de las 308.000 familias
que viven bajo el umbral de la pobreza (unas 117.000 en total)
cuenta con un cabeza de familia adulto que tiene un empleo, lo
cual viene a ratificar el bajo nivel de los salarios en Israel.
Esto ha conducido a la división de los trabajadores en dos
sectores: un segmento minoritario, que opera en campos
relacionados con la alta tecnología. la electrónica, la defensa
y los productos farmacéuticos, y otro segmento, mayoritario,
integrado por trabajadores de baja formación que desempeñan
puestos de trabajo mal remunerados. Rahan Cohen añade: "Hemos ignorado y
dejado atrás a un amplio sector de la población. La posibilidad
de que estas personas puedan escapar del ciclo de la pobreza es
muy remota". Abraham Birnoam, presidente de la asociación de
minoristas, señala, por su parte, que unos 30.000 pequeños
comerciantes se han unido recientemente a las filas de los que
viven por debajo del umbral de la pobreza. Esta crisis afecta ya a las llamadas
"ciudades de desarrollo". Un reciente informe del Centro
Adva señala que en 1995 el 44% de los trabajadores que residían
en dichas ciudades recibían un salario menor o equivalente al mínimo
legal establecido. Según el Instituto Nacional de Seguros, dos
tercios de los perceptores de salarios en Israel reciben un
salario menor al de la media nacional, y otro 10% gana justamente
el equivalente a dicha media. Menos del 25% de los trabajadores
llegan a superar ésta. Ello implica un severo desequilibrio y la
agudización de las diferencias sociales. Aunque el gasto público
en ayudas sociales creció desde un 18,7%, en 1980, al 22,8%, en
1998, este hecho no se ha notado debido, sobre todo, al
crecimiento demográfico. Estas ayudas sociales beneficiaron en
1999 al 44% de las familias que se hallaban por debajo del nivel
de pobreza, frente al 46,6% del año anterior. El vacío dejado por el Estado ha incrementado
el papel de los partidos ultraortodoxos que han creado redes de
ayuda social, lo cual ha hecho que su influencia se extienda en el
seno de la sociedad israelí. Los bajos salarios han alimentado
también al ejército de colonos en los asentamientos judíos de
los territorios ocupados. Los sucesivos gobiernos israelíes han
ofrecido incentivos económicos para que los israelíes se
instalen en dichos asentamientos. Una encuesta realizada en mayo
de 1999, señalaba que el número de judíos que se habían
trasladado a los territorios ocupados por razones "no ideológicas",
tales como una vivienda barata y sustanciales rebajas de
impuestos, era de un 53%. Casi el 34% de ellos afirmaba que estarían
dispuestos a irse de tales asentamientos en caso de recibir una
"compensación razonable". Por muy malas que sean todas estas cifras,
ellas son sólo una muestra de la realidad. Israel tiene una de
las mayores proporciones de trabajadores inmigrantes del mundo.
Existen unos 80.000 trabajadores extranjeros documentados en un país
que cuenta con seis millones de habitantes. A ellos hay que sumar
muchas decenas de miles de trabajadores indocumentados, que
trabajan para centenares de empresas de la rama de la construcción
o la atención social, y perciben salarios muy por debajo del mínimo
legal. Estos trabajadores no tienen derechos civiles ni laborales.
Las normas básicas sanitarias y de seguridad son ignoradas. Los salarios que reciben los trabajadores que realizan funciones de
atención social a los ancianos son tan bajos que existen, por
ejemplo, grandes cantidades de filipinos empleados no sólo en
enclaves ricos como los de Herzlicha Pituah, sino también en
otros mucho más modestos. Los que operan en este sector suman
aproximadamente la cuarta parte del total de trabajadores
extranjeros documentados que hay en el país. Unos 6.000 de ellos
han perdido sus empleos debido a las pésimas condiciones
laborales y se han convertido en trabajadores indocumentados. Otra de las características de la sociedad
israelí es el boom de la industria del sexo. Baste decir que una
guía turística de Tel Aviv dedica dos de sus 16 páginas a
servicios de tipo sexual. El
impacto social del proceso de paz
Uno de los principales fines, desde el punto
de vista israelí, de las negociaciones de paz ha sido el de
integrar a Israel en la economía regional, de la que ha estado
excluido desde su creación. El capital israelí no ha logrado, hasta la
fecha, acceder a los mercados árabe. donde obtendría no sólo un
mercado par a sus productos sino también mano de obra barata.
