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Ali Abunimah
Vicepresidente de la Red de Acción Árabe—Estadounidense y conocido análisis de los medios, Abunimah escribe regularmente cartas públicas a los periódicos, coordina campañas, y aparece en varios programas noticiosos internacionales como comentarista sobre el conflicto israelí—palestino. Es uno de los fundadores de la Electronic Intifada. Este artículo apareció primero en The Jordan Times el 19 de julio de 2001. La prensa israelí de estos días está repleta de artículos y comentarios sugiriendo que Ariel Sharon está preparando la guerra total. Por un lado, el teatro cosmético de circunspección de Sharon puede ser simplemente un esfuerzo por asegurarse de que cuando decida lanzar su guerra, pueda argumentar que no le quedaba otra posibilidad y que fue en última instancia, mientras que, por otro lado, las crecientes atrocidades contra los palestinos, incluyendo las demoliciones en masa, las ejecuciones, raptos y atentados con coches bomba, pueden ser un esfuerzo para provocar una reacción palestina que pueda ser utilizada como justificación para cualquier plan bélico. Israel estaba a punto de lanzar un enorme ataque militar en los territorios ocupados, horas después del atentado a la bomba del 2 de junio en Tel Aviv en el que murieron 21 israelíes, pero el ataque fue impedido porque el Presidente de la OLP Yasir Arafat anunció que aceptaba un alto el fuego, según un oficial militar israelí anónimo, citado por Associated Press el 12 de julio. La historia de Sharon desde 1950, pasando por la guerra del Líbano y hasta la actualidad, no deja dudas que es capaz de las acciones más insensatas y sangrientas y que está impaciente por realizarlas. En lugar de estar rodeado por voces que aconsejen moderación y compostura, Sharon enfrenta crecientes llamados a la guerra de su base electoral, y el Jefe del Estado Mayor del ejército israelí, Shaul Mofaz, ha hecho comentarios en los recientes meses, que sugieren que tampoco se opondría a ulteriores escaladas de la agresión israelí. Con estos signos de advertencia en el aire, la posibilidad de que Israel elija lanzar una guerra total contra los palestinos no puede ser excluida. Ésta podría tomar la forma de una operación limitada para destruir la Autoridad Nacional Palestina, o incluso del comienzo de una guerra regional más amplia, involucrando a países vecinos, bajo la cobertura de la cual Israel podría tratar de expulsar a una gran cantidad de palestinos y así esperar evitar por algún tiempo su eventual e inevitable retiro de los territorios ocupados. También está claro que cualquier aventura militar que resulte en que las tropas israelíes vuelvan permanentemente a las calles y callejones de las ciudades y campos de refugiados palestinos en la llamada Área A, sería casi imposible de mantener para Israel. El vencedor o perdedor de toda guerra entre el ejército israelí y el pueblo palestino no será determinado por la fuerza militar (desde ese punto de vista Israel será siempre el vencedor), sino por la capacidad de cada lado de resistir a largo plazo las víctimas y el dolor. Una guerra causa un costo enorme a cualquier sociedad, sobre todo y en primer lugar, desde el punto de vista humano, pero también económico. Israel es extremadamente sensible a las bajas humanas, y difícilmente puede tolerar la pérdida de soldados. Fue esta debilidad la que llevó al colapso de su ocupación del sur del Líbano. Los palestinos son capaces de soportar un nivel más elevado de bajas, no porque, como pretende la incitación racista del gobierno israelí, los palestinos aprecien menos la vida, sino porque los palestinos tienen más en juego. Los palestinos están resistiendo la ocupación y luchando por sobrevivir contra un poder insaciable que está decidido a arrebatarles lo poco de su país que les queda. La mayor parte de los israelíes saben, por otro lado, que sus soldados no están muriendo para asegurar la supervivencia de Israel, una potencia económica erizada de las armas más fantásticas y mortíferas, sino sólo por asegurar la existencia de colonias pobladas por una minoría de colonos fanáticos. En breve, los palestinos están luchando por la libertad, los israelíes por un imperio. Israel, un país altamente industrializado, con una población relativamente pequeña y un ejército basado en reservistas, no puede conducir una guerra prolongada. La movilización de las reservas aparta a los mejores y más capaces de la economía y los desvía hacia actividades militares económicamente improductivas. Israel simplemente no puede alinear las decenas de miles de soldados que necesita para tratar de controlar cada calle y aldea en los territorios ocupados durante un período extenso. La economía israelí ya ha sufrido profundamente como resultado de la Intifada, y una prolongada movilización de reservas le daría un golpe mortal. Por este motivo, los planificadores militares israelíes han tratado siempre de limitar las guerras a unos pocos días y de lanzarlas en el momento que consideran más oportuno. Los palestinos, por otro lado, tienen poco que perder en el frente económico. Su economía relativamente minúscula ya ha sido paralizada por el cerco y el castigo colectivo israelíes, y han aprendido a resistir extremas penurias por la causa de la libertad. Israel tuvo siempre conciencia de estos costos: su entrada en el proceso de Oslo no fue un intento de terminar con la ocupación y asegurar la paz, sino que sólo un cambio de cálculo, y el intento de hacer que la ocupación fuera menos costosa y arriesgada. Al sacar las tropas israelíes de los centros de las ciudades y sitiarlas desde la periferia, Israel no renunció en nada a su control sobre la vida palestino, sino que redujo la cantidad de soldados requeridos para controlar los territorios ocupados y la cantidad de puntos en los cuales israelíes pudieran ser vulnerables a la resistencia palestina. Así, en contraste con la primera Intifada, en la que cada calle o callejón era un campo potencial de confrontación, los choques en la nueva Intifada se reducen a unas pocas intersecciones mayores y puntos de control. Por malas que Sharon piense que están las cosas en la actualidad, debe saber que volver a una situación en la que cada soldado en cada calle es un objetivo, esta vez no para piedras sino que para balas, no es algo que aunque a él pueda no importarle, el público israelí pudiera aceptar o resistir durante mucho tiempo. Si el ejército israelí vuelve a los campos de refugiados, puede contar con la pérdida diaria de soldados. Tal vez a causa de las limitadas oportunidad de enfrentar a las tropas de ocupación, los combatientes de la resistencia palestina han elegido atacar a colonos y a soldados cuando viajan por las carreteras de Cisjordania y Gaza. El ejército israelí no tiene una respuesta para esto, y, en reacción a varios ataques recientes contra coches de colonos, ha recurrido a la táctica fracasada de Barak de bombardear las comisarías de la policía palestina. En el sur del Líbano, Hizbollah llegó a tanta maestría en la colocación de bombas al borde de las carreteras, que Israel retiró sus tropas a posiciones fijas, basándose en la teoría de que cientos de millas de carretera son mucho más difíciles de proteger que unos pocos búnkeres. Pero el retiro a posiciones fijas sólo convirtió a los israelíes en blancos seguros y aceleró el colapso de la ocupación. Durante los años de Oslo, Israel realizó una gran expansión de sus carreteras y asentamientos en los territorios ocupados, en la falsa creencia de que bajo el disfraz del proceso de paz patrocinado por EE.UU., se saldrían con la suya con un robo histórico. Pero lo que han logrado es aumentar ampliamente su exposición. El pueblo palestino ha dejado bien en claro que resistirá la ocupación hasta que termine por completo, y está aprendiendo cada día más sobre las vulnerabilidades del ocupante. Incluso Sharon tendrá que detenerse a pensar antes de hacer algo todavía más estúpido que lo que ha hecho hasta ahora. 27de julio2001
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