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LOS MÁRTIRES DE JENÍN (A todos los hermanos que se durmieron bajo las garras de las bestias sionistas en los campos de refugiados de Jenín y Nablus, durante la resistencia de Abril del 2002. A todos los mártires de la Intifada de Al Aqsa, con todo el amor y la devoción de un hermano). Mauricio Labarca Abdala
Derrumbaron las casas y mi gente estaba dentro; cayeron todos los que no se postraron de rodillas; la prepotencia de sus tanques devastó el lugar, las tropas se dieron un baño de sangre y hasta se marcharon felices, cantando; lo destruyeron todo, cavaron fosas enormes y amontonaron los cuerpos, bajo los escombros los alaridos entonaban su canción de despedida, los cuerpos pudriéndose, aplastados, lloraban bajo el vómito invasor; destruyeron todo; eso saben hacerlo bien, asesinos por deporte o por orden del señor emperador, la historia no hará diferencias; lo destruyeron todo... menos la dignidad de un pueblo y el sabor de la libertad que aún mastica mi gente; aquello sigue vivo en los corazones de las ciudades ultrajadas y late cada vez con más fuerza por todos los rincones del alba; cuando los mísiles caen sobre las casas, como el buitre sobre la rapiña; cuando las ráfagas destrozan los cuerpos de los niños que hacen frente a manos limpias; cuando la prensa cómplice esconde la sangre de sus portadas y páginas centrales; cuando los gobiernos observan y callan, desde sus cómodos sillones, entre banquetes y galas; cuando los tronos árabes dan vuelta la espalda amordazados por los dólares americanos... su mugroso petróleo también contiene sangre Palestina. Cayeron miles en las calles de Jenín y bajo los escombros de las casas otros cientos se durmieron deshechos, de la ciudad quedaron sólo ruinas y putrefacción, mas la dignidad, intacta, todavía respira, aún más: creció y creció; los anhelos de libertad son más profundos que ayer; cayeron miles en Jenín, resistiendo al gigante judío, luchando sin rendición ni descanso y por alimento, el barro; cayeron miles en Jenín, apostaría a que no lo dijo el noticiario; gargantas de libertad que murieron luchando, apostaría a que no lo harían tus soldados; fueron enormes por un segundo y así habré de recordarlos; ¿cuántas ciudades más? ¿y cuántos campos de refugiados? las masacres son su deporte nacional, hace años que está claro, pero no se saldrán con la suya, de aquí no nos marchamos, enfrentando a la muerte, tomados todos de las manos, somos miles ¡escucha! están aquí tus hermanos, los que cayeron en Jenín, en Nablus y hace tanto, nadie se ha ido de esta tierra, nadie la abandonó lloriqueando; aquí hay un pueblo vivo que sigue batallando, cultivando el olivo, la higuera y el naranjo. Destruyeron las ciudades y echaron las casas abajo luego se marcharon celebrando, Oh, sí: la sangre trae más sangre y los alaridos el canto; la única paz para ellos es que nos vayamos aterrados, que entreguemos la tierra y nunca más volvamos; esta vez será distinto, enemigo de mi pueblo, en esta tierra hemos nacido y sólo nos iremos de ella muertos. Algo se escucha a lo lejos, son sonidos que trae el viento, son tus ráfagas de muerte nublando el cielo de los pueblos; es tu paz de artillería la última oferta, la voz del ultimátum. En Jenín se escucharon gritos de libertad que hasta hoy siguen sonando, son las mortajas de los libres, aún se hallan caminando. Grabado en la memoria de todo un pueblo quedará vuestro martirio, el gesto heroico de los hermanos que partieron; grabado con sangre, en el recuerdo, el rugido de las fieras agrupadas como ejército; la historia da muchas vueltas, es peligroso ser incauto. Palestina resiste y no puedes evitarlo, la fuerza bruta, en este caso, sólo despierta a los durmientes, los hace gigantes y fuertes, tú sólo mira en Jenín y los podrás ver caminando. Santiago de Chile Abril 2002
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