Esto último ha hecho que muchos trabajadores israelíes adopten
posturas proteccionistas y consideren que un acuerdo de paz con
los árabes seria lesivo para sus intereses. De hecho, desde los
acuerdo,, de paz de Oslo en 1993 y el subsiguiente acuerdo de paz
con Jordania en 1994, muchas empresas israelíes han cerrado sus
instalaciones en las ciudades israelíes y las han trasladado a
territorio jordano o egipcio. Muchos trabajos y obras son también
subcontratados con palestinos que viven en los territorios
ocupados. Este movimiento de empresas se ha dado
especialmente en el sector textil. Durante los años 1998 y 1999,
los israelíes abrieron 30 fábricas en Jordania que emplean a
6.000 trabajadores jordanos, y otras 4 en Egipto, que dan trabajo
a 3.000 operarios egipcios. Israel ha firmado también un
protocolo que permite el empleo de 200 jordanos en el puerto de
Eilat, en el Mar Rojo. Todo ello muestra que Israel persigue la
integración de las economías israelí y jordana. Los más perjudicados por todo esto han sido
los palestinos (árabes israelíes) y los drusos. Una encuesta sobre el empleo
elaborada ;por el gobierno israelí muestra que entre las 24
ciudades más castigadas por el de, empleo, 19 son localidades
habitadas mayoritariamente por miembros de alguna de estas dos
minorías no judías. Hace dos meses, por citar un ejemplo, la
empresa textil Kitan anunció el cierre de su fábrica en la
localidad drusa de Yikar, en Galilea, lo cual supuso la pérdida
de 100 empleos en dicha ciudad. Hace tres años la empresa tenía
en plantilla a unos 300 trabajadores La
desilusión de los judíos rusos
Durante muchos años ideología sionista
cultivó la imagen del ashkenazi, un israelí blanco de origen
europeo‑oriental, como prototipo del israelí medio. Esto
condujo a una discriminación dentro de la sociedad israelí hacia
los judíos procedentes de países de Asia o el norte de África.
Estos judíos sufrieron la discriminación en diversos campos: la
educación, los servicios públicos, el mercado de trabajo e incluso
el Ejército. Los gobernantes israelíes tuvieron otra ocasión
de demostrar el carácter racista del Estado de Israel cuando a
principios de los años noventa se produjo la gran inmigración de
judíos rusos. En realidad la mayoría de aquellos inmigrantes
llegaron a Israel no por razones ideológicas, sino porque sus vidas
habían quedado destruidas como consecuencia del colapso de la Unión
Soviética y la subsiguiente crisis económica y social que se
extendió por los territorios de la que un día fue la segunda
superpotencia mundial. La propaganda sionista en Rusia fue llevada a
cabo por la Agencia Judía (Sochnut), que presentaba a Israel como
un país "rico y democrático", un "hogar para todos
los judíos", y una "tierra de oportunidades". Esto
empujó a unos 800.000 rusos, judíos reales o camuflados, a emigrar
a Israel. En la actualidad uno de cada ocho israelíes es un
inmigrante ruso. Se calcula que quedan otros 500.000 judíos en
Rusia y 310.000 más en Ucrania. Sin embargo, estos recién llegados
encontraron un panorama bastante diferente al que habían supuesto.
Hasta hoy en día, miles de estas personas no han encontrado una
vivienda y continúan albergados en viejas pensiones o caravanas.
