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EL GUARDIÁN DE LOS TIEMPOS SIN NOMBRE
Mauricio Labarca Abdala El guardián de turno emerge de la mueca de los tiempos, se ubica en su sitial de hierro, ya dispuesto desde siempre, escucha atento la prédica del pastor y vuelve a sonreír junto a los suyos, despierta de la antigua ensoñación entre cadáveres y arsenales de guerra, ambos compañeros de su necesaria labor, en realidad lo único realmente suyo. Su coqueteo con la muerte se hace evidente, él la seduce y la engaña, le promete amor y fidelidad, mas sólo la invoca cuando le parece que ya es hora, cuando las cosas salieron de su cauce, entonces la invita al festín y le otorga el placer de los sueños circulares, eternos, no por amor, no por entrega, tal vez por gusto, pero sin duda por necesidad, los altos fines que lo encaminan como guardián de los tiempos son quienes dictan sentencia en realidad, el custodio de lo impuesto por los señores no decide nada en este juego, las reglas las impusieron otros, el premio lo obtienen otros, fastuoso botín del gran robo, él no gana ni pierde, sólo es un bufón más que decora la gala, sólo una pieza del tablero que mueven ellos, sólo el perro guardián de los fabricantes de sueños sintéticos que lo alimentan y engañan con una parte de la producción, espacios en el tablero que nunca tendrá, fragmentos de un tiempo que lo sedujo y lo ató al vaivén de las piezas de la máquina. El guardián acude al sonar de los timbres, las campanas y chasquidos, es un perro fiel y bien amaestrado, sabe morder cuando sus amos se lo ordenan, es letal con quienes piensan que la rueda pudiese girar en otro sentido, la libertad le aterra, apenas la presiente se larga a ladrar tras las rejas que custodia. Es un perro fiel, sí, no cabe duda, estará siempre ahí, afilando sus colmillos, presto a defenderlos a ellos, los pastores del rebaño y no tolerará insolencias ni blasfemias, el perro guardián con rostro humano, devorará la carne de los hombres que se aparten del rebaño, el ovejero de los tiempos sin nombre, siempre ahí, bien lo sabemos, creyendo ser grande como todo buen títere que sueña con la gloria, el guardián de los sueños sintéticos, uno más de los tristes despojos que esperan su turno en la fila de pagos buscando un buen hueso que roer, se postra ante el vacío creyendo ver un reino y sonríe dichoso de cumplir su misión, es un perro fiel, ¿qué duda cabe? Santiago de Chile, Abril 2002
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