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TIERRA
SIN LEY
Andrés
Gidi.
Ayer desperté demasiado sobresaltado. Había soñado que en alguna parte
del mundo existía una tierra sin ley.
Una especie de niño burbuja dentro de esta aldea globalizada. Un espacio
demasiado particular.
Una tierra donde los niños debían abandonar las escuelas para defender
dentro de sus inocentes posibilidades lo que naturalmente les pertenecía.
Donde un menor de 10 años lanzando una piedra contra un F-16 era
considerado como un acto terrorista imperdonable y los asesinatos de
recién nacidos no eran más que lamentables accidentes cometidos en pos
de que el fin justifica los medios. Donde parte de la vida de los pequeños
estudiantes consistía en ver morir a un compañero de curso, que ni
siquiera podía pronunciar de corrido la palabra guerra, a sus padres o a
sus abuelos.
Un espacio donde la justicia no existía. Donde el crimen cometido por un
individuo, se le achacaba a un líder político cualquiera, que sin un
debido proceso, era sentenciado a muerte en cuestión de minutos y con él
todos los miembros de su familia. Donde las resoluciones eran ejecutadas
por un deshumanizado ejercito, que recibía ordenes de la máxima
autoridad, pero que según el resto del mundo no constituía de manera
alguna Terrorismo de Estado.
Una parte de la aldea donde el Derecho Internacional no tenía cabida.
Donde los acuerdos escritos en el papel, eran borrados con balas. Donde un
Lunes se
acordaba terminar con los asentamientos y el Miércoles se iniciaba la
construcción de seis nuevas colonias y nadie hacía nada. Donde Amnistía
Internacional y Human Right Watch se hacían los ciegos, sordos y mudos.
Donde quien supuestamente había cometido crímenes de lesa humanidad era
llamado Primer Ministro y se le rendían honores. Donde la Vida era un
bien transable y desechable.
Tierra donde había ciudadanos de primera y de segunda clase, pero que por
favor, no se fuese a confundir con racismo. Donde las antiguas víctimas
usufructuaban del dolor de sus antepasados para volver la lástima del
mundo en su favor. Donde los descendientes de los muertos cometían
similares barbaridades que las cometidas en contra de sus ascendientes,
como el niño
golpeado que siendo padre golpea a sus hijos.
Un lugar en el mundo donde reinaba la desesperanza. Donde los comunes
denominadores eran la pobreza, la cesantía, el abuso y la muerte. Era
como una ciudad entera tras las rejas, donde ninguno de sus ciudadanos
conocía el crimen que supuestamente había cometido.
Donde sólo quedaba luchar hasta las últimas consecuencias, incluso dando
la vida por dejar algo de esta tierra a las generaciones venideras.
Menos mal que desperté y no era más que una maldita pesadilla. Que
lugares como esos no existen en el mundo.
Menos mal, porque de sólo pensar en algo así me dieron ganas de llorar.
29
de Octubre de 2001
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