También descubrieron que la sanidad y la educación que existían
en la URSS eran mucho mejores que las de Israel. Aquellos que
creyeron que el Estado sionista tenía "algunos elementos de un
sistema socialista" encontraron, sin embargo, en Israel todos
los elementos del capitalismo más feroz. De hecho, una pequeña
oligarquía del norte de Tel Aviv controla la mayor parte de la
economía y los medios de comunicación de Israel. La mayoría de los judíos rusos no hallaron
un trabajo, y, hoy en día, constituyen el mayor segmento de población
desempleada que existe en el Estado judío. Incluso aquellos que
encontraron un empleo, no lo hicieron en la profesión para la que
se habían preparado en la URSS. Actualmente podemos ver a antiguos
ingenieros, médicos o incluso científicos trabajar en empleos mal
pagados en fábricas o sirviendo como camareros. Una encuesta del
Centro Adva, un instituto de investigación dedicado a temas
sociales, muestra también que el 70% de las prostitutas israelíes
son inmigrantes rusas. El empleo no es, sin embargo, el único
problema de los inmigrantes de Rusia (los rusos, como los llaman en
Israel). Muchos inmigrantes que llegaron a Israel procedentes de la
secularizada sociedad soviética se encontraron con que las
autoridades religiosas judías tenían el poder de controlar cada mínimo
aspecto de su vida algo que no todos aceptaron de buen grado. Los medios de comunicación israelíes, por su
parte, iniciaron una campaña informativa en contra de los
inmigrantes rusos. Algunos periódicos se llenaron de titulares
como: "La mitad de ellos son agentes del KGB, otra parte son
miembros de la mafia rusa y el resto son prostitutas",
"todos nuestros problemas son culpa de los rusos" y otros
por el estilo. La prensa acusó también al gobierno de destinar los
fondos de ayuda social, incluyendo aquellos que iban dirigidos a
familias pobres o a desempleados, a los inmigrantes rusos, lo cual
creó un mayor resentimiento contra ellos en la sociedad israelí,
incluyendo los ashkenazis. Se produjeron ataques racistas contra
estos inmigrantes. Todo ello empujó a muchos inmigrantes judíos
rusos a volver a Rusia para solicitar allí un visado para EEUU u
otros países como Australia o Canadá. Los líderes judíos
sionistas estadounidenses, entre ellos el presidente del Movimiento
Sionista Americano, Seymour Reich, levantaron entonces la voz de
alarma y presionaron al Congreso de EEUU para que redujera la cuota
de entrada de judíos rusos en el país, en orden a cerrarles
cualquier salida, excepto la de emigrar a Israel. Esta actitud ha
sido denunciada, entre otros, por Inna Arolovich, presidenta de la
Asociación Americana de Judíos Rusos, quien acusó a Reich de
"seguir los dictados del gobierno israeli". Curiosamente, el establishment israelí se vio
favorecido en su política discriminatoria hacia los inmigrantes
rusos por los propios líderes de esta comunidad. La mayoría de
ellos fueron calificados en su día por la prensa occidental de
disidentes que luchaban "por el derecho de los judíos" a
emigrar de la URSS. Sin embargo, su actuación en Israel muestra que
no eran los genuinos defensores de los derechos humanos que pretendían
ser. Muchos de estos líderes se han afiliado a organizaciones
abiertamente racistas y mantienen estrechos vínculos con los
colonos y la ultraderecha israelí. En 1996 el famoso disidente soviético Anatoly
(Natan) Sheranski fundó un partido de inmigrantes rusos, el Israel
bi Aliy. En el anterior gobierno de Barak, Sheranski ocupó el
puesto de ministro de Interior. En este cargo, sin embargo, no se
reveló precisamente como un "defensor de los derechos
humanos". Él no hizo nada para cambiar las condiciones de
semiesclavitud de los trabajadores extranjeros. Tampoco tomó
ninguna medida para satisfacer a sus propios electores, los
inmigrantes rusos. Al mismo tiempo, se opuso tenazmente a cualquier
acuerdo con los palestinos o los sirios. Como resultado, la mayoría de los inmigrantes rusos se han visto decepcionados con el sistema político de Israel. Otros inmigrantes han optado por apoyar a partidos de la extrema derecha que abogan por la guerra contra los árabes y por una mayor militarización de la sociedad israelí . Revista Amanecer nº de Abril 2001
Intifada hasta la victoria
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